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Escenarios: Dios los cuida…

LUIS_VELAZQUEZ

•El diablo en palacio

•Un apóstata sindical

Luis Velázquez

08 de febrero de 2019

UNO. Dios los cuida…

Vivimos el misterio religioso. Ningún político, ningún mortal, por ejemplo, ha visto a Dios ni al diablo, pero muchos lo invocan y convocan.

Hora quizá de la resurrección de las iglesias y religiones anexas y conexas.

Por ejemplo:

A cada rato, AMLO, el presidente, dice que Dios lo cuida, tan ocupado que andará el Señor Todopoderoso con los graves choques bélicos en el mundo.

El auditor del Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz, ORFIS, Lorenzo Antonio Portilla Vázquez, también lo ha anunciado:

“Tengo presiones, pero me cuida Dios” dijo.

En tanto, el diputado presidente de la Mesa Directivo de la LXV Legislatura, José Manuel Pozos Castro, descubrió, por ejemplo, que en el palacio de la Cuitlamanía “hay demonios, traidores y desleales” con todo y el gobernador se ha purificado en varias ocasiones con el incienso de los indígenas, igual, claro que AMLO.

Y el todavía dirigente nacional de los petroleros, más de veinte años en el cargo sindical, Carlos Romero Deschamps, también entró a la onda mística de la siguiente manera:

“No soy el diablo y no tengo miedo. Después van a decir que quiero matar a Jesucristo”.

Entonces, se llevó a la copa un tenedor con lechugas frescas cuando comía en el Mesón de Puerto Chico, a unos pasos del Monumento a la Revolución, revolucionado que anda con tanto rafagueo discursivo del obradorismo.

DOS. Se duda que Dios cuide a Cuitláhuac

Mejor, claro, le ha ido a Andrés Manuel López Obrador.

Por ejemplo:

El sacerdote obradorista, José Alejandro Solalinde, siempre en guerra, fundador del albergue de migrantes “Los hermanos en el camino”, con sede en Ixtepec, Oaxaca, y filial en Acayucan, hizo su debut cargando un Niño Dios con el rostro de AMLO.

Y de ñapa, y para dar fe, puso a su lado al líder morenista del Congreso de la Unión, Martí Batres.

En Acayucan, en la segunda gira de AMLO en Veracruz, un pintor le regaló una pintura gigantesca, casi casi de su tamaño, de cuerpo entero, en clásica pose presidencial.

Fue, entonces, bendecido por su Dios.

Claro, ha de recordarse, AMLO profesa la religión cristiana, la misma de Yuri, quien camino a Damasco fue reinventada y resucitada.

Paquita la del barrio, la hija ilustre de Alto Lucero, Veracruz, diría:

“Me estás oyendo, inútil”.

Y es que si los enemigos y adversarios de AMLO, apóstoles del priismo y el panismo todavía vivo, son unos apóstatas, cuidado por Dios, “han de poner barbas a remojar”.

AMLO, el invencible.

También Lorenzo Antonio Portilla.

Y José Manuel Pozos Castro.

Dudita y consulta por ahí:

¿En alguno de sus discursos o tuitorreos, el góber habría revelado que Dios también lo cuida, y/o cuando menos, su dios Oscar de León o Héctor Lavoe desde el más allá?

TRES. El pueblo cuida a AMLO

En un trance esotérico, un médium le dijo a Francisco I. Madero que se lanzara a la candidatura presidencial para combatir a Porfirio Díaz Mori, pues lo derrotaría.

Años más tarde, otro médium, y en Los Angeles, dijo a Plutarco Elías Calles que regresara a México y luchara por reconquistar los espacios políticos perdidos que ganaría.

Ahora, con todo y las amenazas, se afirma, de las mafias huachicoleras del centro del país, ni costillas harán al presidente tabasqueño.

Y es que además de Dios, lo cuida el pueblo.

Y si el pueblo lo cuidó ante las amenazas de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, ahora, con más razón, cuando AMLO es el tlatoani mayor, el gurú número uno, el dios terrenal, el Moisés de la tierra prometida.

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