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Martes, 23 de Octubre de 2018
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Expediente: 2017
Genocidio en Veracruz 


 

LUIS_VELAZQUEZ

 

Luis Velázquez
22 de noviembre de 2017

El asesinato del alcalde electo de Hidalgotitlán, Santana Cruz Bahena, militante del Panal, y quien por segunda ocasión desempeñaría el cargo público, fue así:
A: Un grupo de unos 30 hombres armados y encapuchados rodearon las calles cercanas y el domicilio particular del ejecutado, ubicado en la calle José Azueta S/N del Barrio Centro en la cabecera municipal.
B: Los malandros le gritaron que salieron de su casa. Insistieron. Luego, amenazaron con matar a la familia. Entonces, tumbaron el portón del garage con una camioneta.
C: Desde antes, establecieron retenes con hombres armados a la entra y salida del pueblo. Y de ñapa, le quitaron sus celulares a la gente que pasaba. También, suspendieron el servicio de la panga.
D: Alrededor de 15 sujetos fuertemente armados se separaron del grupo y enrtaron a la casa para exigir al presidente municipal electo se entregara y cuando estaba acompañado de amigos y simpatizantes, y que esperaban el tiempo para iniciar una pachanguita luego de una cabalgata.
E: Los agresores lo sacaron a la fuerza de su domicilio obligando a las demás personas a tirarse al suelo.
F: Parte de los vecinos y los elementos policiacos corrieron a la iglesia para esconderse. En tanto, el alcalde en funciones, Octavio Omar López Castillejos, ni sus luces. 
G: 40, 60 minutos después del terror y el horror, los sujetos armados ejecutaron a Santa Cruz Bahena en la entrada de su casa y se dieron a la fuga (crónica de Ignacio Carvajal García, enviado especial).
El gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, a través de su Fiscalía, estableció las siguientes rutas:
1. Posible participación en el asesinato de grupos delictivos ligados al tráfico de combustible robado.
2. Las autoridades municipales y policías locales serán investigados “por la probable omisión ante el conocimiento del crimen”.
En contraparte, el senador Héctor Yunes Landa fijó su postura:
A: En el transcurso del año que corre han asesinado a 1,400 personas.
B: Veracruz ocupa el primer lugar nacional en ejecuciones.
C. En Veracruz se ha llegado al límite. Nadie está a salvo.
D: Hay en el territorio jarocho “un gobierno ineficiente y demagogo”.

”NI MODO, LA VIOLENCIA ES INEVITABLE”

Queda claro: toda vida humana es invaluable.
Y lo mismo agravia el asesinato de unos niños, quizá más, mucho más, como los 4 menores ejecutados en Coatzacoalcos y el niño ejecutado en Tantoyuca y la niña en una plaza comercial de Córdoba, como también lastima el número creciente de feminicidios y/o de un político, en el caso un alcalde electo.
Según las ONG de padres de hijos desaparecidos, secuestrados, asesinados, cercenados, pozoleados y sepultados en fosas clandestinas, el duartazgo, en alianza con los carteles y cartelitos, cometieron el delito de lesa humanidad como es denominada la desaparición forzada.
Ahora, y sin embargo, doce meses después del fin del duartismo, la violencia sigue igual o peor de arraigada en el corazón social.
En la llamada “Docena Trágica de Veracruz” y que va de los años 2004 a 2016, Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte, los carteles se volvieron hijos predilectos de Veracruz.
Claro, el narcotráfico inició en el sexenio de Patricio Chirinos Calero, 1992/1998, cuando el capo José Albino Quintero Meraz, del Cartel de Sinaloa de Joaquín “El chapo” Guzmán, operaba de sur a norte del país, caminando por Veracruz, sin que nadie lo tocara.
Incluso, para cuando Miguel Alemán Velasco tomara posesión y caminara su reinado imperial y faraónico, Quintero Meraz tenía doce casas de seguridad en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, y en una de ellas, en el fraccionamiento Costa de Oro, era vecino del gobernador.
Antes, en el sexenio de Agustín Acosta Lagunes, los carteles se conocían con el nombre de “La Sonora Matancera”, Veracruz repartido entre los caciques regionales y pistoleros.
Felipe Lagunes Castillo, en la región Veracruz-Boca del Río.
Toribio Gargallo, “El toro”, en la región de Córdoba y Omealca y Tezonapa.
Cirilo Vázquez Lagunes, en el sur de Veracruz.
Los hermanos Justo y Roberto Cabrera, en la zona de Chicontepec.
Luis Rivera Mendoza, en la región de Huayacocotla, los mismitos que a siete días  de Fernando Gutiérrez Barrios gobernando Veracruz, emboscaran y asesinaran a una familia (la esposa, el esposo y dos hijos, entre ellos, un bebé de dos años de edad) hasta con el tiro de gracia.
Nada describe aquel tiempo como una frase bíblica de Agustín Acosta Lagunes:
”Ni modo, la violencia es inevitable”.

