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Miércoles, 19 de Diciembre de 2018
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Escenarios: El líder y la chica de la minifalda

LUIS_VELAZQUEZ

  • La buena próstata del líder
  • Una comida con Víctor Flores

 

Luis Velázquez

29 de octubre de 2018

 

UNO. El líder y la chica de la minifalda

 

5:45pm del viernes 26. Un mesero del restaurante “El gaucho” en el puerto jarocho acondiciona una mesa con diez sillas. Procura, incluso, que estén bien alineadas, como en fila militar. Otro mesero arregla otra mesa con otras diez sillas, a un lado, aparte, enfrente.

Durante unos 30 a 40 minutos, las dos mesas quedan reservadas.

Entonces, llegan dos personas con cara de escoltas y supervisan el par de mesas y se van.

Al ratito, una persona, también con cara de escolta, supervisa las mismas mesas.

Entonces, como una avalancha llega el líder supremo desde hace más de veinte años del gremio ferrocarrilero, Víctor Flores Morales, del brazo de una chica con micro/minifalda, y con los lentes negros ocultando la mirada, rengueando.

Rengueando de la pierna derecha, quizá porque el Centro Meteorológico del Golfo ha anunciado norte y frío el fin de semana y su pierna se lo está avisando como suele ocurrir con los enfermos de los huesos.

El líder, con tantas acusaciones de los trabajadores y los jubilados y que “le hacen lo que el viento a Juárez” (ahora que Benito Juárez anda tan de moda), ocupa la mesa central de espaldas a los demás, de cara a la pared, sólo acompañado de la chica de minifalda, una muchacha de unos veinte años de edad, consciente y seguro de que lo dice el refrán popular de que “toda mujer vestida con traje de jarocha o minifalda… se vuelve bonita”.

En la otra mesa, diez hombres, diez ayudantes, diez escoltas, del líder, piden carne de comer y en un ratito se tragan, más o menos, aprox., media vaca, en tanto Víctor Flores Morales apenas, apenitas, apenititas, picoteará la comida.

Cuatro mujeres llegan a tiempo, una de ellas, una señora mayor de edad, a quien el líder trata, parece tratar, como si fuera su señora madre o su tía.

De vez en vez, la chica de la minifalda se ocupa de dos tareas fundamentales: una, hablar por el celular y la otra mirar o fingir que mira la tele en un juego deportivo.

 

DOS. El líder tiene buena próstata

 

Es el festín del poder.

Por ejemplo, el líder ha multiplicado su fama en Veracruz porque siempre cuando anda por aquí llega acompañado de una chica fascinante, de tal forma que sus gustos son universales.

En su juventud, Víctor Flores se sentía el Elvis Presley de la negritud, y entonces, se vestía como el otro Elvis Presley, se peinaba como Elvis, gesticulaba como Elvis, bailaba como Elvis, cantaba como Elvis, el pantalón ultra contra súper pegadito.

Esta tarde, sin embargo, viste una camisita color café de manga larga con un pantalón café, y renguea.

Y de pronto, zas, se quita los lentes negros y sus ojos chiquitos chiquitos platican con la chica de la minifalda, las piernas cortas y flacas, flaquita y bajita como una garrocha chiquita, con una cintura brevísima, y que bien pudiera encarnar la noticia del momento, perdido el tiempo heroico del líder en sus mejores momentos.

Pero, bueno, el líder ha de tener una buena próstata, porque durante la hora, aprox., que permanece sentado en la mesa nunca, jamás, se levanta al baño.

Incluso, cuando se retiran, todos en tropel, incluidos los escoltas para estacionar su camioneta afuera del restaurante, tampoco el líder va al baño.

¡Buena salud se necesita para vivir así!

 

TRES. “Tener pareja en casa vuelve a la vida”

 

El líder y la chica de la minifalda recuerdan, entre otras cositas, la novela de Kawabata, el premio Nobel de Literatura, donde cuenta la historia de una casa de citas sólo para personas de la séptima década.

El placer de los viejitos consiste en que durante una noche permanecen en la alcoba con una chica de veinte años de edad, virgen, que toda la noche se la pasa durmiendo porque está narcotizada, acostada en la cama boca/abajo, y desnuda, a la que sólo tienen derecho de mirar y admirar, y contemplar, pero sin tocar el dedo de una mano.

Claro, el líder está lleno de vida, dando la gran pelea en el tiempo de AMLO, el presidente electo, con su homólogo Carlos Romero Deschamps, desde hace dos décadas líder de los petroleros, para perpetuarse más tiempo en el trono sindical.

Y más, porque además de dirigir el sindicato, también ha tenido tiempo para legislar como diputado federal y senador y hasta como presidente del Congreso del Trabajo.

Y, bueno, un activismo de tal magnitud recuerda a María Félix cuando decía que “tener pareja en casa vuelve a la vida”.

 

CUATRO. El líder noticia

 

Ignacio Gómez, ex conductor de sociales de Telever, con una red insólita de mujeres bellas, llega a El gaucho con tres chicas sin minifalda, juntan dos mesas donde colocan dos computadoras, y se alistan para transmitir su programa “El chochol”, publicado como columna periodística en el decano de la prensa nacional.

Entonces descubre la espalda de Víctor Flores Morales y se apersona.

Y platican.

Se entiende que Ignacio Gómez pide al líder ferrocarrilero una entrevista exclusiva y de seguro la esperanza fue extendida.

Pero el dirigente come, termina de comer, se retira y la entrevista nunca se da que de entrevistas estará fastidiado en más de veinte años de acoso reporteril, más, incluso, si se considera que durante muchos años fue tesorero del sindicato nacional con su examigo y exjefe, Jorge Peralta Vargas, ambos nacidos, por cierto, el mismo día; pero en año diferente, en el mismo hospital jarocho y en el mismo piso y en el mismo cuarto.

En su retiro, el líder y la chica de la minifalda salen juntos y a su paso los diez escoltas se abren y le forman una valla impenetrable.

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