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Jueves, 20 de Julio de 2017
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Expediente 2017: Los Yunes rojos

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez
08 de julio de 2017

En el búnker priista está claro que los únicos aspirantes fuertes a la candidatura a gobernador de seis años el año entrante que darían una batalla estelar ante el PAN y MORENA son los senadores Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa.
No hay otros, de igual manera como tampoco lo hubo el año anterior, cuando Héctor salió nominado, luego, digamos, de un acuerdo civilizado con Pepe.
Y si es así, la realidad se vuelve profética: uno y otro dialogan, negocian, acuerdan y pactan una candidatura común, o de lo contrario, así como están, cada uno jugando en el carril para quedarse con la nominación, con todo y que se juran y perjuran amor eterno, en la militancia y en la población electoral causarán otra impresión, corriendo el riesgo de una derrota más.
Y una derrota más, luego de las tres consecutivas en menos de un año, como fueron con la gubernatura de dos años, la mayoría en el Palacio Legislativo y la mayoría de presidencias municipales.
Por ahora, los senadores beben el café con miel en el mismo vaso. Pero al mismo tiempo, hasta los feligreses de sus capillas respiran, huelen, olfatean y sienten la relación distante, pues una cosita es lo que llaman la democracia partidista, y otra, a cien años luz, es que más, mucho más ganarían si se definieran desde ahora por una candidatura única y tal cual trabajarán la plaza.
Y más porque el góber azul ya tiene un candidato en la cancha panista con uno de sus hijos y MORENA también el suyo con el diputado federal, Cuitláhuac García, quien el año anterior, con todo y que era un desconocido obtuvo 820 mil votos en las urnas, nada despreciable, porque fue la primera vez que el partido de “El peje” contendiera.
Es la hora, entonces, de la unidad y de la unidad total y absoluta. Sólo en un frente común el par de senadores y, por añadidura su partido, será competitivo.
Y más, tratándose de un PRI con la fama pública de la corrupción de su ex gobernador, el depresivo Javier Duarte.

CADA UNO POR SU LADO… MAL FARIO

Ene número de veces los senadores hablan de que están juntos. Pero se trata de un cartucho quemado que ya nadie cree.
La derrota del 4 de junio en que de las 212 presidencias municipales el tricolor sólo ganó unas treinta y cinco significa un mensaje polisémico que ha de leerse y que bien pudiera resumirse en el principio universal: sólo con una candidatura común definida desde hoy darían “veinte y las malas” a los otros candidatos y partidos.
La militancia y la población necesitan percibirlo, sentirlo, mirarlo.
Pero cada uno recorriendo Veracruz, gestionando apoyos federales para los alcaldes (que ya van de salida) y los sectores organizados, expidiendo boletines sobre sus periplos y sus puntos de vista sobre el día con día, reuniéndose con la gente y con sus líderes, a ningún lado lleva.
Claro, ninguna duda hay de que los posiciona a cada uno en una parte de la población electoral.
Pero dadas las circunstancias, más allá de que cada uno se arraigue en el alma colectiva el mensaje contundente, lacónico y efectivo es posicionar a uno sólo como el candidato definitivo.
Y si en la cultura política nacional priva la sensación de que los contendientes a un cargo de elección popular únicamente se disciplinan “al cuarto para las doce” cuando el tlatoani mayor, el presidente de la república, mueve “el dedo”, nada más alentador que los senadores del tricolor convocaran, juntos, a una gran rueda de prensa, y/o en todo caso a una reunión oficial en su partido y dieran la gran noticia.

SABIO ACUERDO DE LA UNIDAD
Lo malo, además, es que uno y otro esperan la bendición de Los Pinos para que el tlatoani incline la balanza en un país donde el PRI cada vez pierde más gubernaturas y que en dos ocasiones ha perdido la presidencia de la república.
Los tiempos políticos son otros, lejos de la fuerza insólita que tuviera el gurú, huésped sexenal de la casa presidencial, y quien, claro, en la cultura priista cuenta, pero en ningún momento es la voz definitiva hoy para pronunciar las famosas “últimas palabras”.
Es la hora de la prudencia y la mesura en los senadores para fortalecerse más, mucho más, ellos mismos, y levantar expectativas.
Así como andan, cada uno por su lado, los senadores se están desgastando. En lo político, lo social y lo electoral, pero también en lo económico.
Y si el año anterior, Pepe declinó por Héctor para la candidatura y perdió, ni modo, perdió su oportunidad.
Incluso, ha de preguntarse con serenidad si Miguel Ángel Yunes Linares lo derrotó como candidato opositor y con el aparato gubernamental y en contra y la mayoría de la prensa en contra, ahora cuando es el jefe del Poder Ejecutivo Estatal y sueña con heredar el trono imperial y faraónico a uno de sus hijos, con más razón.
Claro, nada está escrito, y cada elección, dicen los expertos, es diferente.
Pero si el par de senadores tomaran el sabio acuerdo de una candidatura única, entonces, la militancia tricolor (en un primer gran paso) se reciclaría para la gran lucha competitiva.
En el caso, en ningún momento se trata de ver el crecimiento de cada uno hasta el día del llamado “destape presidencial”.
Uno y otro ya crecieron lo necesario y suficiente y el tiempo político, social y electoral es otro, alrededor de la unidad, la gran marcha por la unidad.
De continuar como andan, sólo un milagro los salvaría de la derrota y los milagros únicamente ocurren cada cien años y a veces la vida se va esperando.

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