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Escenarios: Ranking de la impuntualidad

LUIS_VELAZQUEZ

•Los médicos, campeones
•Apostolado de un doctor

Luis Velázquez
27 de septiembre de 2018

UNO. Ranking de la impuntualidad

Nadie como los médicos ganan el ranking nacional de la impuntualidad con todo y el “Manuel de Urbanidad y Buenas Maneras”.
Por lo general, en las consultas particulares hacen esperar hasta dos y tres horas al paciente.
Con todo y que cobran de 800 a mil pesos la consulta.
La secretaria suele otorgar la cita a una hora determinada y si bien va al paciente lo atienden una hora después.
¡Ah!, y siempre, claro, hay razones de peso.
Que se le presentó un imprevisto y está operando con todo y que llegan tarde al consultorio hasta con la raya de la almohada en la cara.
Que se atrasó en el IMSS y/o en el ISSSTE, donde también laboran.
Que está en un examen profesional en la facultad de Medicina, donde además imparten clases.
Que un enfermo les llamó de última hora y ni modo, han de atenderlo.
Se trata, con excepciones, de una constante, y como el médico manda, ha de aguantarse vara y esperar.
“Usted me dijo que sería el primero” se le dice a la secretaria y ella tan campante, y teniendo el chirrión en la mano, se justifica diciendo que fue una emergencia.
El caso es que gran parte de los doctores son campeones en el ranking de la impuntualidad.
Y más, en un país donde por lo regular, la mayoría de la población lo es y siempre la gente llega tarde a las citas, así sean fiestas particulares.
Es el ADN de los mexicanos diría Octavio Paz en “El laberinto de la soledad”.

DOS. Andar corriendo todos los días

Desde luego, los médicos son admirables. La mayoría suele trabajar mucho, demasiado, robando, incluso, horas al día a la familia y en la noche para el descanso.
Por lo regular, inician la tarea diaria hacia las 7 de la mañana en un hospital público, IMSS, ISSSTE, PEMEX, por ejemplo.
Y llegan, claro, puntualitos, pues han de checar tarjeta.
Luego, salen corriendo a la clase en la facultad de Medicina, y después, a su consultorio, donde los pacientes han de esperar, pues simple y llanamente, se les necesita y, claro, ellos también necesitan, digamos, descansar un ratito.
Y hacia la noche, todavía tienen energía de sobra para atender alguna emergencia en un hospital privado.
Okey.
Han de llevar la torta a casa.
Lo bueno es que la población está acostumbrada a hacer cola para todo.
“Cola”, incluso, hasta para comprar el boleto para la función de cine.
“Cola” para esperar el autobús urbano de pasajeros.
“Cola” para cobrar la pensión aunque se vaya en silla de ruedas o cargado a pilonchi.
“Cola” para cobrar un chequecito en los bancos.
“Cola” para comprar el boleto en el ADO.
Etcétera.
Y desde tal mirada, ni hablar, “la cola” para esperar al médico particular nada tiene, o tendría, de raro y especial.
Es el ADN del mexicano.
Y ni modo de enojarse y salir huyendo del consultorio del doctor pues la salud está de por medio.
“La vida es así y qué le vamos a hacer”.

TRES. Apostolado de un doctor

En el pueblo, Soledad de Doblado, en la segunda mitad del siglo pasado existía un doctor extraordinario.
Vivía única y exclusivamente para el consultorio médico, sin andar corriendo del IMSS, al ISSSTE, al hospital de PEMEX, etcétera.
Tampoco sin andar corriendo cada día a la facultad de Medicina para impartir clases.
Segundo, carecía de secretaria y él mismo llevaba su agenda de consultas impartidas en la mañana y en la tarde.
Y siempre, salvo excepciones, recibía a cada paciente según fuera llegando.
Además, la fama pública de que a la primera era acertado, puntual, para curar.
Y en caso de una operación, agotaba el tratamiento médico hasta el final.
Insólito, siempre acudía a las recetas caseras para curar al paciente.
Y siempre acertaba.
El doctor Agustín Aguilar Rodríguez era bajito de estatura, blanca la piel, azules los ojos, voz de un médico bonachón que, incluso, solía curar hasta con la vocecita apapachadora.
Sin posgrados, maestrías o doctorados y sin el consultorio repleto de diplomas de cursos nacionales o internacionales compradas en la plaza Santo Domingo de la Ciudad de México fue un médico fuera de serie.
El apostolado, en su máxima dimensión.
Nadie como él, ni antes ni después en el pueblo.
Y, bueno, hay quienes viejitos y chamanes suelen asegurar que los tiempos anteriores siempre fueron y han sido y son mejores que el presente.

CUATRO. Pronto todos seremos felices…

Ninguna ley obliga a los doctores, tampoco la Comisión Estatal de Arbitraje Médico, creada cuando Miguel Alemán Velasco gobernaba Veracruz, para ser personas puntuales.
En todo caso, y sin entrar en disputa, se trata de un acto de conciencia regido por el profundo, inalterable respeto al tiempo de los demás.
Y más, cuando son pacientes.
Y pacientes, en estado grave.
En el tiempo priista, el país cuando gobernaba un solo partido político, un funcionario público decía que esperar es una forma de hacer política.
Y así hacía esperar a todo mundo, en muchos casos para demostrar el peso de la ley, el músculo, la mano empuñada.
El tiempo electoral y social ha cambiado y en el horizonte inmediato, a partir del mes de diciembre, la nueva generación política en el poder cacarea la república amorosa, la Constitución Moral y la Cuarta Transformación del País, donde alcanzará la utopía de crear y recrear un pueblo donde todos sean felices.
Dicen que se trata de una revolución de conciencia, cuando cada 6 años, todos sabemos, el país se reinventa porque los buenos ya llegaron, iluminados y enviados de Dios.
Ajá.
Bendiciones para quienes crean…

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