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Miércoles, 18 de Julio de 2018
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Escenarios: Nepotismo de Juárez

 

LUIS_VELAZQUEZ

 

•Nepotismo de Porfirio Díaz
•Nepotismo en Veracruz

Luis Velázquez
23 de junio de 2018

UNO. AMLO contra el nepotismo

AMLO ha tronado en contra del nepotismo. Se ha lanzado en contra de un trío de gobernadores por imponer a esposa e hijos como candidatos a la silla embrujada de palacio.
Rafael Moreno Valle, ex de Puebla, a su esposita.
Graco Ramírez, mandatario en Morelos, a su hijastro.
Y Miguel Ángel Yunes Linares, a su primogénito en Veracruz.
Nunca, claro, ha aceptado que sus tres hijos mayores son mandamases en MORENA. Y hasta andan raspados con parte de las elites políticas de la izquierda.
El tabasqueño repite como padrenuestro que sólo desea ser igual como presidente de la república a Lázaro Cárdenas, Francisco Ignacio Madero y Benito Juárez.
Su mayor referencia está en Juárez. Su único pecado ha dicho fue reelegirse durante catorce años y que provocara la ruptura con la mayor parte de los hombres de la Reforma (Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Francisco Zarco, Guillermo Prieto, etcétera), “aquellos hombres que parecían gigantes.
Pero Juárez también resbaló en el nepotismo, la tentación imperial y faraónico que significa heredar el poder a los familiares, desde la esposa hasta los hijos, hermanos, parientes, compadres y barbies, todos ellos, “parientes sospechosos de ambición” desmedida.
El historiador y político, Francisco Bulnes lo cuenta en su libro “El verdadero Díaz y la revolución”.

DOS. “Yo con todos y todos conmigo”

Otro de los axiomas de Juárez, además, claro, de que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, era el siguiente:
“Yo con todos y todos conmigo”.
Digamos, las puertas abiertas de MORENA “a tirios y troyanos”. Torre de Babel le llama el politólogo Carlos Ronzón Verónica.
Juárez, claro, “no temía a los hombres de talento” dice Bulnes, pero “los halagaba” sin cesar, y, bueno, si en la vida privada pocos, excepcionales resisten un halago, más, mucho más en la vida pública. La vanidad y la egolatría forman parte de la naturaleza política.
Benito Juárez, por ejemplo, incurrió en los siguientes actos de nepotismo.
Su primer yerno, el cubano Pedro Santacilia, fue nombrado su secretario particular con altísimo sueldo.
A su segundo yerno, Pedro Contreras Elizalde, lo encumbró como diputado federal.
Su tercer yerno, Delfín Sánchez Ramos, de origen español, gozó de contratos privilegiados en la compra de armas a la secretaría de Guerra.
El hermano de su tercer yerno, José Sánchez Ramos, también traficó influencias y entró en el conflicto de intereses, pues vendía los fusiles Remington, de la afamada casa norteamericana, al gobierno juarista.
Su concuño, José Maza, fue designado jefe máximo en la administración pública.
Apenas Manuel Saavedra se puso de novio con una de sus hijas lo nombró Ministro de Gobernación.
Lo peor de Juárez fue que en aquel tiempo, dice Bulnes, “apenas si alcanzaban las rentas para pegar al ejército sostenedor de las continuas reelecciones de Juárez”.
Es decir, el nepotismo en su dimensión estelar.
Concluye Bulnes sobre Juárez:
“En todo gobierno se gobierna más con favores que con leyes”.
Por eso, ningún fijón con que en Puebla, Morelos y Veracruz, la esposa, el hijastro y el hijo sean candidatos a la gubernatura.
Juárez puso el ejemplo.

TRES. Nadie resiste el nepotismo

El otro héroe, modelo de conducta política, de AMLO es Francisco Ignacio Madero.
Pero Madero también resbaló con el nepotismo.
El más ilustre caso fue con su hermano Gustavo, quien era ultra contra súper ministro sin cartera.
Jefe máximo, el gabinete legal y ampliado se le cuadraba.
Tanto resentimiento y odio sembró en el general Victoriano Huerta, el gran chacal del maderismo, que antes de ordenar el asesinato de Madero y su vicepresidente, José María Pino Suárez, ordenó que a Gustavo le sacaran un ojo.
¡Ah!, pero el primer acto de gobierno de Madero apenas, apenitas tomara posesión fue indemnizar a su familia por las haciendas y bienes expropiadas en la revolución, aun cuando en contraparte, nunca, jamás, digamos, pagó a otros terratenientes los estragos causados.
Y es que según el profe Ronzón, el nepotismo y la monarquía imperial y faraónica está en el ADN de los políticos mexicanos.
Bastaría referir que el otro héroe de AMLO, José María Morelos, envió a su hijo Nepomuceno a estudiar en Estados Unidos y lo paseó en el resto del mundo, aun cuando entró a la historia como un traidor más porque “se le tiró al piso” a Maximiliano de Habsburgo y hasta fue su cabildero diplomático tanto en el país como en el extranjero.
De nada valió, entonces, que Morelos fuera asesinado por los realistas que servían al imperio español.
Nepomuceno se entregó al imperio francés.

CUATRO. Porfirito, el hijo de don Porfirio

Según Bulnes, el campeón del nepotismo fue Porfirio Díaz Mori.
Por ejemplo, su hijo a quien el gabinete llamaba “Porfirito”, fue nombrado fast track teniente coronel, en tanto el dictador nombró general a su sobrino Félix Díaz.
Y durante los 33años de la dictadura, Porfirito fue beneficiado con la construcción de la obra pública más importante, sin que nadie chistara.
Pero más todavía:
Para disimular su fortuna y “conservar la forma democrática representativa”, Porfirito también vendía quesos, “los famosos quesos de ‘Paté’, muy apreciados por la gente de delicado paladeo”.
Y mientras Juárez “halagaba a los intelectuales”, Porfirio Díaz decía que “a esa gente es preciso tenerla siempre colgada de la tripa”.
Ningún intelectual, por ejemplo, se enriqueció con el afecto o la política de Porfirio Díaz, como, y por ejemplo, se enriquecieron tantos en los sexenios de Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari.
El dictador fue, además, muy generoso con muchos de sus paisanos de Oaxaca a quienes encumbró en el poder público.
En 1886, la Cámara de Diputados estaba integrada por 227 legisladores federales y de los cuales 62 eran oaxaqueños.
Además, en el gabinete legal tenía a oaxaqueños como secretarios de Relaciones Exteriores y de Hacienda, y a otros paisanos en la administración del Timbre, la Aduana de la capital, la oficina impresora del Timbre, la administración del Timbre en el puerto jarocho, y a su jefe del Estado Mayor Presidencial.
Es decir, el amiguismo puro, pues la cultura política incluye repartir el poder entre los cuates.
A partir de ahí, el resto del gabinete de Porfirio Díaz también “se despachó con la cuchara grande” en el nepotismo, aun cuando el campeón de campeones fue el exquisito secretario de Hacienda, José Ivés Limantour, quien, y por ejemplo, impuso por dedazo a su suegro, Eduardo Cañas, como Senador de la República sólo porque su esposita se lo pedía.

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