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Expediente 2017: Pobres de los pobres…

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez
24 de agosto de 2017

Festinan los 25 años de la fundación de la secretaría de Desarrollo Social. Y en nombre de los pobres, y los pobres entre los pobres que según el CONEVAL, la SEDESOL y el INEGI califican en la miseria, los políticos “se cortan las vestiduras”.
Pero la realidad es tan avasallante como adversa. Lo dijeron varios héroes de la patria, entre otros, los siguientes:
Marcelo Montiel Montiel, ex titular de la SEDESOL jarocha y ex titular de la delegación federal de la SEDESOL: “Los pobres son pobres porque quieren”.
Alberto Silva Ramos, ex titular de la SEDESOL estatal: “Sacaré de la pobreza a dos millones de habitantes de Veracruz”.
Y, bueno, sólo él y su familia salieron de pobres.
Anilú Ingram Vallines, delegada federal de la SEDESOL: “Gracias a Miguel Ángel Yunes Linares, porque juntos haremos menos pobres a los pobres”.
Rosario Robles, ex titular de la SEDESOL federal: “Ya no tengan más hijos. Y es que lo que Oportunidades quiere es que salgan adelante”.
Ana Teresa Aranda, titular de la SEDESOL en 2006, tiempo final de Vicente Fox: Los pobres “me pegaron los piojitos. Fue en mi infancia cuando convivía con los hijos de los labriegos en el rancho de mi padre”.
Ernesto Cordero, secretario de Hacienda de Felipe Calderón: Con seis mil pesos al mes, los pobres pueden tener crédito de vivienda y un automóvil y enviar a sus hijos a una escuela privada.
Luis Enrique Miranda Nava, secretario de Desarrollo Social con Enrique Peña Nieto: “Así como se parten la madre los migrantes, páranle la madre a los malos que quieren venir a su pueblo a quitarles el orden” (La Jornada, 21 de agosto, 2017).
He ahí el retrato al desnudo de los próceres de la patria que han ejercido el poder y gobernado desde la SEDESOL.
Los pobres, entonces, en Veracruz (y en el país) se han salvado.

EL CORAZÓN LLENO DE TERNURA

Nada llenó tanto el corazón de ternura desbordante como cuando Pocahontas Indira Rosales, titular de la SEDESOL, fue a la sierra de Zongolica vestida de indita con pestañas postizas y trenzas, y se puso a echar tortillas delante de otras paisanitas y las tendió sobre una estufita SEDESOL.
Nada tampoco desbordó el corazón de ternura cuando Heidi Anilú se vistió con el pantalón ajustado más coqueto y con botas y fue a un ranchito y dio de comer a las ovejas.
Una y otra, claro, acompañados de fotógrafos y camarógrafos para publicar las gráficas en la prensa y en las redes sociales, soñando, como Dios manda, con la candidatura al Senado de la República.
Nada conmovía tanto cuando Jorge Alejandro Carvallo Delfín, titular de la SEDESOL duartiana, fue a Soledad Atzompa con un séquito de reporteros y fotógrafos y repartió besos y abrazos a las mujeres indígenas y luego publicó fotos (pagadas, claro) en la prensa… camino a la diputación federal, mejor dicho, soñando con la candidatura a gobernador en el año 2016.
Nada estrujó tanto el corazón cuando Juan Antonio Nemi Dib, entonces director del DIF de Karime Macías, y Marcelo Montiel, SEDESOL, anunciaron al mundo político nacional que el pueblo jodido, ultra contra súper jodido, de Mixtla de Altamirano, había pasado de clase baja a clase media media.
Y de ñapa, hasta un trofeo internacional (quizá comprado en la Plaza Santo Domingo de la Ciudad de México) otorgado por una fundación social patito, entregaron a Javier Duarte por su vocación política al servicio de los pobres y los miserables de Veracruz que según el CONEVAL son seis de cada diez habitantes del estado de Veracruz, pródigo en recursos naturales y habitado por gente jodida.
Sólo falta que un político local (digamos, Anilú o Indira, o ambas) reproduzcan la famosa imagen de José López Portillo… llorando a moco tendido en un banquete en Puebla, mostrando el platillo con la mitad de un filete que dejara y que los pobres entre los pobres comerían gustosos.

LOS POBRES SIGUEN CARGANDO LA CRUZ

Los pobres siempre han sido utilizados por las elites políticas.
Bastaría, por ejemplo, reseñar lo siguiente:
En el duartazgo, los secretarios de Desarrollo Social fueron Marcelo Montiel Montiel, Jorge Carvallo Delfín, Ranulfo Márquez Hernández, Alberto Silva Ramos y Alfredo Ferrari Saavedra.
Cinco en menos de un sexenio.
Ahora, en el bienio azul, la titular es Indira de Jesús Rosales San Román, quien aun cuando declarara que en su legítimo sueño por ningún concepto está la candidatura al Senado, todas sus acciones están encaminadas a tal objetivo.
En la delegación federal de la SEDESOL han caminado los siguientes:
Marcelo Montiel, Ranulfo Márquez y Anilú Ingram Vallines, y quien pronto, “antes de que el gallo cante tres veces”, igual que Indira, dejará la delegación para que la asuma el cuarto titular.
Cuatro titulares en menos del sexenio peñista.
Así, el chamán amigo, y quien es un escéptico cien por ciento, dice que cada titular de las SEDESOL es, igual que cada maestro, trae su librito y cada uno impone su estilo personal de ejercer el poder y gobernar.
Dato curioso: todos los políticos se “rasgan las venas” en nombre de los pobres en un Veracruz, que al momento actual, es un estado migrante que tiene las remesas como el sostén de la economía estatal y que, además, está considerada la entidad número uno del país en la producción y exportación de trabajadoras sexuales.
Por eso, el dato escalofriante: hace 25 años, cuando la SEDESOL fue creada, la población pobre, miserable y jodida del país era la misma que hoy. El 53.2 por ciento de la población, con todo y que ahorita el INEGI, el CONEVAL y la SEDESOL se estén peleando sobre la medición de los pobres.
Los pobres siguen cargando la cruz y nada, absolutamente nada (ni con Javier Duarte ni con yunilandia ni con el Peñismo) indica que su nivel de vida, en el sótano social, pueda mejorar.
Y si alguna duda existiera bastaría recordar la enseñanza de Vicente Leñero cuando decía que “la mejor forma de describir la pobreza (en una crónica) es describiendo la riqueza”.
Y por tanto, con sólo mirar la riqueza de un montón de duartistas, empezando por Javier Duarte y Karime Macías, es suficiente.
Hay quienes, por ejemplo, sus mismos amigos calculan la fortuna de Marcelo Montiel Montiel es dos mil millones de pesos y que le permitió, dicen en el pueblo, regalar su mansión (en el centro urbano de Coatzacoalcos) de diez millones de pesos al obispo para así ganar indulgencias y ganar el cielo.

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