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Escenarios : “La corrupción somos todos”

LUIS_VELAZQUEZ

  • AMLO, el purificador insólito
  • El ADN del mexicano…

 

Luis Velázquez

16 de agosto de 2018

 

UNO. “La corrupción somos todos”

 

Cierto, la población está harta, fastidiada, irritada con tanta corrupción oficial.

Por ejemplo:

El sábado en el crucero de una calle de Boca del Río, un agente de Tránsito detuvo a un automovilista. El argumento: que a las doce del día no prendía una lucecita trasera del coche.

Y luego de alegatos, dimes y diretes, y de que dame tu licencia de manejar y que el carro queda detenido y que lo llevaré al corralón, el chofer le dio mil pesos y el agente fue el hombre más feliz del Golfo de México.

El fin de semana, un policía sorprendió a un chico miccionando en la calle, porque luego de unos tragos en la cantina y de regreso a casa la urgencia urinaria le ganó y ni modo, que le caen.

El poli lo dejó ir a cambio de quinientos pesos.

Si un ciudadano solicita un documento en una oficina pública y lo quiere para dentro de una semana, ningún centavo cuesta.

Pero si lo necesita y/o le urge para el mismo día, entonces, el servicio rápido y eficiente se cotiza entre doscientos y cuatrocientos pesos… según la naturaleza del oficio.

Antes, mucho antes, algunos burócratas solían pedir para el refresquito o la chela si entraban en confianza, pero desde hace un ratito, el servicio ya tiene precio, sin ninguna rebaja.

Por fortuna, cuando se tramita y/o actualiza la credencial de elector el ciudadano ha de formarse en la fila y esperar turno.

Pero, bueno, ahora cuando AMLO abandera como la razón fundamental de su presidencia de la república el combate feroz y atroz en contra de la corrupción, pareciera que nunca podrá revertir el hábito y la costumbre en el caso de los agentes de Tránsito y los policías y los burócratas.

Claro, tampoco la corrupción de los políticos.

 

DOS. AMLO, el purificador

 

Y más por lo siguiente:

Según Transparencia Internacional, en el año 2000, cuando el panista Vicente Fox Quesada entrara a Los Pinos, el país estaba en el lugar número 53 del ranking de corrupción en el mundo.

6 años después, Fox dejó a México en el lugar número 70.

Y 6 años después, Felipe Calderón hundió más al país en la fama pública de la corrupción y lo dejó en el lugar número cien.

Y con el priista Enrique Peña Nieto estamos, por ahora, en el lugar número 135 de un total de 175 países evaluados por el Banco Mundial y Transparencia Internacional.

Es decir, que en los próximos tres meses y cachito del fin del sexenio, bien podríamos brincar al número 136, mínimo.

Y es que la corrupción política es histórica, tradicional y longeva, y ni modo que en 6 años, AMLO purifique al país, aun cuando, claro, ha de reconocerse que por lo pronto ya purificó a Manuel Bartlett Díaz, Napoleón Gómez Urrutia, Germán Martínez y a René Bejarano, entre otros, y lo que de hecho y derecho, claro, significa un milagro.

Pero purificar, por ejemplo, a Javier Duarte y a uno que otro duartista presos en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México y en el penal de Pacho Viejo, acusados de desvío de recursos y de desaparición forzada, está en chino.

Bastaría recordar: en los casi 6 años de su sexenio, Duarte y los suyos crearon 400 (cuatrocientas) empresas fantasmas para hacer y deshacer con el erario.

Además, y lo insólito, con el visto bueno, todo indica, del presidente de la república y los secretarios de Hacienda y Crédito Público.

Por eso, sólo, digamos, los morenistas creen, están seguros, de que con la llegada de todos ellos a la presidencia de la república y a cinco gubernaturas y al Congreso de la Unión y a uno que otro Congreso local, los políticos de todos los partidos se purificarán.

¡Hosanna, hosanna!

 

TRES. El corrupto cargamento de oro

 

La corrupción tiene raíces tan profundas que, por ejemplo, nada impresionan más los regalitos de Moctezuma II a Hernán Cortés cuando hace casi quinientos años desembarcara en las playas de Chalchihucan y lo tentó con oro, anticipándose al presidente Álvaro Obregón, quien siempre decía que “ningún general resiste un cañonazo de 50 mil pesos”.

En el libro “Díaz, jerarca de México”, el reportero norteamericano James Creelman refiere la siguiente lista de los obsequios con que Moctezuma corrompió a Cortés:

“Artículos de oro y plata del tamaño de una rueda de carreta. Un cargamento lleno de granos de oro puro. Diez cadenas de oro con relicarios. Un arco y doce flechas de oro. Toda suerte de adornos y prendas maravillosamente trabajadas.

En nombre de Moctezuma, sus enviados espaciales rogaban a Hernán Cortés y a los españoles que no se acercaran a la gran Tenochtitlán.

Entonces, una y otra vez, el emperador azteca mandó procesiones de hombres cargados de regalos para ponerlos a los pies de Cortés”.

Cortés, sin embargo, despertada la ambición por el oro, siguió caminando y según Bernal Díaz del Castillo, derrotó con sólo 400 hombres a los 50 mil guerreros comandados por Xicoténcatl, el general en jefe tlaxcalteca”.

 

CUATRO. El ADN del mexicano

 

El politólogo Carlos Ronzón Verónica dice que el ADN de la corrupción está en la sangre de los políticos encumbrados, aquellos que tienen un cargo medio o superior, con recursos presupuestales y con empleados a su servicio.

Por eso mismo, la historia demuestra que cada 6 años en el caso de la presidencia de la república y las gubernaturas y cada 4 años de las alcaldías aparecen nuevos ricos y mejores fortunas familiares.

Y en los 21 siglos de gobierno en el país, tanto en los tiempos indígenas, españoles, franceses y mexicanos, nadie, absolutamente nadie ha frenado la corrupción, y ni modo que en los próximos 6 años AMLO acabe con un hábito, una costumbre, una práctica, tan arraigada en el corazón y en las neuronas de las elites políticas.

Por lo pronto, mil veces preferible dar los mil pesos a un agente de Tránsito y los 500 pesos a un policía y los 200 pesos a un burócrata antes, mucho antes, del tortuoso camino burocrático que ha de recorrerse.

 

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