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Escenarios : La hora de la cuija

LUIS_VELAZQUEZ

  • Santeros en el circo
  • Secretaría del Karma

 

Luis Velázquez

13 de septiembre de 2018

 

UNO. La hora de la cuija

 

Es la hora patria con la Cuarta Transformación del País de creer en los médiums, en los espíritus, en los seres extraterrestres, en la cuija, en la energía cósmica y hasta para sanar enfermedades, en los duendes, en los santeros, en los brujos y en los cronopios.

En aquel tiempo, en el pueblo, la mitad de la población y la otra mitad vivían pendientes de cuatro hechos esotéricos.

El primero: la versión de que todas las noches a la orilla del río Jamapa que cruza el pueblo se aparecía “La llorona” y que, entre otras cositas, estaba arrepentida de los hijos abandonados, porque se habría ido atrás de un hombre.

El presbítero decía que en ciertas noches “La llorona” hacía contacto con los curiosos, devotos y fans.

Entonces, la gente se integraba en grupos y se apersonaba de la orilla del río para esperar el momento estelar, y aun cuando nunca fue posible un contacto significó un capítulo maravilloso para aquella generación.

Incluso, ninguna duda habría de que desde aquel tiempo creyeron por completo en los seres extraterrestres que primero popularizara en México Pedro Ferriz padre y luego Jaime Mausan y desde Televisa.

 

DOS. La muñeca hedionda

 

El segundo instante esotérico en el pueblo era la llegada de la fiesta religiosa anual con sus juegos infantiles como los caballitos, los columpios y las ruedas de la fortuna.

Pero…además, la llegada de un señor que en la feria era el encargado de adivinar el presente y el futuro de los incrédulos a través de un par de expresiones cósmicas.

A: Una muñeca altísima hecha de madera y pegada con el engrudo utilizado por los carpinteros para pegar madera y que suele despedir un olor fatídico, insoportable y vomitivo.

La muñeca era presentada en público con un vestido de papel china, rojo y rosado encendido, y con una cara de plato donde nadaban unos ojos sin vida, casi casi demoniacos.

Entonces, el pueblo la tocaba y por arte de magia el hombre aquel sacaba un papelito de la manga de la camisa adivinando la suerte.

¡Ah!, pero si la duda asaltaba al iluso, entonces, el hombre tenía un pajarito color amarillo que a una orden suya picoteaba una cajita con un montón de papelitos y sacaba uno donde la suerte era confirmada.

Había, claro, quienes creían con fe ciega en aquel pajarito, sobre todo, las parejas juveniles, creyendo, digamos, que se trataba de la versión popular de los signos zodiacales.

 

TRES. Santeros en el circo

 

Unas dos veces el circo llegaba al pueblo. Y entre su ejército iba una mujer y un hombre que en la mañana, en la tarde y en la noche adivinaban la suerte.

Eran, digamos, una especie de santeros cubanos.

El pueblo, ansioso de creer en un ser superior, pero más aún, descifrar su futuro, pagaba el servicio esotérico y así, digamos, vivía feliz o angustiado durante un buen tiempecito.

Aquellos brujitos eran quizá lo único salvable en el circo pueblerino y aldeano con un león y un tigre ya viejos, quienes caminaban hasta con un bastón, y con unos payasos, pobrecitos, que cada vez repetían sus mismos chistes, y una cirquera, ya excedida de peso, con limitados encantos físicos, causando la impresión de que más que un salto de un columpio a otro en las alturas daría un brinco a la muerte.

Los santeros del circo eran, sin embargo, la novedad, pues parte de la población estaba segura de que les adivinaban la suerte.

Y el pueblo se volvió más esotérico, hablando del karma y “el mal de ojo”.

 

CUATRO. Gitanitas en el pueblo

 

El cuarto y último trance cósmico estaba encarnado por la llegada de los gitanos, tres veces al año.

Y entre aquellos hombres y mujeres errantes y nómadas había gitanitas, ya creciditas, de entre unos quince a veinte años que también caminaban en el pueblo leyendo las líneas de las manos y adivinando la suerte.

Siempre, claro, echaban el mismo chorizo, pero como las gitanitas eran fascinantes causaban revuelo enloquecedor entre los jóvenes y celos entre las chicas.

Y, claro, uno que otro muchachito se echó sus tiliches en un morral y se fue con ellos una vez descubierto el amor de su vida en una gitanita.

La lectura del tarot y los asientos del café en la tasa y la cuija y la lectura de la mano despertaron siempre las más intensas y desbordadas pasiones amorosas.

 

CINCO. Secretaría del Karma

 

Por eso ahora cuando AMLO, el presidente electo, ha declarado que Francisco Ignacio Madero es uno de sus héroes patrios, entre otras cositas, porque fue un apóstol de la democracia, pero también, porque creía en los médiums y los espíritus, igual, igualito que Plutarco Elías Calles, el padrecito fundador del PRI, ninguna duda existe de que este país se volverá más esotérico que nunca.

Nada fácil sería que al ratito fuera creada la Secretaría del Karma o la Secretaría de la Energía Cósmica o la Secretaría de los Médiums o la Secretaría de los Aluxes (el nombre científico de los duendes) para que la república amorosa del tabasqueño alcance dimensión estelar.

Una refundación, pues, del país, considerando que la búsqueda incesante de la felicidad que desea el presidente electo para la población pasa por algunos de los diez mandamientos de la ley de Dios.

No robar. No meter la mano al cajón. No ordeñar la vaca. No matar. No desear a la mujer de tu próximo. No pasarte de soberbia y de tueste. No mentir.

Con tantos efluvios esotéricos, en aquel pueblo que cruza el río Jamapa están listos…

 

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