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Expediente 2017: ¿Cuándo se jodió Gina?

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

01 de junio de 2017

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El caso de Gina Domínguez Colio, la vocera del Duartazgo, continúa sorprendiendo. La primera jefa de prensa en el país que está encarcelada. Dos de sus dos jefes anteriores, Javier Duarte y Mario Villanueva Madrid, presos. Uno y otro, acusados de delincuencia organizada y lavado de dinero. Ella misma, acusada del (presunto) desvío de cinco mil millones de pesos, en menos, mucho menos, de un sexenio.

De reportera en un par de medios en Xalapa (AZ y Milenio) a vocera, su vida se transformó. En el expediente penal, por ejemplo, sus empresas periodísticas, sus restaurantes y un hotel. “Una fortuna muy difícil de justificar” publicó Proceso número 2117 bajo la firma del corresponsal, Noé Zavaleta, el heredero de Regina Martínez Pérez, estrangulada el 28 de abril del año 2012, un crimen, irresuelto, en la impunidad.

Todo indica que nunca, jamás, igual que su patrón, Gina rindió cuentas a nadie. Ni al ORFIS, Órgano de Fiscalización Superior, ni a la Comisión de Vigilancia del Congreso, ni a la Contraloría ni a la secretaría de Finanzas y Planeación.

Lo peor: todos “la dejaron hacer y la dejaron pasar”.

Por eso le llamaban “la vicegobernadora”, cuando, incluso, se soñó secretaria General de Gobierno.

Ella se ha declarado inocente. Más aún: “tiró su espada en prenda” de la honestidad e inculpó a los sucesores, Alberto Silva Ramos (dos veces en la silla) y Juan Octavio Pavón.

Pero por lo pronto, la juez le ha declarado un año de prisión preventiva, lo que se estila. Sus delitos (ya se sabe), abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y coalición para cometer un ilícito.

Pero…pero la Fiscalía la investiga por (presunto) tráfico de influencias, desvío de recursos y peculado.

El reportero Zavalita, en la novela “Conversaciones en la catedral” de Mario Vargas Llosa, se pregunta cuándo se jodió el Perú.

Habría, pues, de preguntarse cuándo y por qué se torció y/o se habría torcido María Georgina Domínguez Colio, a quienes sus fans declararon la Juana de Arco de Veracruz en aquel tiempo de esplendor y resplandor…, y de lo que por ahora ningún priista desea acordarse.

 

CARDÍACA SORPRESA

 

Con todo y Javier Duarte, Arturo Bermúdez, Mauricio Audirac, Francisco Valencia y Flavino Ríos presos (también César del Ángel), asombra el caso de Gina.

Y más, porque ella venía de una experiencia dramática en Quintana Roo con Mario Villanueva Madrid, encarcelado por sus ligas con el narcotráfico y que lo han llevado de la cárcel de Almoloya a una cárcel en Estados Unidos y otra vez a una cárcel en México.

Su origen familiar era modesto. Y, bueno, el escritor y reportero, Luis Spota, lo dejó claro con el título de una novela: “Muchas cornadas da el hambre”.

Pero, caray, haber desviado, según la Fiscalía, cinco mil millones de pesos en su tramo como vocera, resulta insólito. Sorpresivo. Cardiaco. Inverosímil.

Más, mucho más, desde luego, habría desviado Javier Duarte.

Pero allá Duarte con su ambición desmedida, pues el caso Gina ocupa y preocupa, porque ni siquiera Carlos Marx soñando con relevar “la dictadura de la burguesía” por “la dictadura del proletariado” cumplió su, digamos, legítimo sueño.

Lo dijo el sociólogo Marcelo Montiel Montiel, secretario de Desarrollo Social y delegado federal de la SEDESOL en el duartazgo:

“Pobre eres y pobre seguirás”… con todo y que él mismo, según dicen sus amigos, acumulara una fortuna de dos mil millones de pesos en su paso por la política, pero, claro, con transparencia, porque nunca, jamás, ha sido tocado por la yunicidad (que a otras cositas pudiera deberse).

 

EL ARTE DE GOBERNAR, EL ARTE DE ROBAR

 

Fue terrible el sexenio anterior en materia de comunicación social.

Con Gina, Alberto Silva y Juan Octavio Pavón, habrían gastado en medios “para la imagen de Duarte” un aproximado de ocho mil millones de pesos, en contraste con los seis mil millones en la compra de medicinas y tres mil millones en obra pública.

Y en medio de tal desaseo, la fortuna de Gina, como la Fiscalía la tiene acusada.

Uno le da vueltas y vueltas al asunto y se topa con pared adivinando las razones presumibles de tanta locura en la que de plano descartó que el destino podría alcanzarla.

Ella vivió el presente con intensidad. Olvidó el futuro. Mejor dicho, se creyó dueña del futuro que ni siquiera, vaya, el chamán ni las gitanas, tampoco el astrólogo, pueden adivinar.

Miguel Alemán Velasco encarceló a su jefe de prensa, Sabás Huesca. Pero Gina, en el penal de Pacho Viejo, ha enriquecido la historia nacional. Es la primera exvocera tras las rejas, sujeta a proceso penal.

Habría, digamos, perdido el piso. Nunca, quizá, deseó escuchar a los suyos ni a los amigos por si alguno, digamos, se detuvo en la trascendencia de su vida pública. “En los cuernos de la luna” se sintió intocable para el resto de su vida. Escuchó “el canto de las sirenas” y todo le valió. Se pitorreó del principio bíblico de las vacas gordas y las vacas flacas y de que “los carniceros de hoy serán las reses del mañana”.

Peor tantito: igual que Javier Duarte y el resto de los duartistas estaban seguros de que el PRI era inderrotable. Y por eso, el abuso y el exceso en el ejercicio del poder, y por eso, la impunidad que sentían.

Con ellos, el arte de gobernar se volvió el arte de robar “a manos llenas”, pues, como dice el vecino, puede aceptarse que atraquen (que ha sido la práctica nacional), pero otra cosita es “pasarse de tueste”.

Ya se verá si los yunistas reaprendieron la lección, pues, dice el proverbio popular, “en la casa del jabonero… el que no cae…”.

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