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Expediente 2016: Vivir con miedo

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LUIS_VELAZQUEZEl periodismo vive y padece en Veracruz la misma turbulencia que en el año 2011, inicio del duartismo. Incluso, en el peor infierno nacional, que lo ha encaminado al peor del mundo.

De entonces a la fecha, 17 reporteros y fotógrafos asesinados, más tres desaparecidos, más tres exiliados. Más un montón de trabajadores de la información censurados y reubicados en otras fuentes en sus medios, tiempo aquel de la primera vocera oficial, llamada la Juana de Arco del siglo XXI en territorio jarocho.

Pero ahora la vida se ha recrudecido.

Por ejemplo, hay 36 reporteros de norte a sur y de este a oeste de Veracruz cobijados en la secretaría de Gobernación en el programa de medidas cautelares de protección.

Y lo peor, los 36 son diaristas impecables en su trabajo cotidiano, que nunca han extendido la mano para el embute político ni menos, mucho menos, tienen amistades peligrosas ni tampoco componendas oscuras.

Si acaso, y ahí podría, digamos, estar su pecado, algunos de ellos son activistas sociales, al lado de las mejores causas comunes, un sector al que de paso también le ha ido mal, como fuera el último asesinato de una de ellas en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, Nadia Vera, originaria de Chiapas, estudiante en la UV, autoexiliada de Xalapa por las amenazas oficiales.

Los 36 reporteros viven en el miedo cotidiano, a doble, triple fuego.

Por un lado, por culpa de los servidores públicos, entre ellos, policías municipales y estatales, y que ocupan el primer lugar estatal en atropellos a los derechos humanos y las garantías constitucionales.

Por el otro, por culpa de los carteles.

Y por el otro, por culpa de los testaferros de uno que otro político sexenal que los rafaguean por encargo agazapados en el anonimato de las redes sociales como en los medios.

Nunca como ahora, en el sexto y último año del duartismo, 36 reporteros se han cobijado en la secretaría de Gobernación ante la manifiesta incapacidad del gobierno de Veracruz de garantizar la seguridad en la vida y en los bienes como lo establece el Estado de Derecho.

 

 

20 REPORTEROS EN LA CUERDA FLOJA

 Hay otro frente en el medio periodístico que llena los días y las noches de terror.

La lista de 20 reporteros amenazados de muerte y en la mira de los carteles según la denuncia del reportero y escritor, Ricardo Ravelo Galo.

Y más por lo siguiente:

La lista le fue entregado a Ravelo por el diputado federal, Alberto Silva Ramos, el segundo director de Comunicación Social de Javier Duarte, al que rescatara como presidente municipal de Tuxpan y lo nombrara, camino a la candidatura priista a gobernador, secretario de Desarrollo Social, vocero y presidente del CDE del PRI, y ni modo, se le atravesara Héctor Yunes Landa.

En aquel entonces, Silva fue categórico:

Esta lista, dijo, fue entregada al gobernador por la Secretaría de Marina.

Falta, claro, precisar si las razones por las cuales hay 20 diaristas en la mira de la delincuencia organizada.

Quizá, sin duda, en unos casos, por el oficio periodístico. Pero en otras, debido a las relaciones bajo sospecha.

Tal cual, nadie quisiera, con todo, un reportero, un fotógrafo, un camarógrafo más asesinado, pues se trata de una vida humana y cada vida humana es invaluable.

Y si alguno cometió un delito existe un proceso judicial para pagar las culpas.

Sin embargo, allá cada quien su destino. Pero si en Veracruz la peor página negra del duartismo gira alrededor de los secuestrados, desaparecidos, asesinados y sepultados en fosas clandestinas, con los 17 colegas ejecutados es más que suficiente.

 

 

UN ESPÍA EN CADA MEDIO PERIODÍSTICO 

Un tercer jinete del Apocalipsis periodístico siembra la angustia en el oficio.

Un diarista lo expresa de la siguiente manera:

En la mayor parte de los medios en las ciudades urbanas hay un colega con doble personalidad:

Por un lado, reportero, y por el otro, enlace de prensa con los malandros, encargado, entre otras cositas, de orientar, digamos, la información de la violencia a favor del jefe de plaza.

Pero además, de repartir el embute de los narcos a uno que otro trabajador de la información.

Y de paso, la convivencia gastronómica y etílica.

Tal cual se está reporteando y escribiendo con el enemigo en casa.

Incluso, en el oficio se habla de que algunos jefes de prensa de los malosos les han renunciado, pero para irse a trabajar con otro cartel, y por tanto, y al mismo tiempo, exponiendo la vida.

Son días terribles para el periodismo, un oficio que según la encuesta de Latinobarómetro se ubica en el sótano de la confianza ciudadana alternando con la fama pública de los políticos y los policías.

Lo peor de todo es que el ejercicio reporteril en Veracruz ha mudado en el más inseguro tanto del país como de varias naciones del mundo.

Y lo peor, sin ninguna posibilidad de una lucecita en el extenso y largo túnel de la inseguridad y la impunidad en que estamos atrapados y sin salida.