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Escenarios: Viaje al infierno

LUIS_VELAZQUEZ

•Bermúdez, torturado

•El horror en Pacho Viejo

Luis Velázquez

19 de diciembre de 2018

UNO. Viaje al infierno

Los meses del secretario de Seguridad Pública de Javier Duarte, Arturo Bermúdez, en el penal de Pacho Viejo, significaron un viaje al infierno. Mejor dicho, al sótano del infierno. En el peor rincón del infierno.

Lo dijo así:

“Yo fui torturado. Y con tortura y extorsión hasta los ex secretarios se doblan estando en la cárcel. No fui víctima. Sigo siendo víctima de extorsión”.

Torturado, entonces, durante la yunicidad y con Jorge Wínckler de Fiscal, “Señor Justicia” les llamaban en la vieja Roma.

Casi casi al nivel, digamos, de Guantánamo, la cárcel de Estados Unidos en Cuba, el gulag de Estados Unidos.

Los campos de concentración de José Stalin en la Rusia del siglo pasado donde condenara a tantos críticos, intelectuales, escritores, líderes.

Las cárceles privadas de Fidel Castro y Ernesto “El che” Guevara, donde también torturaban.

La guerra sucia de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y el capitán Fernando Gutiérrez Barrios.

Queda claro:

Todos, todos, todos, salvo excepciones excepcionales, los políticos torturan.

Y si Arturo Bermúdez dice que fue torturado en Pacho Viejo, caray, palabras mayores.

El cazador… cazado, digamos.

DOS. El pasado, pasado es…

Arturo Bermúdez, el político transparente.

Y, entonces, ¿la barranca de la muerte conocida como “La aurora”, en el municipio de Emiliano Zapata, donde, siempre trascendió, en el duartazgo tiraban los cadáveres, incluidos un policía incómodo?

¿Y las fosas clandestinas de “Colinas de Santa Fe”, las más extensas de América Latina?

¿Y las trece edecanes de Xalapa desaparecidas luego de una fiestecita de políticos y malandros en un rancho de Actopan?

¿Y la analogía del periódico “El País” cuando en reportaje publicara que en el Veracruz de Javier Duarte existían más fosas clandestinas que municipios?

¿Y por qué el ex secretario de Seguridad Pública eludió hablar con los medios sobre los desaparecidos…, tan documentados por los diecisiete Colectivos en el duartazgo?

¿Y tantas y tantas y tantas acusaciones de los Colectivos contra Arturo Bermúdez y su tiempo?

¿Y los más de veinte, veinticinco policías de la era Bermúdez Zurita encarcelados en Pacho Viejo por “delitos de lesa humanidad” como es la desaparición de personas hasta en los retenes oficiales en las carreteras de Veracruz?

Pero, bueno, Bermúdez seguirá en libertad su proceso penal y ahora ya pontifica jurando y perjurando que nunca ha “dirigido una red criminal”.

Y por eso mismo, su solicitud de juicio político a Jorge Wínckler, quien a estas alturas ha dejado de sentir lo duro y anda atrapado y sin salida en lo tupido.

TRES. Denunciar la tortura en Pacho Viejo

Con Javier Duarte, Veracruz saltó a la fama nacional e internacional con las fosas clandestinas y con los diecinueve reporteros asesinados y tres desaparecidos.

Miguel ángel Yunes Linares llevó a Veracruz a la fama nacional con el primer lugar en feminicidios.

Se ignora, por ahora, si Duarte con sus aliados habrían torturado a más gente o el Yunes azul.

El caso es el ex secretario de Seguridad Pública recién liberado del penal de Pacho Viejo ha puesto el asunto de la tortura en la cancha política, sin dejar “títere con cabeza” en la yunicidad, y que, de ser así, ni hablar, más allá de sumarse al juicio político contra el todavía Fiscal, quizá sería interponer una denuncia penal por tortura que, dice, padeció en la prisión.

Y más, cuando dice que se considera una víctima actual.

Y es que, además, mientras existan carteles y cartelitos en Veracruz seguirá el tsunami de la violencia y de la muerte, y por añadidura, de la tortura, como aquella señora secuestrada en el Frac. Costa de Oro, de Boca del Río en el duartazgo, cuando salía de misa un domingo al mediodía

y para presionar a la familia le fueron cortando los dedos y enviándoseles en cajitas de regalo abandonadas por ahí en una parte de la ciudad.

La tortura, cierto, fue utilizada en su dimensión estelar en la guerra sucia, pero luego se volvió carta de adopción de los malosos como una estrategia efectiva para acalambrar a la población civil.

Incluso, nadie sabe hoy si en la competencia de la tortura…, torturan más en el lado oficial o en la cancha de la delincuencia organizada, y como en el último sexenio priista con Javier Duarte, si los polis torturan con la bendición de los narcos o al revés.

CUATRO. Documentar la tortura

El ex secretario de Seguridad Pública deja testimonio de que en el penal de Pacho Viejo torturan a los presos y él mismo se pone como ejemplo.

Y si así fue, entonces, habría de preguntarse si en el sexenio duartista también torturaron en Pacho Viejo, pero también en todas y cada una de las cárceles de Veracruz.

¿Habrían, digamos, torturado (de forma física y sicológica) a todos y cada uno de los duartistas internados en Pacho Viejo por la yunicidad?

¿Habrían torturado a los más de veinte policías presos acusados de desaparición forzada?

Las revelaciones de Bermúdez dan pauta para explorar la huella de la tortura, y más en la era Cuitláhuac García Jiménez declarada el ejemplo de la democracia y el respeto a los derechos humanos.

¿Yunes Linares, Jaime Téllez Marié y Jorge Wínckler resbalaron en la tortura a los duartistas buscando, digamos, la verdad histórica?

De ser así, ¿pudieran documentarse tales acciones o Bermúdez habla por hablar?

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