xalapa
18
Search
Jueves, 04 de Junio de 2020
  • :
  • :

Escenarios: Soledad canija

LUIS_VELAZQUEZ

Hijos, en el mundo

El asilo la espera

Luis Velázquez

24 de abril de 2020

UNO. Canija soledad

Dicen quienes saben que el peor mal de la vida es la soledad. Estar y sentirse solo, por más, digamos, compañía.

Y de ser así, es la historia de Cecilia, una señora de sesenta y cinco años de edad, viuda, y con sus hijos distribuidos de la siguiente manera que por allá agarraron destino y forma de vida:

Uno, en Estados Unidos. Otro, en Canadá. Otra, en Francia. Otro, en Cancún.

Todos, casados. Y ella, en una casa llena de recuerdos y que con cinco recámaras desea vender con un par de opciones.

DOS. El asilo, la mejor opción

Una, vender la casa donde nacieran y crecieran los hijos y comprar un departamento, de una sola recámara para vivir ella sola, y en tanto, digamos, la muerte llega, pues como dice, se siente como los elefantes que ya dieron todo en la vida y se retiran al monte a buscar una cueva para esperar el desenlace.

Y la otra salida, vender la casa y refundirse en un asilo de ancianos donde cobran unos diez mil pesos mensuales y se vive a todo dar.

TRES. La soledad carcome la vida

Los hijos tomaron camino por falta de empleo en la ciudad y en el estado de Veracruz por más y más que tocaron puertas.

Con los tres varones fue la historia, y con la hija, casó con un francés y se fueron a vivir allá.

Y aun cuando está en contacto con ellos vía el celular, recaditos, besitos, abracitos virtuales, etcétera, vivir sola día y noche, acompañada por un perrito, nunca es igual a vivir en un asilo y tener compañeros de la misma edad con quienes platicar.

La soledad va carcomiendo la vida de una manera silenciosa.

CUATRO. Aura, de Carlos Fuentes

Ella vive de la pensión del esposo. Y le alcanza para comer y estar pendiente de las medicinas y los médicos, aun cuando tiene Seguro Social.

Pero la soledad se ha vuelto una carga pesada como la cruz camino al Gólgota y hay veces, en las noches de insomnio, cuando imagina cosas y siente fantasmas merodeando por ahí.

En Aura, la novela de Carlos Fuentes, una anciana soporta la soledad, pero la piel y el corazón y las neuronas de Cecilia están hechas de otra madera, frágil y débil.

CINCO. A gusto, pero incompleta

Antes, cuando aún se creía con buena vibra solía pasar la vida al lado de sus hijos.

Unas semanas en Estados Unidos, otras en Canadá, otras en Francia, otras en Cancún, y que a primera vista resulta interesante.

Pero ella sintió que estaba incompleta, pues a ningún lado pertenecía ni echaba raíces ni sentía plena, a gusto.

Entonces, decidió concentrarse en su casa y ahora la soledad la está carcomiendo.

SEIS. Pocos aguantan la soledad

La mitad del mundo y la otra mitad saben que los hijos se van y a veces, vuelven, y otras veces, solo regresan el día del sepelio.

A un amigo, sin embargo, un hijo se le fue a Estados Unidos a los 17 años de edad y cuando veinte años después muriera la mamá y años después el padre, nunca asistió al sepelio.

Siempre un pretexto. Mucho trabajo. Si salgo de EU ya no me dejarán entrar. Está canijo entrar a EU como migrante sin papeles.

Cecilia ya se resignó a morir en la soledad. Y por eso mismo, busca la compañía de sus iguales en un asilo.

Únicamente los grandes seres humanos aguantan la soledad. Y son pocos.

Comentarios

comentarios




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *