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Martes, 19 de Junio de 2018
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Escenarios: El candidato de MORENA

LUIS_VELAZQUEZ

•“Rey del codazo limpio”
•Morir como priista

Luis Velázquez
23 de abril de 2018

UNO. El candidato de MORENA

Era 2004. Fidel Herrera Beltrán andaba en campaña como candidato priista a gobernador. Un día llegó al WTC de Boca del Río “en calidad de bulto”. Lo llevaban cargando. Casi casi de palomita. Dos hombres, guardias pretorianos, lo sostenían. Arrastraba los pies.
Faltaban una, dos horas para un mitin. Y el candidato andaba, parece, en trance. Y varios priistas, desesperados por “un vuelve a la vida”.
Lo introdujeron a una oficina. Y el primer círculo rojo quedó con él. Cerraron puertas. Nadie pasaba.
Al rato, dos auxiliares salieron apresurados a un salón, más grande, más amplio.
Y sin más, como si el fin del mundo estuviera anunciado, desalojaron a todos, casi casi como vendedores ambulantes.
Lanzados del salón aquel, blindaron el local. Y en unos minutos apareció Fidel de nuevo. De palomita. Un escolta de cada lado.
Y lo anduvieron paseando alrededor del salón. Y paseando. Y paseando. Y paseando.
Y poco a poco, por un milagro superior, se fue recuperando. 30, 40, 50 minutos después, estaba, digamos, vivo. Listo para el paso siguiente.
La mitad del mundo a su lado, acomedidos. A sus órdenes, señor. Uno de ellos, Fernando Arteaga Aponte, se inclinó delante de Fidel Herrera, se puso de rodillas y le amarró las calcetas de los zapatos, como el padre al niño.
Hoy, “El huevo” que así le apodan porque de adolescente, dice, vendía huevos de casa en casa trepado en una bicicleta, está fuera del PRI. Es candidata de MORENA, la MORENA de AMLO, a diputado local.

DOS. “El rey del codazo”

Enrique Peña Nieto entró al Worl Trade Center de Boca del Río. Atrás, Emilio Chuayffet, secretario de Educación, ex gobernador del Estado de México, ex secretario de Gobernación.
En el pasillo, en una fila de priistas, en el primer plano, Ranulfo Márquez Hernández, Marco Antonio Torres Hernández y José Antonio Mansur, y en la segunda fila, Fernando Arteaga Aponte.
Entonces, Chuayffet se detuvo en seco. Y saludo con afecto.
–Hola, Ranulfo ¿cómo estás?
–Bien secretario, bien. Aquí, presente.
Y le formó plática aprisa y de prisa.
Entonces, desde atrás, Fernando Arteaga intentaba abrirse paso a codazo limpio, casi casi como “El rey del codazo priista”, para presentarse al secretario de Educación.
Pero, bueno, en una gira presidencial, la mitad del mundo y la otra mitad saben, están conscientes, de que las tales oportunidades se reducen a un minuto estelar.
Y con todo, Arteaga estaba consciente y hasta montó en la espalda de Ranulfo, parece, extendiendo la mano.
Falló en el intento.
Y Chuayffet se alejó.
Luego, diría:
–Caray, ustedes son unos egoístas. No comparten las amistades.
Ahora, ni modo, Fernando Arteaga está fuera del PRI, se pasó a la izquierda delirante y radical y es acólito en la capilla de AMLO, en tanto su hija Valeria Arteaga es suplente de la priista Sheyla Flores como candidata a diputada federal.

TRES. El gatito y el ratoncito

450 años antes de Cristo, cuando Herodoto echó dos mudas de ropa y se fue de reportero enviado especial al continente asiático, Arteaga Aponte amenazaba y amenazaba con desertar del PRI porque lo dejaban fuera de la candidatura ya a presidente municipal, ya a diputado local o federal, ya a sus hijos.
Jugaba, no obstante, al gatito y al ratoncito, pues de igual como lanzaba el zarpazo reculaba. Incluso, hasta juraba y perjuraba lealtad perpetua al tricolor, el partido que tanto le diera.
Es más:
Días anteriores a su renuncia al PRI siguiendo la huella de Felipe Amado Flores Espinoza, Mario Tejeda Tejeda, Regina Vázquez Saut, Basilio Picazo y Ricardo García Guzmán, entre otros, aseguró al politólogo Carlos Ronzón Verónica que nunca aceptaría la candidatura de MORENA a la curul local porque era un priista leal, con lealtad a prueba de bomba, al tricolor.
Todavía más: puso de pretexto a su señora madre enferma de cáncer.
Y, sin embargo, bien canturrea el proverbio rancho: “Cae más pronto un hablador que un cojo”.

CUATRO. Morir como priista

Signo de los tiempos:
Fernando Arteaga “se cortaba las venas” por su maestro de toda la vida Juan Maldonado Pereda.
En 2, 3 ocasiones, Maldonado fue lanzado del paraíso terrenal como aspirante a la candidatura priista a gobernador.
Y nunca, jamás, “se quitó la bata” y la tiró para ponerse, digamos, una del PAN o del PRD. Tampoco se fue como candidato independiente.
Murió como priista. Principios. Valores. Normas. Código moral. Firmeza ética. Congruencia partidista. Ideológica. Partidaria.
“El huevo” Arteaga Aponte está ya en la cancha electoral. Su nombre fue publicado en la lista de MORENA. Sabrán sus razones Manuel Huerta Ladrón de Guevara, Rocío Nahle y Cuitláhuac García, pero, bueno, mucho se duda que Arteaga estremezca la conciencia electoral de Veracruz con su nombre, su trayectoria, su biografía social, su servicio a la población, ajá.
Simple y llanamente él mismo se redujo a un huevo estrellado. Y sin jamón. Quizá con puro chorizo.

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