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Lunes, 11 de Diciembre de 2017
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Escenarios: Malandros en su casa

LUIS_VELAZQUEZ

•El gran río de sangre
•Solalinde… está rezando

Luis Velázquez
29 de agosto de 2017

Uno. Veracruz, el infierno

José Alejandro Solalinde siempre está en pie de guerra. Camina. Denuncia. Levanta la voz. Toca puertas. Crea una sucursal de su albergue en Veracruz. Destapa y redestapa a “El peje” como candidato presidencial, casi casi ya en Los Pinos. Y dispara a la luna. Veracruz, dice, igual que antes, en el infierno.
Más reporteros asesinados. Más personas desaparecidas. Más migrantes a quienes les cortan los dedos y envían a sus familias en América Central para cobrar un rescate. Más policías y carteles aliados.
El único cambio, asegura, es que los colores de un partido salieron del palacio imperial y faraónico de Xalapa y otros colores entraron. Del rojo a una combinación. El rojo y el azul.
Y de ahí para adelante, el infierno.
Incluso, acompaña a las madres del Solecito al gigantesco cementerio clandestino en el terreno anexo al Frac. Colinas de Santa Fe, en el puerto jarocho.
Y oficia misa. Y reza. Y sigue rezando. La oración (Juan Pablo II rezaba ocho horas diarias) como la única medicina que cura, o puede curar, las almas atormentadas por los hijos secuestrados y desaparecidos, quizá asesinados, acaso sepultados en fosas clandestinas.
Y, bueno, la oración y la misa crean, acaso, un milagro en el corazón humano. El consuelo. La esperanza. La lámpara votiva en el más allá, en el otro mundo, en el otro lado del charco. Pero los desaparecidos, y por desgracia, desaparecidos siguen.
Veracruz, el gran río de sangre, el insólito valle de la muerte.
Y más, cuando, y como dice Solalinde, los carteles se están refundando. Y al refundirse, cobran nueva vida. Alcanzan más operatividad.
Simple y llanamente, continúan vigentes en la jugosa plaza Veracruz. La autopista del sur al norte. Los tres puertos marítimos, Coatzacoalcos, Veracruz y Tuxpan. El montón de pistas clandestinas,
las más conocidas, con la matanza de judiciales en el Valle de Uxpanapa y de policías en “La víbora” en los Llanos de Sotavento.
Y de ñapa, desde hace ratito, Veracruz dejó de ser productor de droga para convertirse en consumidor.
Un jugoso negocioso al que se han añadido otros más. Entre ellos, el negocio de los migrantes, a quienes tanto defiende Solalinde. El secuestro y el secuestro express. La extorsión vía telefónica. La venta de protección. El cobro del llamado “derecho de piso”.
Y de paso, los narcopolicías, sabrá el Señor Todopoderoso, si los narcopolíticos.

Dos. Malandros en su casa

Pancho Céspedes da concierto sabatino en la capital y dice:
“La vida está en Xalapa”.
Pero ni Solalinde ni tampoco las madres del Solecito se la creen.
Y es que la vida ni está en Xalapa con tantas guardias vecinales integradas por ellas mismas para defender con rondines y vigilancia sistemática sus vidas y bienes, ni tampoco está en el resto de un Veracruz donde los malandros pasean como si en su casa.
Y en donde, además, muchos, demasiados, excesivos poblados, igual que en el duartazgo, han creado reales Estados de Sitio, pues apenas pardea las familias se concentran en sus casas.
“No salgan”, les han recomendado los mismos presbíteros.
Y si salen, como en otro barrio de Xalapa, se arman de lo que pueden y salen acompañados para cumplir el pendiente.
Entonces, el arzobispo Hipólito Reyes Larios también pide a los feligreses rezar.
Rezar, digamos, para detener las balas como cuando las huestes de Miguel Hidalgo y también de Pancho Villa agarraban como escudo una estampita de la Virgencita de Guadalupe y se lanzaban al campo de batalla.
Por eso, una realidad atroz y cruel se impone:
Si al duartazgo nunca, jamás, interesó la vida humana, tampoco a la yunicidad.
Y si al duartazgo sólo ocupaba y preocupaba el desvío de los recursos oficiales, tanto estatales como federales, a la yunicidad únicamente interesa el nepotismo.
Y si el duartazgo soñaba purificarse a través del discurso y de paso armar show mediático alardeando la captura de una banda y otra y otra, a la yunicidad de igual manera.
Ahora, claro, una reunión dominical para el balance de la lucha abierta y frontal contra los malandros, con todo y que la vida ha empeorado.

Tres. La oración como medicina

El desdén como eje singular del bienio azul.
Lo dijo el Fiscal Luis Eduardo Coronel Gamboa:
“¿Cuál prisa… si los desaparecidos… desaparecidos están?”.
Y casi tres meses después, ahí sigue.
Lo expresó el Fiscal general elegido para nueve años con su menosprecio a los Colectivos a través, además de sus tuits y facebook, y nada pasó.
Lo ha reiterado el secretario de Seguridad Pública reprochando a los medios que sólo miran lo negro.
Lo ha manifestado el gobernador diciendo que “es fácil criticar desde afuera”.
Okey.
Pero los hechos mandan. Y los hechos resumen el infierno que se vive y padece en Veracruz nueve meses después:
Ocho duartistas presos, nueve con Javier Duarte, y en contraparte, la vida prendida con alfileres.
La Fiscalía del resentimiento, el odio y la venganza, y en contraste, la procuración de la justicia que siguen reclamando los Colectivos.
Diecinueve reporteros y fotógrafos asesinados en el sexenio anterior y tres que ya van en el actual. Cuatro periodistas ejecutados en el primer año de Duarte y tres en los casi nueve meses del Yunes azul.
Y lo más grave: si en el duartazgo había marchas de familiares de las víctimas desaparecidas, ahora, y ante la represión (Topacio, los indígenas de Atzompa, las guardias comunitarias de Las Choapas, etcétera), se reducen a orar.
Solalinde y el Solecito rezando en “Colinas de Santa Fe”.

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