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Escenarios: Campanas rojas al vuelo

LUIS_VELAZQUEZ

•Perdió PRI sus bastiones
•Abstencionismo ganador

Luis Velázquez
07 de junio de 2017

Uno. Campanas rojas al vuelo

Unas elites priistas han lanzado “las campanas al vuelo”. Según ellos, les fue bien en la elección de presidentes municipales en Veracruz. Claro, en alianza con el PVEM ganaron 36 alcaldías. Pero, ojo, el PRI, solito, sin muletas, perdió en 32 de 35 municipios de los únicos en donde se atrevió, digamos, a nominar candidatos.
Ganó en Comapa, con una mujer. María del Carmen Cantón.
Ganó en Tepatlaxco, con otra mujer. Luz del Carmen Hernández.
Ganó en Jilotepec, con un hombre, Sergio Fernández Lara.
En contraparte, el PVEM, solito con sus candidatos, sin alianza con el PRI, ganó cuatro alcaldías.
Cierto, PRI y PVEM son lo mismo. Y ahora, juntos, enfrentaron la peor derrota de su historia. De 212 alcaldías en disputa, sólo 36 ganadas.
Por eso mismo, las cúpulas dieron la pelea estelar por las regidurías. La primera, la segunda y la tercera, cuando mucho, tal cual.
Según el politólogo Ramón Benítez, al partido rojo le fue bien.
En alianza con el PVE obtuvo 577 mil 727 votos en las urnas frente, digamos, a los 556 mil 875 de MORENA (99.99 % de las actas computadas) que por vez primera contendió en el territorio jarocho y ganó un total de 17 presidencias municipales, entre ellas, el eje petrolero, Coatzacoalcos, Minatitlán y Poza Rica, y Xalapa, la capital, la segunda joya de la corona luego de Veracruz, y/o la primera, por tratarse de la sede de los tres poderes.
Pero ante la coalición PAN-PRD, el PRI quedó descalabrado. PAN, 780 mil 906 votos. PRD, 269 mil 307 (con el 99.99 % de las actas capturadas).
Claro.
Pero si vamos a la realidad real, y según “el cristal con que se mire”, el hecho de que el PRI, solito, haya perdido en 32 (de 35) municipios, y lo más indicativo, rurales, mejor dicho, indígenas, su antiguo bastión, el bastión desde que el tricolor fue creado por Plutarco Elías Calles, es suficiente para “poner las barbas a remojar”.

Dos. Atroz resultado del PRI

El PRI está vivo dijo el senador Héctor Yunes Landa, luego de anunciar que otra vez buscará la candidatura a gobernador el año entrante.
Yo iré por el 18 dijo el senador Pepe Yunes Zorrilla.
Okey.
Pero…más allá del triunfalismo, el resultado electoral es atroz. Bastaría referir que en el puerto jarocho, el PAN con Fernando Yunes Márquez ganó la alcaldía al priista Fidel Kuri con 70 mil 189 sufragios arriba, en tanto MORENA, con Ricardo Exsome, se fue al segundo lugar con 39 mil 160 (con el 99.99 % de actas capturadas).
Y en Boca del Río, la derrota es como nunca, pues mientras el PAN quedó en primer lugar (40 mil 215 votos), MORENA en segundo (7,479) y el PRI en tercero (5,652 sufragios) (con el 99.99 % de actas capturadas).
Y si se recuerda que el PRI, solito, perdió en 32 municipios y ganó sólo en tres (Comapa, Tepatlaxco y Jilotepec), caray, el priismo está sintiendo la tempestad huracanada y siguen echados para adelante, cuando lo único importante es la autocrítica, el análisis, la reflexión, una nueva estrategia y la consabida unidad.
Renato Alarcón como presidente del CDE del PRI y Lorena Martínez como delegada del CEN, simple y llanamente, fracasaron.
Nunca sus candidatos, ni ellos mismos, se deslindaron de la corrupción de Javier Duarte y los duartistas, con firmeza inalterable.
Tampoco tocaron los puntos virales de Veracruz como los carteles y cartelitos.
Y de ñapa, entre las elites midieron fuerza para quedarse con las mayores tajadas del pastel y se derrumbaron.
En la elección intermedia de Duarte, al PRI le fue de maravilla para arriba.
En la elección final, el año entrante, el descarrilamiento con la pérdida de la gubernatura y la mayoría en el Palacio Legislativo.
Ahora, el triunfo sólo en 36 municipios en alianza con el PVEM.
El tricolor sigue hundiéndose, con todo y las cifras alegres que puedan celebrarse.
Tres. Abstencionismo, gran triunfador
Hay un mal electoral que ningún partido político ha podido solventar. El abstencionismo. Según los números, el domingo 4 alcanzó el 48 por ciento, casi, digamos, el 50. Es decir, la mitad de la población con credencial del IFE (ahora del INE) acudió a las urnas, en tanto la otra mitad se abstuvo.
Cierto, se trata de un antiguo mal escapado de la caja de Pandora…pero que en cada proceso se repite, imparable, y lo peor, creciente.
Ni el OPLE ni su jefe máximo, el INE, ni tampoco los partidos políticos ni sus candidatos pudieron convencer a la mitad de la población electoral de acudir a las urnas.
La fama (real) de la corrupción política. El desencanto social. La baja, bajísima calidad de vida en la mayoría de la población. La inseguridad, y lo peor, la impunidad. El desempleo. La baja calidad educativa y de salud. La vida, un infierno, un río de sangre, un valle de la muerte.
Así, con todo y que Miguel Ángel Yunes Linares alardee que “no ganó el gobernador, sino ganó el pueblo” (ajá), la llamada “jornada de civilidad” fue un desencanto, porque el abstencionismo llegó a puntos negros.
Y si el PRI quiere remontar para las cinco elecciones del año entrante, apostando a más de lo mismo (“No todos somos corruptos” como Javier Duarte y los suyos), el futuro inmediato (partidista y social) se mira atroz.
Metidos todos en la feroz, sórdida y siniestra lucha vulgar por el poder, ninguna razón hay para que el millón de indígenas y los dos millones de campesinos sueñen con un mundo mejor.

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