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Lunes, 11 de Diciembre de 2017
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Escenarios: Honesto “a prueba de bomba”

LUIS_VELAZQUEZ

•Carlos Ronzón “pisó callos”
•Conspiración desde la SEV

Luis Velázquez
21 de agosto de 2017

Uno. Honesto “a prueba de bomba”

Además de su vocación magisterial, el profe Carlos Ernesto Ronzón Verónica es un hombre honesto. “A prueba de bomba y a carta cabal”.
Licenciado en Ciencias Políticas (Nuevo León), con maestría en Ciencias Políticas (Complutense) y doctorado en Sociología (Puebla), puede, si es necesario, pasear su integridad sin que el fuego amigo y enemigo le alcance.
Es un académico honrado tanto en su vida personal y familiar como académica. Alguna vez unos estudiantes soñaban con aprobar el examen a cambio de favores, digamos, económicos. “Estudien” le dijo a uno por uno, “y si aprueban, aprueban. Y si quieren un jurado externo, adelante”.
Nunca ha faltado a impartir sus clases en las universidades donde ha prestado servicios.
Su hoja laboral es impecable. Más, su alto grado de eficiencia.
Su lucidez y mirada de conjunto para escudriñar y analizar los problemas sociales, políticos y económicos, asombra y deslumbra.
Honesto, por añadidura, es un hombre independiente y autónomo.
Nada de prestarse a sucios acuerdos en lo oscurito. Ni tampoco encima de la mesa.
Por eso, resulta una patraña, una intriga, una perversidad, toda la mala leche del mundo, cuando desde la sombra oscura, siniestra y sórdida del poder político lo acusan de que como director regional de la UPAV, Universidad Popular Autónoma de Veracruz, desvió quince millones de pesos de los meses de enero a la fecha.
Y lo peor, quince millones de pesos que fueron pagados por los estudiantes de la UPAV del bachillerato y la carrera de norte a sur y de este a oeste del territorio jarocho.
Y más porque en ningún momento del viaje laboral en la UPAV en el gobierno azul ha manejado un solo centavo.
Y más, porque cada alumno paga en el banco y en el banco sigue su camino hacia la oficina administrativa de la UPAV y/o de la secretaría de Educación de Veracruz, digamos, en alguna cuenta concentradora.
El maestro tiene un nombre y un prestigio, su único patrimonio en la vida, que cuida con pulcritud.
Incluso, sin caer en la tentación material, sino por el contrario, su búsqueda permanente es la riqueza cultural, el conocimiento, la academia, los libros.

Dos. Ronzón “pisó callos”

Ronzón fue invitado a trabajar a la UPAV por su amiga y antigua jefa, Maribel Sánchez Lara, nombrada rectora de la UPAV en el bienio azul.
Ellos se conocieron en la Universidad del Valle de México, campus Veracruz, donde también ella era rectora, luego de su estadía rectoral en la UVM de Nuevo León.
Y sabedora de su capacidad y honestidad lo designó director regional en la zona de Veracruz-Boca del Río.
Y el maestro pisó “callos”, por ejemplo, cuando descubrió los trastupijes académicos, entre otros, los siguientes:
La venta de títulos. La venta de calificaciones. La venta de asistencias. Las cuotas a los alumnos, hasta por respirar. Los maestros “barco”. Profes faltistas. Profes, digamos, que se pasaban de tueste como facilitadores. Profes, muchos, sólo por twitter y facebook.
La usurpación de salones de clases, incluso, de las oficinas de la UPAV, en las recámaras de casas habitación. Y en el garage. En el patio.
El colmo: el anuncio promocional colgado del tronco de un árbol callejero.
Así funcionaron en el duartazgo.
Y Ronzón, con la venia de la rectora de la UPAV, metió orden.
Y como es lógico, “la mafia en el poder” brincó. Y hasta le organizaron, quizá con el visto bueno superior, una marchita de doce, trece personas, sosteniendo una bambalina clamando y proclamando la leyenda de “¡Fuera Ronzón!”.
He ahí el llamado “sexenio del cambio”.

Tres. Ruindad del “gobierno del cambio”

La rectora de la UPAV fue despedida, de igual manera, digamos, que Clementina Herrera en la secretaría de Finanzas y Planeación.
Sin ninguna explicación, pues.
Incluso, en nombre, digamos, de las facultades metaconstitucionales que desde el siglo pasado caracterizan al sistema político tan corrupto que padecemos, donde el jefe máximo es el jefe y el jefe, ya se sabe, manda. Y manda de forma unilateral. Y si se equivoca, vuelve a mandar, pese a quien le pese.
Más que gobernante, el jefe en turno se vuelve el dueño o el gerente de una hacienda porfirista, donde los jefes, por cierto, ejercían hasta el derecho de pernada, como lo retrata Juan Rulfo en su novela “Pedro Páramo”, filmada por John Gavin, el playboy del siglo anterior.
Desde alguna zona sórdida del poder, han querido enlodar a la doctora Maribel Sánchez Nava, diciendo, ¡cómo no!, que de pronto, zas, descubrieron posgrados “patito” y que, oh paradoja, renunció porque aceptó un cargo en una universidad extranjera.
Ni uno ni lo otro.
Infamia. Calumnia. Difamación. Exhibir al otro, a los otros, a los demás, como característica del ejercicio del poder bienal.
Rudeza innecesaria. Y más, porque en el trono imperial y faraónico, el jefe máximo, dueño del día y de la noche, ha de ser prudente y mesurado, estadista del más alto nivel.
Y si la exrectora fue despedida, Ronzón, maestro capaz y honesto, y leal, se irá, o de plano, ya renunció.
En la SEV, quieren bufones y eunucos de las neuronas.
Y si al profe Carlos Ronzón le está lloviendo el fuego amigo y/o enemigo filtrando en los medios que se fregó quince millones de pesos expresa la ruindad y la calaña del llamado “gobierno del cambio”.

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