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Miércoles, 24 de Octubre de 2018
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Escenarios: La trinca infernal

LUIS_VELAZQUEZ

•Viaje al horror
•Impunidad galopante

Luis Velázquez
19 de junio de 2018

UNO. La trinca infernal

La trinca infernal está presa. Javier Duarte, en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México. Y Arturo Bermúdez Zurita, su secretario de Seguridad Pública, y Luis Ángel Bravo Contreras, su Fiscal, en el penal de Pacho Viejo.
Más que los residuos del duartismo, el duartismo puro.
Acusados del desvío de recursos públicos enfrentan un proceso penal. Pero lo peor, acusados de desaparición forzada, “el delito de lesa humanidad” que nunca prescribe.
Y que en el lenguaje universal significa la alianza de políticos, jefes policiacos, policías y carteles y cartelitos, malosos y malandros, para secuestrar, desaparecer, asesinar y sepultar en fosas clandestinas a civiles.
Y en el caso, desaparecer, además, cadáveres, y que fuera cometido cuando tiraban los cadáveres en la barranca de la muerte, “La aurora”, en el municipio de Emiliano Zapata.
Estremece la vida, el corazón, las neuronas, el alma y el hígado ir conociendo con los días y las noches el régimen de terror y horror, de miedo y “de miedo al miedo”, de pánico y angustia, creado y recreado por la trinca infernal en el sexenio anterior.
En los retenes policiacos, las personas eran detenidas y desaparecidas y asesinadas.
En las noches, cuando la policía andaba en rondines, levantaban a las personas que ellos consideraban sospechosas porque iban hablando por celular y las desaparecían y asesinaban y quizá sepultaban en fosas clandestinas en un Veracruz donde 55 municipios están señaladas como cementerios particulares.
Ahora, además, ya se sabe, que también desaparecían cadáveres.

DOS. Viaje al infierno

Los primeros 19 cadáveres desaparecidos fue cuando los arrojaron, en efecto, en la barranca “La aurora”.
Entonces, estaba reciente, escándalo internacional, la desaparición de los 5 jóvenes originarios de Playa Vicente “levantados” por los elementos policiacos de la secretaría de Seguridad Pública en
Tierra Blanca, y desaparecidos y asesinados y reducidos a nada con químicos en un rancho y tiradas las cenizas en un río.
Según las versiones, reveladas por el exdirector de Servicios Periciales y la Fiscal de Xalapa, los dos presos en Pacho Viejo, la orden superior (el Fiscal, Arturo Bermúdez y Duarte) fue desaparecer trece de los 19 cadáveres, uno de los cuales era un policía que, según, habían asesinado los mismos policías y para evitar un escándalo mayor mejor lo reubicaron, muerto, en Alto Lucero.
Y entregaron el cadáver a las huestes de Arturo Bermúdez.
Quiso así Javier Duarte minimizar el asesinato colectivo.
En la tierra de Sergio Pitol, Salvador Díaz Mirón, Jorge Cuesta, Gabilondo Soler, Agustín Lara, Juan Vicente Melo y Salma Hayek, entre tantos otros, la trinca bajó a lo más profundo del infierno y desataron una violencia salvaje, siniestra, sórdida, y por tanto terror y horror y sangre desparramada ahora confrontan un proceso penal.
Las víctimas (y sus familiares) padecieron balas, asesinatos, torturas, ultrajes y en muchos casos, según se afirma, hasta fueron obligados a escarbar su propia fosa clandestina y lo que, y por desgracia, sólo ocurre en las tiranías.
Javier Duarte “era mi amigo, pero yo no sabía lo que hacía” dijo Flavino Ríos Alvarado, diputado local, secretario de Educación, secretario General de Gobierno y gobernador durante 48 días, y el tercer antecesor que Miguel Ángel Yunes Linares encarcelara.

TRES. Impunidad galopante

El duartismo ha sido la peor tiranía en la historia de Veracruz.
Y aun cuando en el discurso azul afirman que tomarán medidas para que nunca, jamás, jamás, jamás, vuelva a ocurrir, la historia demuestra otra realidad avasallante como la siguiente:
Cada 6 años, el país, Veracruz también, se inventa y reinventa. Y cada presidente de la república y cada gobernador llegan con su librito.
De Agustín Acosta Lagunes, 1980/86, con su “Sonora Matancera” a Javier Duarte, Arturo Bermúdez y Luis Ángel Bravo Contreras.
De Gustavo Díaz Ordaz a Luis Echeverría Alvarez.
Ayotzinapa, Tanhuato, Tlatlaya y Nochixtlán, con Enrique Peña Nieto.
San Fernando, Tamaulipas, 72 migrantes centroamericanos asesinados hasta con tiro de gracia con Felipe Calderón Hinojosa.
Nada garantiza, por lo pronto, que con la captura de los 34 duartistas y su trinca infernal, Veracruz quede a salvo del infierno en el futuro inmediato y mediato.
Esta tierra de héroes y poetas, “la noche tibia y callada” de Agustín Lara, está lejos de la utopía social.
A: Los cinco reporteros asesinados.
B: Los tres edecanes y modelos de Amatlán y Córdoba desaparecidas.
C: El matrimonio de Paso del Macho y sus dos amigos desaparecidos luego, se dijo, de una fiesta swinger en el puerto jarocho con la participación de amiguitos malandros.
D: El feminicidio fuera de control, imparable. Veracruz, en el primer lugar nacional en el mes de abril.
E: El asesinato de los 4 niños en una colonia popular de Coatzacoalcos y de los dos niños en Córdoba y del niño y su maestra en Tantoyuca.
F: La impunidad galopante, pues una cosita son los crímenes cometidos en el sexenio anterior y otra, cien años luz, la impunidad institucional.
G: De cuatro carteles en el duartazgo ahora siete disputan la jugosa plaza Veracruz.

CUATRO. El poder ciega

La codicia del poder ciega. El poder, lo dijo aquel, corrompe, y el poder absoluto corrompe de manera absoluta.
Y como demostró la trinca infernal, en el ejercicio del poder los políticos suelen creerse y sentirse dueños del día y de la noche y dueños del destino social.
Inverosímil, increíble, insólito, que Javier Duarte, Arturo Bermúdez Zurita y Luis Ángel Bravo Contreras, ejes rectores, jefes máximos, llegaran a la desaparición forzada de que la yunicidad los acusa y que desde antes, mucho antes, los familiares de las víctimas estaban ciertas y seguras.
Grave, si el resto de los duartistas lo ignoraban y continuaron en el poder.
Más grave, si lo sabían y callaron y se volvieron cómplices.
Igual de grave, o peor, todos los servidores públicos que acataron las órdenes de desaparecer personas, desde funcionarios hasta jefes policiacos y policías.
Grave que el ORFIS, Órgano de Fiscalización Superior, y la Comisión de Vigilancia del Congreso, y la Contraloría y la secretaría de Finanzas y Planeación, nunca, nunca, nunca, se dieran cuenta, ajá, del desvío de recursos.
Veracruz, en el sexenio más cruel y atroz de la historia.
Trece mil millones de pesos, más cargos públicos, a los medios, para tirar incienso al paso de Duarte y compañía.

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