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Lunes, 15 de Octubre de 2018
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Escenarios: El colmo del horror

•El desmembrado de Cabada

•Terrorismo puro

LUIS_VELAZQUEZI

El sábado 10 de enero, en la madrugada, el terror y el horror en Veracruz alcanzó niveles insospechados.

Más allá, incluso, del caso de la niña de 5 años, Karime Alejandra, secuestrada, desaparecida, asesinada y sepultada en una fosa clandestina, con su tía, en Coatzacoalcos.

Más allá, por ejemplo, de la reportera Yolanda Ordaz, de Notiver, que fuera secuestrada en su domicilio particular y horas después su cadáver fuera tirado en la vía pública, decapitada, la cabeza por un lado y el cuerpo por otro, a un metro de distancia.

Más allá, incluso, de las fosas clandestinas aparecidas en Veracruz y más allá de que los ríos Blanco y Coatzacoalcos han mudado en un cementerio flotante de los carteles y cartelitos, donde a cada rato los vecinos que pescan se topan con cuerpos sin vida arrastrados por la corriente.

En Ángel R. Cabada, en la banqueta donde está domiciliada la Asociación Ganadera, sobre el bulevar Francisco  J. Moreno, paso de peatones, fue dejado un cadáver distribuido de la siguiente manera:

La cabeza, decapitada, claro, con un mensaje de puño y letra de los malosos.

Y a un ladito, el resto del cuerpo, cercenado y mutilado en manos, antebrazos, piernas, muslos, pecho, estómago y caderas.

Es decir, un museo del terror tendido en la vía pública, peor, incluso, que cuando los realistas colgaban de los árboles a la orilla del camino los cadáveres de los indígenas y campesinos para sembrar en ellos el pánico como un mensaje expreso, concreto y específico, a fin de que se abstuvieran de participar en el movimiento de Independencia al lado de Miguel Hidalgo y José María Morelos.

Peor, incluso, cuando la guerra de Vietnam declarada por el presidente Richard Nixon que con la misma táctica sembrada el miedo en la población para que se abstuviera de apoyar a los vietnamitas sublevados.

Por lo pronto, el gobierno de Veracruz ha premiado la eficacia en la impunidad lograda por el procurador de Justicia con la Fiscalía General y por nueve años.

Falta que, por ejemplo, la UPAV otorgue el doctorado Honoris Causa al secretario de Seguridad Pública que tantos honores gusta coleccionar.

II

La inseguridad en la vida y en los bienes se ha convertido en el pendiente número uno de Veracruz.

Más, mucho más, que la miseria, la pobreza y la jodidez y que el desempleo, los salarios de hambre y la migración a la frontera norte y Estados Unidos.

Por un lado, la incertidumbre y la zozobra social.

Y por el otro, la impunidad en todos los órdenes de la vida cotidiana, a partir del fuego cruzado, los muertos, los secuestrados, los desaparecidos, los mutilados, los asesinados, los sepultados en fosas clandestinas, los cadáveres flotando en los ríos y lagunas (lo que faltaba, el primero en la laguna de Catemaco) y los cuerpos tirados en los pozos artesianos dados de baja para el consumo humano de agua.

Es más, diríase que los sexenios de Patricio Chirinos Calero, el auge del narcotráfico con José Albino Quintero Meraz y la represión política a la disidencia, y de Agustín Acosta Lagunes con su Sonora Matancera parecen un dulce cuento de hadas al lado de que hoy se vive y padece.

Por eso resulta trascendente el operativo de Fernando Gutiérrez Barrios cuando en 40 días (del primero de diciembre de 1986 al 10 de enero de 1987) pacificó Veracruz encarcelando a un par de caciques, mientras los otros huían del puño del gobernador de entonces.   

Entonces, los caciques con sus pistoleros eran dueños de Veracruz. Ahora, son los carteles y los cartelitos, pero de igual manera, antes como ahora el Estado de Derecho ha de ser la bandera enarbolada.

III

Hemos llegado a tales niveles como en Ángel R. Cabada, porque de pronto, zas, el Estado se jodió.

El secretario de Seguridad Pública, la Agencia de Investigaciones y la flamante Fiscalía, antes procuraduría de Justicia, rebasados por la avasallante realidad.

Los malos gobiernan y mandan en la tierra jarocha.

Lo peor de todo: en el discurso oficial se pinta un mundo color de rosa.

Así, incapacidad más petulancia, soberbia y arrogancia, ha llevado a Veracruz a un destino apocalíptico, casi casi el infierno, el fin del mundo.

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