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Expediente 2017: “La muerte tiene permiso”

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

24 de noviembre de 2017

 

Hay quince municipios en Veracruz donde los carteles y cartelitos, sicarios y malandros, siguen floreciendo en tierra fértil.

Y, bueno, si el reporte oficial es así, resulta inverosímil que las fuerzas federales, estatales y municipales estén rebasadas y obteniendo resultados magros.

Es el mismo caso, por ejemplo, de los migrantes.

El mundo sabe, por ejemplo, que Veracruz “es el paso de la muerte” para los migrantes de América Central (Honduras, Salvador, Guatemala y Nicaragua).

Los ejes del mal son Coatzacoalcos, Acayucan, Medias Aguas y Tierra Blanca.

Y no obstante, la violencia se ha emponzoñado en contra de ellos.

En Acayucan, el 9 de julio del año que corre, el camarógrafo hondureño, Edwin Rivera Paz, quien estaba asilado aquí y filmada un documental sobre sus paisanos, fue asesinado en la vía pública.

Y al momento, el homicidio… en el olvido, y hasta olvidado por el Cónsul.

Y la única respuesta social ha sido que el sacerdote José Alejandro Solalinde, fundador del asilo de migrantes, “Los hermanos en el camino”, con base en Ixtepec, abrió una sucursal en Acayucan.

Ya pesar de que el gobierno tiene ubicado el eje del mal, ninguna acción.

Tal cual es el mismo vaso comunicante que lleva a los quince municipios donde “la muerte sigue teniendo permiso” como intitulara el escritor Edmundo Valadés a una de sus novelas.

 

EL CALVARIO DE LA MUERTE

 

Ellos son los siguientes de acuerdo con el último reporte de la ONG “Semáforo Delictivo” (La Jornada Veracruz):

Coatzacoalcos, en primer lugar.

Y en número descendente: Xalapa, Acayucan, Veracruz, Coatzintla, Papantla y Cotaxtla.

Luego, Córdoba, Las Choapas, Minatitlán, Pánuco y Poza Rica.

Después, Alvarado, Cosoleacaque y Amatlán de los Reyes.

Y mientras la yunicidad termina de instalar las más de 6 mil videocámaras, con lo que Veracruz tendrá, se afirma, el equipo y la tecnología más sofisticada del mundo gracias a la asesoría israelita, en Atzacan, sierra de Zongolica donde hay nueve de los municipios más pobres y jodidos del país, intentaron asesinaron el sábado 18 de noviembre al dirigente de la Asociación Civil, “Zepaniah”, Francisco Pedro Lozano, de 65 años.

En la carretera de Santa Ana Atzacan-Palmira, fue atacado a balazos. Conducía un auto Nissan Tsuru. Dos tipos lo emboscaron. Estaban escondidos en unos arbustos. Le dispararon veinte balazos y que, bueno, y en nombre del pasado histórico, en el sexenio de Agustín Acosta Lagunes, fue asesinado el líder nacional de los cañeros, Roque Spinoso Foglia, y dos primos, ni más ni menos, que de ciento veinte balazos.

Pedro Lozano es líder indígena en la montaña negra de Zongolica, donde en el siglo pasado floreciera el Tinam, Todos los Pueblos Indígenas están Unidos, una de cuyas dirigentes, las hermanas Norma y Gloria Arenas Agiz, militara años después en el Ejército del Pueblo y con su pareja, el comandante Antonio, fueron encarceladas en el penal de Almoloya.

 

SUELTOS LOS DEMONIOS

 

El mismo día del atentado al líder indígena de Zongolica, en el otro extremo de Veracruz, en Coatzacoalcos, el municipio con el más alto nivel de inseguridad, cinco personas fueron secuestradas. Todas, levantadas en varios antros, digamos, como parte de la estrategia del terror y el horror, y del miedo “y el miedo al miedo” (León Felipe) para sembrar el caos en la era azul de Veracruz.

Tan es así que el mismo día, en Xalapa, la capital, la sede de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, dos jóvenes también fueron secuestrados. Estaban cerca de una plaza comercial. Y aun cuando la policía (que siempre llega después cuando ha sido incapaz de garantizar la seguridad en la vida y en los bienes) buscó pistas durante varias horas, dice el boletín, nunca tuvo resultado optimista.

Fue el viernes 18 día con los demonios sueltos… como tantas veces.

En Tuxpan, un descuartizado. El cadáver, embolsado.

En el río Tesechoacán, flotó un cuerpo decapitado, a la altura de Amatitlán.

En Tlalixcoyan, unos campesinos baleados, dijo el boletín, luego de una parranda.

Pero en Tlacotalpan, ni modo, fue localizado un predio con restos humanos.

Por fortuna o chiripa, en Teocelo fueron detenidos cuatro secuestrados cuando, ajá, cobraban el rescate de un menor de edad levantado en el pueblo ocho días antes.

 

CONSUELO DE TONTOS

 

Se viven y padecen días y noches polvorientas y revolcadas. Todos los días, el baño de sangre en el paraíso que fue la tierra que Agustín Lara describía como “noche tibia y callada”, calientita para dormir en paz.

Tan es así que la violencia ha dejado la página roja de la prensa para mudar en página de información general, pues la frontera entre la vida policiaca y la vida política es invisible en un país donde los carteles tienen filtrados a los hombres públicos.

Y en una nación donde los malandros han creado un Estado Delincuencial ante el Estado de Derecho, incluso, un Estado de Sitio ante el Estado Policiaco.

Nada, claro, justifica que Veracruz esté igual que el país o el país igual que Veracruz.

Y si en el lado oficial dijeran que otras entidades federativas están peor que la tierra jarocha es “consuelo de tontos”, porque cada vida humana es invaluable y porque, además, la primera obligación de una generación política en el poder es garantizar la vida, más, mucho más allá de Fiscalías del resentimiento, el odio y la venganza y de proyectos políticos familiares.

 

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