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Escenarios: El utópico AMLO

LUIS_VELAZQUEZ

•Los pillos de “El peje”
•El rey platónico…

Luis Velázquez
26 de febrero de 2018

UNO. El utópico AMLO

Andrés Manuel López Obrador, AMLO, se mantiene como puntero en la tendencia histórica de la encuesta. Pareciera que su entrada a Los Pinos resultara irreversible. Cierto, ya perdió en dos ocasiones. Pero François Mitterrand ganó Francia en el cuarto intento y Luiz Inácio Lula de Silva, también Brasil en el cuarto.
Nadie descartaría, como dice el politólogo José Antonio Crespo, en su último libro, “2018, ¿AMLO presidente?”, una alianza entre el PRI y PVEM y el PAN, PRD y MC, para descarrilarlo. “Yo, dijo Vicente Fox, tengo muchas mañas”.
Muchas mañas, de igual manera, tiene AMLO.
Y más, cuando una parte de la prensa del mundo, desde Estados Unidos hasta Rusia, mira la posibilidad de que un político de izquierda, izquierda radical, gane la presidencia de la república luego del fracaso social y económico del PRI y el PAN que con los doce años en el poder fue suficiente.
Pero…
Pero resulta que en el camino a Damasco, AMLO pareciera estar abonando el camino en su contra.
Iluminado que se cree y siente habla de la república amorosa, según él, para renacer el amor entre los mexicanos y desterrar el rencor y el odio y las pasiones desbocadas, cuando, caray, hace más de dos mil años también Jesucristo lo predicó y fue crucificado en el Gólgota y su utopía ha sido un fracaso.

DOS. AMLO se divierte…

Por eso, incluso, extendió la mano y lanzó el perdón, primero, para su “mafia en el poder”, y segundo, háganos favor, para los carteles y cartelitos.
Después, abrió las puertas de Morena a los priistas, panistas, perredistas y demás siglas, fueran quienes fueran, sean quienes sean, incluso, con un pasado turbulento, acusados, bajo sospecha, de corrupción, la corrupción que tanto combate.
Todavía más:
Ahora le ha dado por una Constitución Moral para fortalecer su, digamos, legítimo sueño de la república amorosa.
Quizá, tabasqueño de nacimiento, hijo de padre jarocho, AMLO se está divirtiendo con su república amorosa y su Constitución Moral, tomando el pelo a sus adversarios. “Lo que diga mi dedito”.
Acaso lo diga en serio por su religión cristiana, y de paso, para ganar indulgencias en la otra orilla.
Quizá, y más allá de culpar a los enemigos de la fama de mesiánico, mesiánico que es, de veras lo dice en serio.
Pero AMLO está vendiendo espejitos.
“El hombre, ya se sabe, es el lobo del hombre”.
Y más, cuando, y por ejemplo, las familias suelen destrozarse por la herencia de los bienes materiales.

TRES. Los pillos de AMLO

AMLO alardea de ser el único candidato presidencial, el único político que puede acabar con la corrupción.
La corrupción que tiene a diecisiete ex gobernadores, la mayoría priista, unos presos, y otros, prófugos, y otros amparados.
La corrupción que iniciara con Moctezuma II (quizá antes) cuando enviara moneditas de oro y veinte doncellas al sifilítico Hernán Cortes desembarcado en las playas de Chalchihuecan.
La corrupción que sigue vigente con todo y Secretaría de la Función Pública y la Fiscalía Anticorrupción y los códigos de ética inventados en cada viaje presidencial y la renovación moral de Miguel de la Madrid.
La corrupción que tiene al país en los primeros lugares mundiales de deshonestidad pública.
Bastaría referir el pasado inmediato.
Alrededor de AMLO, su secretario particular, René Bejarano, metiéndose el billetito en la bolsa tendido en la mesa por el playboy argentino, Carlos Ahumada.
Y Gustavo Ponce, su tesorero, filmado cuando jugaba dinero millonario en Las Vegas.
Y aun cuando Bejarano y Ponce estuvieron presos, Bejarano (su esposa es Senadora de la República) lo dijo así:
“Andrés Manuel sabía todo. Pero no es tonto”.

CUATRO. El rey platónico…

Si AMLO se proclama como el único político que puede acabar con la corrupción han de citarse los casos de su trío de ex diputados locales en Veracruz (Sebastián Reyes, Eva Felícitas Cadena y MÍriam Judith González Sheridan) que se fueron de Morena y de la bancada en la LXIV Legislatura porque, revelaron, les “ordeñan la dieta” con el cuento de las universidades del tabasqueño cuando en realidad paran en su campaña electoral.
Y se ni diga las acusaciones en contra de su profe, Delfina Gómez (candidata pluri al Senado de la República) cuando fue candidata a gobernadora en el Estado de México y en donde la acusaran de cobrar el diezmo a los burócratas del Ayuntamiento de Texcoco cuando titular.
En su cruzada heroica, pero trágica, contra la corrupción, AMLO se cree el rey platónico, dice José Antonio Crespo.
“Yo acabaré con la corrupción. Ese es el plan: erradicar la corrupción, no aminorarla, no reducirla, no mantenerla a raya… ¡Acabarla, desterrarla!”.
Se entiende, claro, que sueña con Los Pinos. Y dice que basta y sobra con que el presidente de la república se involucre con toda su voluntad política y capacidad de decisión para lograr la utopía.
Y si el presidente es honesto, dice, todos lo serán.
Falso, pues se trata de un sofisma.
De Venustiano Carranza lo decía: “El viejo no roba, pero deja robar”.
“Robé poco porque poquito había” decía Layín, el ex alcalde de San Blas, Nayarit.
“Dejé de ser alcalde y dejé de ser pobre” alardeaba siempre un ex edil jarocho.

CINCO. Tata AMLO

Maquiavelo, ni tampoco John Stuart Mill creyeron jamás que si el presidente de una república era honesto, los demás serían por inercia.
Y más, cuando en los momentos estelares de Eva Cadena, por ejemplo, AMLO “tiró su espada en prenda” y la defendiera con ardor asegurando que si había castigo para “Lady Bolsitas”, primero había de castigarse “a Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong y Miguel Ángel Yunes Linares, pues son peores”.
En Escandinavia, el país modelo de AMLO sobre el combate a la corrupción redujeron el índice de pillerías con el erario luego de varias décadas, poco a poquito, y por eso mismo, un sexenio resulta insuficiente.
AMLO vende espejitos y puede significar su desplome con todo y sentirse iluminado y mesiánico.
La biblia es clara y el consejo de Jehová a su pueblo era que siempre se amarraran la lengua. “El pez… por su boca muere” dice el sabio refrán.
Con todo, nada expresa la adoración de sus fans como la senadora con licencia y aspirante a la alcaldía de Álvaro Obregón en la Ciudad de México, la ex priista Layda Sansores San Román, quien en Ciudad del Carmen besó la mano a “El peje” luego de una reunión (22 de febrero) con ex líderes petroleros y empresarios locales.
“No se olvide de nosotros” le dijo todavía con la saliva del beso en los labios, como si AMLO fuera el Sumo Pontífice de su cacareada república amorosa.
Una nueva religión cristiana y apostólica manchada de política política ha nacido en México.
Y, bueno, de aquí al primero de julio los morenistas han de besar la mano a “El peje”. Le gustan tales devociones.
Tata AMLO.

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