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Jueves, 06 de Agosto de 2020
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Escenarios: El hombre que defraudó a Duarte…

  • LUIS_VELAZQUEZListo para la curul por Zongolica…
  • Cuando es cliente de la justicia

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El tamaulipeco Gabriel Deantes Ramos, secretario de Trabajo y Previsión Social, cesado por Javier Duarte por “haber defraudado mi confianza”, con la fama pública de uno los duartistas más enriquecidos en menos de un sexenio, está listo para ser lanzado candidato priista a diputado local por el distrito indígena de Zongolica.

Con un par de mansiones en el fraccionamiento “Las ánimas” de Xalapa, vecino de Miguel Alemán Velasco, más una plaza comercial y un edificio de 4 pisos, el único mérito de Deantes, si tal fuera, es la amistad con Javier Duarte, donde lo acercara su primo hermano, Alberto Silva Ramos, uno de cuyos hermanos fue, o es, el contador y abogado de Pancho Colorado, “El señor de los narco/caballos”, preso en Estados Unidos por sus amistades peligrosas.

Y de ahí pa’lante, ninguna razón social existe para que el secretario de Trabajo aliste maletas para la curul local en un distrito, Zongolica, donde se concentran 9 de los municipios más jodidos, pobres y miserables de la nación.

¡Vaya temeridad!, porque, además, el señor es originario de Tamaulipas y llegó a Xalapa, luego de su fracaso como vendedor de teléfonos celulares (otros dicen que también de muebles) en el bulevar de Tampico.

Aquí, de pronto, se metió a estudiar derecho electoral los fines de semana, el día sábado de 8 a 14 horas, y de pronto, zas, apareció como el experto electoral de Duarte, quien le ha permitido “meter las manos” en todo en el Instituto Electoral de Veracruz.

Ahora, y luego de que la Auditoría Superior de la Federación lo involucró en las irregularidades de los recursos federales en los ramos educativo y de salud, y por eso mismo fue cesado y luego reinstalado a la par que Édgar Spinoso Carrera, sueña con la curul.

 

2

El ciudadano común y sencillo quisiera conocer el nombre de un pueblo, una región, que Gabriel Deantes haya enaltecido con acciones de gobierno para, digamos, merecer un ascenso político.

Simple y llanamente, nadie las conoce, porque nunca las ha generado.

Por el contrario, su fama pública gira alrededor de los trastupijes electorales y de los negocios, se ignora si lícitos o ilícitos, pero siempre al cobijo del poder para que de un vendedor de celulares en la calle sea propietario ahora de un par de mansiones, una de ellas, bautizada por su primo Alberto Silva como “Villa Meona”, porque tiene 11 baños, dos elevadores (uno para niños y otro para adultos) y dos salas de cine (una para niños y otra para adultos), además de que en su mejor tiempo tenía (se ignora si todavía) hasta quince automóviles y camionetas estacionadas adentro y afuera de la residencia.

Es decir, se trata de un arribista político que por alguna razón se le metió al corazón, el hígado y las neuronas a Duarte, y cobijado en tal relación se ha convertido en uno de los nuevos ricos que en cada sexenio suelen aparecer como por arte de magia.

Y lo peor del asunto es el silencio atroz tanto del ORFIS, Órgano de Fiscalización Superior, y la Comisión de Vigilancia del Congreso, que prefiere cazar a ediles charales con la cuenta pública.

Desde luego, la fortuna de Deantes sería inferior a la riqueza de Érick Lagos Hernández y Jorge Carvallo Delfín, éste último más ostentoso y aparatoso, aun cuando se afirma que “El chilly-willy” está ferozmente enriquecido y conserva el liderazgo.

 

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Todavía peor: tanto Alberto Silva en la presidencia del CDE del PRI como Deantes desde la secretaría de Trabajo operaron para seducir al cacique de la montaña negra de Zongolica, Mario Zepahua Valencia.

Así, y para ganar un aliado, primero ungieron diputada federal a una hija del cacique, y luego nombraron presidenta de la Comisión de Asuntos Indígenas del PRI a una hermana, y Zepahua Valencia, famoso por haberse inventado un secuestro como legislador federal, se tiró al piso de Deantes para planchar su (presunta) nominación en Zongolica.

Claro, nadie dudaría de que con un taparrabo o un calzón de manta, huaraches, un capa y un bastón de mando, Deantes tendría éxito en Zongolica y aun cuando los compas son flacos, anémicos y desnutridos, parecería el cacique gordo de Zempoala, quien según Bernal Díaz del Castillo tenía un harem, pero de 50 efebos, pues fue el primer gay que Hernán Cortés halló en su paso de las playas de Chalchihuecan a Tenochtitlán.

Faltaría, por ejemplo, que en los próximos días, antes del destape de los candidatos, llegara a uno que otro pueblo de Zongolica con un montón de estufas ecológicas, pisos ecológicos y techos ecológicos, el gran invento de Marcelo Montiel Montiel y Juan Antonio Nemi Dib, para sacar de la pobreza a clase media a los indígenas de Soledad Atzompa.

Deantes cerraría el círculo y entonces, ni hablar, los caciques Mario Zepahua y el bugancista Tomás López Landero lo aclamarían como la versión de color del Conquistador.

 

4

Con todo, resulta inverosímil que el PRI de Felipe Amadeo Flores Espinoza y Héctor Yunes Landa estén mirando a Gabriel Deantes, como lo desea Javier Duarte, como el candidato a la curul local.

De entrada, el tricolor tiene demasiado con las ligas de Érick Lagos y Antonio Tarek Abdalá con Francisco Navarrete, a quien Javier Duarte acusara del jefe narco de la plaza Tierra Blanca y el capo a quien los policías de Arturo Bermúdez entregaron a los cinco jóvenes de Playa Vicente levantados en Tierra Blanca.

También los indígenas de la sierra de Zongolica tienen demasiado con que antes hayan sido diputados federales los caciques Mario Zepahua y Tomás López Landeros y ahora una hijita de Zepahua.

Dejen, pues, ya de tomar a Zongolica como la tierra de nadie, el fin del mundo, donde la elite priista puede hacer y deshacer a su antojo, valiéndole un cacahuate que la región esté ubicada como la más jodida del país.

Más respeto, señores políticos, a la dignidad humana de la población indígena, todo, porque como en el caso quieren la felicidad de Gabriel Deantes Ramos, y de paso la impunidad, cuando ningún mérito social le conocen y reconocen.

A menos, claro, que su candidatura sea el antídoto a lo que Felipe Amadeo Flores Espinoza anunció al tomar posesión como presidente del CDE del PRI de que por ningún concepto permitirán “que el egoísmo, la arrogancia y los intereses perversos afecten al partido”.

Y más porque en esa misma lógica hay otros aspirantes a la curul local, entre ellos, y por ejemplo, Ramón Ferrari Pardiño, el titular de la SAGARPA y ex cacique boqueño derrotado por los Yunes azules; Vicente Benítez, Oficial Mayor de la SEV, con todo y sus maestras odaliscas; Víctor Rodríguez, del Movimiento Territorial, el único que hace feliz a Marcelo Montiel Montiel, y el tal Marlon Ramírez, quien usaba el helicóptero oficial como subsecretario de Gobierno para viajar de Xalapa al puerto jarocho al juego de los Tiburones Rojos.

Todos ellos sin un beneficio social generado para la población.

 

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