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Escenarios: Rebasado Téllez Marié

LUIS_VELAZQUEZ

•La vida, con alfileres
•”Los harapos de mi patria”

Luis Velázquez
09 de mayo de 2018

UNO. Rebasado Téllez Marié

En política, dice el doctor en Sociología, Carlos Ronzón Verónica, todo tiene una rentabilidad. Y un tiempo. Y un tiempo de caducidad.
Y por eso mismo, asegura que diecisiete meses y 10 días después, el secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez, ya perdió el encanto.
Simple y llanamente, el principio de Peter lo rebasó. La incertidumbre, la zozobra y la violencia siguen. Igual que en el duartazgo. O peor. Y peor, porque la yunicidad levantó muchas expectativas.
En Córdoba, por ejemplo, han asaltado a comensales en una taquería. Asesinaron a una persona en un balneario delante de niños y mujeres. Mataron a dos niños, uno de ellos, una niña en una plaza comercial… que porque el padre tenía la culpa pues era malandro y paseaba con su hija. Y lo último, despojaron de sus pertenencias a los feligreses de una iglesia.
En el lado oficial cacarean que los malandros se están matando entre sí, de igual modo como siempre justificaba Javier Duarte.
Y mientras Arturo Bermúdez Zurita, el ex titular de la SSP preso en el penal de Pacho Viejo, nunca lloró, Téllez Marié terminó llorando en una rueda de prensa porque ha descuidado a su familia persiguiendo, ajá, a delincuentes.
Ojalá y en el mes de diciembre le entreguen la medalla “Adolfo Ruiz Cortines”, la mismita que el año anterior fue correspondida a los secretarios de la Defensa y la Marina, y el otro año a las ONG y colectivos de padres de desaparecidos.

DOS. La vida, prendida con alfileres
El PAN fue expulsado de Los Pinos porque Felipe Calderón dejó 150 mil muertos a partir de cuando lanzara a los soldados y marinos a combatir a los barones de la droga.
Con Enrique Peña Nieto ya van 120 mil muertos.
El PAN lanzó del palacio de gobierno de Xalapa al PRI, representado por Javier Duarte en la silla embrujada, por el saqueo y la inseguridad, dos temas que juntos hicieron dinamita.
Ahora, la vida sigue prendida con alfileres. Y nadie está seguro. Incluso, ni los empresarios con escoltas.
El titular de la SSP se desgastó en un dos por tres.
Perdió el control que desde el poder político suele tener un funcionario a cargo de veintidós mil policías, miles de agentes de Tránsito y los 18, 19 penales regionales.
Excesivas tareas para un solo hombre y que, ni hablar, explica la absurda concentración del poder público.

TRES. “Los harapos de mi patria”

En un lado del carril, la rebatinga por la jugosa plaza Veracruz con siete carteles enfrentados.
Y por el otro, la delincuencia común. Veracruz, en el segundo lugar nacional en robo de automóviles.
Japón, emitiendo la alerta roja sobre la tierra jarocha por la inseguridad de sus paisanos.
En las plazas comerciales, el anuncio de las empresas pidiendo a los clientes cuiden sus cosas durante su permanencia.
En los bancos, ofreciendo auxilio policiaco a los clientes que así lo deseen para llegar a sus autos.
En las iglesias, los obispos organizando marchas pacíficas con los feligreses en las calles clamando paz y tranquilidad.
Y en las homilías, los sacerdotes pidiendo a los feligreses se abstengan de salir de noche porque en la noche las calles son propiedad de los malandros.
Los padres de familia esperando a sus hijos a la salida del antro los fines de semana, temerosos de que pronto, ellos mismos sean asaltados.
Todos los días y noches, los carteles y cartelitos peleando por anotar goles, incluso, el gol del triunfo para quedar solos en el mercado local, un Veracruz que ha pasado a consumidor de droga.
“Los terribles harapos de mi patria”… diría Pablo Neruda en Canto general.
Es la vida cotidiana. El lugar común. La vida cada hora.
El principio de Peter.

CUATRO. El desbarrancadero

Los carteles quieren sangre. Y sangre, cierto, de los rivales y enemigos. Pero también de la población civil.
Así, intimidan y horrorizan a la gente.
Y van ganando batallas a los azules.
Y la vida se vuelve un infierno.
El río Blanco jalando los cadáveres al Golfo de México.
Los niños mirando pasar flotando los cuerpos sin vida.
“El desbarrancadero” de una esperanza le llamaría Fernando Vallejo.
Incluso, la zozobra en el diario vivir llegó ya a la cancha electoral. Y en el lado del candidato priista a la gubernatura, Pepe Yunes.
Lo dijo el jueves 3 de mayo, día de los albañiles, día de la Santa Cruz y que ningún parecido guarda con la llamada “Santa Muerte”:
A: El Mando Único que el gobernador Yunes busca implantar “ha costado tantas vidas y tanta sangre derramada ha sido fallido”.
B: En materia de seguridad “no es tiempo de ocurrencias o hacer trabajos de corta-pega”.
C: “Tampoco la solución es citar experiencias exitosas en Europa o Nueva York”.
D: “La estrategia de seguridad en Veracruz ha sido fallida”. (La Jornada, Tulio Moreno Reyes)
Con todo, y para sentirse un ciudadano más, común y sencillo que todos los días vive con sencillez, Pepe Yunes anda solo, con su equipo y su gente, sin la seguridad personal que, por ejemplo, con policías escoltas y custodios trae la candidata del duartista Vicente Benítez a la gubernatura, Miriam Judith González Sheridan, y quien a estas alturas se cambió de nombre a July Sheris.

CINCO. El cóctel explosivo

Cada semana la yunicidad sostiene reuniones cumbres sobre seguridad.
Cada vez anuncian la captura de malandros y uno que otro jefecito.
Cada vez el boletín cacarea que la disminución va para abajo.
Cada vez el lamento oficial es que los medios siguen publicando noticias rojas.
El caso es que la estrategia solo tiene un resultado: Veracruz es un río de sangre y un valle de la muerte, y en donde la población civil es víctima.
Pepe Yunes lo resume en frase catatónica:
“Se vive en Veracruz la inseguridad, la pobreza y la migración”.
Un coctel, a todas luces, explosivo.

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