CARTELES EN DISPUTA 

Un año después, nadie pensaría que la yunicidad, igual que el duartazgo, habría pactado con los malosos.
Por el contrario, se entendería que como sucede al principio de cualquier gubernatura, los carteles y cartelitos siguen mostrando el puño y el músculo al “gobierno del cambio” (en un semestre Veracruz sería pacificado), y como la lucha diaria es ríspida con la Gendarmería, los militares y navales, y la Policía Militar y Naval, y la Fuerza Civil, y la policía estatal y municipal, los malandros se aferran a la jugosa plaza Veracruz con su autopista de sur a norte del país en la franja costera del Golfo de México, sus tres puertos marítimos para la entrada y salida de droga, las pistas clandestinas, la fragilidad policiaca, los negocios de los migrantes, la prostitución, el consumo de droga y los secuestros y secuestros exprés.
Y en tal coyuntura, Veracruz en un capítulo más en el infierno.
La noche del lunes 20, en el puerto jarocho, frente a Reino Mágico, un hombre apareció colgado de un árbol. 
La versión fue que se había suicidado, de igual manera como tantos habitantes de Veracruz que han terminado con su vida.
La noche del domingo 19, en Xalapa, la capital, once bolsas con cinco cadáveres cercenados fueron tiradas en la colonia Álvaro Obregón.
Según el politólogo Carlos Ronzón Verónica, la disputa entre los carteles alcanza dimensión estelar, pues el cartel de Joaquín “El chapo” Guzmán, disputan la plaza local.
Incluso, el Cartel de Sinaloa lo anunció en una narcomanta en Boca del Río. 
Y más porque desde su primera fuga del penal de alta seguridad de Jalisco, “El chapo” tiene la puerta abierta.  

ENLODAR A LOS MUERTOS 

En el Chirinismo, el capo José Albino Quintero Meraz operaba con bajo perfil, sin la sangre corriendo en el territorio jarocho ni tampoco sembrando los pueblos y las carreteras de cadáveres.
Fue la misma historia en el Alemanismo y que se amplificó en el Fidelato.
Pero con Javier Duarte el río de la corrupción se desbordó por completo, cuando, digamos, y todo indica, la gran alianza empresarial entre una parte de las elites políticas y los barones de la droga.
Hoy, como antes, los malandros asesinan niños, mujeres, hombres, población civil, y como en el caso, presidentes municipales electos.
Sólo falta que Santana Cruz Bahena, el edil ejecutado de Hidalgotitlán, sea enlodado, y/o la yunicidad le descubra y documente una historia sucia y/o bajo sospecha.
Un par de alcaldes electos también han muerto en los días que corren.
Uno, el 30 de agosto, Hugo Castro Rosado, de La Antigua, fallecido por muerte natural en un hospital luego de varios días de agonía.
Y el otro, Alejandro Escobar Grajales, de Paso de Ovejas, muerto en un accidente automovilístico en la carretera a Xalapa el 25 de septiembre. 

DE HERNÁNDEZ OCHOA A YUNES LINARES

En su sexenio, Rafael Hernández Ochoa, 1974/1980, tuvo un par de episodios sangrientos.
En Tehuipango, los sicarios y su cacique al mando entraron al pueblo un domingo, día de plaza y trueque, y dispararon “a diestra y siniestra”. Muchos muertos.
En un poblado de Martínez de la Torre, los pistoleros de un cacique de la familia Arámburo, originario de Teziutlán, Puebla, asesinaron a siete campesinos, digamos, invasores del lote.
Luis Echeverría Álvarez gobernaba el país y entre su equipo agrario fuerte y telúrico estaban Alfredo Vladimir Bonfil, líder nacional de la CNC y Augusto Gómez Villanueva y Félix Barra García, quienes fueron secretarios de la Reforma Agraria.
Por eso, durante muchas semanas, meses quizá, Echeverría congeló a Hernández Ochoa y nunca le contestó ni el teléfono hasta que, se afirma, su esposa, doña Teresita Peñafiel, cabildeó con su compadre, la compañera María Esther Zuno de Echeverría, para, digamos, ablandar el corazón presidencial.
La historia ahora se repite con Miguel Ángel Yunes Linares, con el crimen del alcalde electo de Hidalgotitlán. 
En el sexenio de Hernández Ochoa, Yunes tuvo carrera meteórica: agente del Ministerio Público en Coatepec, jefe jurídico de la oficina del gobernador, subdirector de Patrimonio, Procurador Fiscal, diputado local y dirigente estatal de la CNOP.

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