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Miércoles, 21 de Febrero de 2018
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Escenarios: Reporteros divididos

•Intriga palaciega

•Te pago para pegar…

LUIS_VELAZQUEZI

Hay cositas que pudieran, digamos, explicarse, en ningún momento, justificarse.

Por ejemplo, la incapacidad del secretario de Seguridad Pública para garantizar la seguridad en la vida y en los bienes como lo establecen los cánones del Estado de Derecho.

La indolencia del Fiscal General por nueve años para disminuir el grado de impunidad que ha envuelto a la población de Veracruz de norte a sur y de este a oeste.

Se explicaría a partir del Veracruz turbulento y revuelto que el saldo de María Georgina Domínguez como vocera próspera sea 10 reporteros y fotógrafos asesinados, más tres desaparecidos, más varios exiliados, más una periodista encarcelada, Maryjose Gamboa, y el saldo de Alberto Silva Ramos sea de cuatro reporteros encarcelados en el penal de Pacho Viejo y un reportero secuestrado y asesinado.

Pero, sin embargo, hay cositas que no pueden explicarse ni tampoco justificarse, entre ellas, la campaña de descrédito desde el gobierno del estado en contra de los trabajadores de la información incómodos.

Entre otras, las siguientes:

Desde el poder político asegurar que nueve de los diez reporteros asesinados en los años 2011, 2012 y 2013… estaban ligados a los carteles y, por tanto, por eso los mataron.

Por ejemplo, utilizar los convenios mensuales con algunos medios escritos, hablados y digitales para hacer escarnio de los reporteros indeseables sólo por atreverse a pensar y escribir de una manera diferente, mirando la realidad social y política tal cual, con toda su crudeza.

Y, por tanto, dividir al gremio reporteril, digamos, entre los buenos y los malos, los que están con el poder y los que están frente al poder.

Exhibirse a los reporteros criminalizados como que fueron asesinados por líos pasionales, por malas amistadas como por ejemplo drogadictos y enfermos del VIH y, bueno, como en el caso de Moisés Sánchez, repiquetear que era un simple “conductor de taxis”.

Y, por añadidura, zaherir a los familiares sin medir la trascendencia de las palabras y la declaración mediática.

Lo anterior por ningún motivo puede perdonarse.

II

Tampoco puede perdonarse decir que en Veracruz los medios tienen garantías para el ejercicio reporteril cuando desde el poder tienen boletineros al servicio sórdido para la calumnia, la difamación, la intriga y el complot a través de las redes sociales en contra de los incómodos e indeseables.

Peor aún: cuando desde el poder se lanzan contra aquellos tecleadores que publican una versión distinta, tal cual como acontece en los hechos y que por chocar con la versión oficial son satanizados.

Y más, mucho más, cuando utilizan a los mismos reporteros para el bombardeo implacable alimentando la más absurda división en el gremio.

Pero más aún porque así conviene al gabinete duartista que crea un rafagueo entre los escribidores y el lector se detiene en tales juegos sucios desdibujando los grandes pendientes sociales, económicos, educativos, de salud y de seguridad en la tierra jarocha.

Nunca, antes, en un sexenio del que se tenga memoria, por ejemplo, de Fernando López Arias a la fecha, 1962-1968, desde el poder, sobre todo desde la dirección de Comunicación Social, azuzaron el choque entre los reporteros, muchos de ellos, sin duda, premiados con pri/vilegios y canonjías.

III

Lo peor del asunto es que en tales menesteres el duartismo lleva cuatro años con dos meses y nada indica un cambio de actitud política.

La vida pública así les ha funcionado, y por tanto, siguen apostando a tal estrategia comunicativa de enfrentar, dividir y azuzar al gremio periodístico, cuando… bastaría referir que el lector es una persona pensante, crítica, perspicaz, inteligente y talentosa que en automático advierte que desde una parte de la prensa unos medios denuestan a otros.

Pero lo peor: saben, están seguros, ciertos, que atrás de tal rafagueo mediático hay premios de quien ordena porque paga el servicio que en ningún momento es de gratis.

Lástima, pues, que una generación tan joven haya accedido al poder político para ejercerlo sin escrúpulos, principios ni ideales. La rapiña, además.

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