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Escenarios: Los hombres de Cuitláhuac

LUIS_VELAZQUEZ

•Muchos, en la opacidad

•La mayoría, ni fu ni fa

Luis Velázquez

08 de enero de 2019

UNO. Por sus hechos los conoceréis…

Las caras más conocidas de la Cuitlamanía, digamos, los funcionarios más destacados, son, entre otras, los siguientes:

Éric Patrocinio Cisneros Burgos. “El dos del palacio”, secretario General de Gobierno, va a todas. Ingeniero agrónomo, lo mismo corta listón de exposición de caricaturas que inspecciona reencarpetado de calles que entrega medicinas y cobertores en regiones indígenas que rafaguea al Fiscal para tumbarlo y hasta anuncia su caída en dos fechas célebres. Su activismo ya tiene interpretación política según el profe Carlos Ronzón Verónica: busca la candidatura a gobernador en el año 2024, y/o en caso de que Cuitláhuac García sea llamado al gabinete de AMLO quedarse con la silla embrujada del palacio.

Zenyazen Escobar. Ex diputado local, famoso por su vocación strippera en la juventud, con dos maestrías fast track al cuarto para las doce, secretario de Educación busca coronarse campeón beisbolero (el deporte favorito de AMLO) con el mayor número de denuncias en contra de su antecesor Enrique Pérez Rodríguez. Que otorgó plazas a sus cuates y a él mismo. Que dejó 700 escuelas inconclusas. Que hay muchos laudos laborales pendientes. Que dejó cochinero en la UPAV. Que tronó la calidad educativa. Ni siquiera, vaya, el secretario de Salud, conocido como “El besucón”, lo empata y eso que ha denunciado en el carril mediático a sus antecesores, llegando, incluso, al Fidelato con sus secretarios de Salud.

Hugo Gutiérrez Maldonado. Con un par de maestrías y un doctorado, que ni se sienten ni perciben, secretario de Seguridad Pública ha tenido tres momentos estelares. El primero, la emboscada a los migrantes guatemaltecos en los límites de Isla y Rodríguez Clara, donde una mujer fuera asesinada y quedaran cuatro heridos, entre ellos, un niño. El segundo, con los 151 asesinatos que van, entre ellos, veintitrés feminicidios. Y el tercero, el más sórdido y siniestro, el caso Actopan. Para su fortuna, “El dos de palacio” salió en su defensa. Pero, bueno, puso en vigencia el dicho de “no me ayudes, compadre”, porque hasta Cuitláhuac desmintió a uno y otro. Quizá, manotazo desde el Palacio Federal.

DOS. “El orgullo de mi nepotismo”

Roberto Ramos Alor. Secretario de Salud, desde antes de tomar posesión “se le cocían las habas” (frase célebre de Cuitláhuac García, a tono, digamos, con “me canso, ganso”) para exhibir y desacreditar a sus antecesores. Que hay crisis humanitaria de salud pública. Que hay hospitales inconclusos. Que hay Centros de Salud fuera de servicios. Que desviaron recursos. Al momento, ni una denuncia penal. Puras cacayacas gritoneras en la cancha mediática. Envuelto en su bata, con su bigotito y barbita, parece la caricatura de un niño pérfido.

Juan Javier Gómez Cazarín. Antiguo vendedor de automóviles en el sur de Veracruz, sin mayor trayectoria política, partidista ni pública, fue impuesto, dedazo de Zenyazen Escobar, se afirma, como jefe máximo de la Junta de Coordinación Política de la LXV Legislatura, con mayoría simple de MORENA. Su más alta virtud, la servidumbre al gobernador. Y por añadidura, a Zenyazen, su esposa, jefe de Transparencia en el Congreso, nepotismo puro. Su mayor logro, disciplinar a trío de diputados del PAN (Bingen Rementería, Marijose Gamboa Torales y Marigraz) para aprobar la iniciativa de ley de la austeridad.

Juan José Pozos Castro. Diputado local de Morena, antes militó en el PRI (donde fuera diputado federal), PRD y PAN. Líder de los políticos camaleónicos, su triunfo emblemático es el nepotismo para imponer a uno de sus hijos como subsecretario de Finanzas y Planeación. Igual que José López Portillo, levantó la mano para gritar que su hijo “es el orgullo de mi nepotismo”. Y los envidiosos y quisquillosos… que se emberrinchen. Igual que el lema de Chedraui, “la familia es primero”. Y si hay protestas, estando bien con Dios (Cuitláhuac) los ángeles y arcángeles pueden patalear. Ya se cansarán.

TRES. El síndrome de Blanca Nieves

Amado Cruz Malpica. En la LXV Legislatura hay veintiséis diputados locales de Morena, el PT y el PES. Salvo Gómez Cazarín y Pozos Castro, quizá por los cargos encumbrados, el 90.5 por ciento restante, en las sombras. Claro, vivir en las sombras o con bajo perfil, también es negocio. Levantar el dedo, es productivo. Unirse al coro, deja mucho. Con todo, la experiencia, la trayectoria, la biografía social y política, el conocimiento y el dominio de la tarea legislativa, la prudencia y la mesura, las relaciones con las figuras emblemáticas de la izquierda (Cuauhtémoc Cárdenas, Gloria Sánchez y Andrés Manuel López Obrador), enaltecen por completo al diputado Amado Cruz Malpica, así lo hayan relegado por órdenes de la Cuitlamanía. Además, con insólita capacidad para aguantar la adversidad. Político honesto y austero, impresiona su resistencia moral. Por eso, recuerda la metáfora de los sapos que brincan y el cocuyo que vuela y alumbra.

Son quince secretarías del gabinete legal del gobierno de Veracruz. Y el resto de los titulares, treinta y nueve días en el limbo. Haciendo antigüedad, diría un policía de guardia, sentado en su silla, sin moverse, para distraer la atención.

Nadie dudaría de que, bueno, cumplen la tarea, viviendo en gerundio, es decir, planeando y planeando, sin aportar, digamos, hechos y acciones a la dirección de Comunicación Social para un boletincito, aunque sea de sociales, la especialidad de la casa.

Al momento, ni hay secretarios estrellas ni favoritos parece, ni defensores a ultranza, salvo, claro, la secretaria de Turismo, Xóchitl Arbesú Lago con el caso Actopan.

Tampoco hay, parece, secretarios explosivos, ni escandalosos, ni estrategas, ni operadores, ni con puestos relevantes en el pasado.

Las mejores virtudes y atributos de ellos, en la estratosfera, gravitando alrededor del sistema solar llamado Cuitlamanía, el jefe de jefes, el gurú, el tótem, el tlatoani, el Veracruz de un solo hombre, casi casi, dice el politólogo Carlos Ronzón Verónica, el síndrome de Blanca Nieves y los 7 enanitos, donde todos son, claro, enanos, y solo brilla la reina.

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