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Jueves, 18 de Octubre de 2018
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Expediente 2018: Cuitláhuac, blindado

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

Si Francisco Ignacio Madero fue el caudillo del siglo XX, AMLO, el presidente de la república electo, es ya el caudillo del siglo XXI.

Y su caudillaje se extiende de norte a sur y de este a oeste del país, encarnado en los gobernadores afines, anexos, conexos y similares.

Es el caso de Cuitláhuac García Jiménez, en Veracruz, a quien AMLO le ha abonado el camino según el politólogo Carlos Ronzón Verónica.

Por ejemplo:

En los días posteriores al primero de julio, el empresario metido a político, Ricardo Ahued Bardahuil, ex presidente municipal de Xalapa y ex diputado federal, elegido senador de la república, soñó con la secretaría de Finanzas y Planeación, Sefiplan.

Y de pronto, zas, de un día para otro modificó su discurso y empezó a decir que AMLO le dijo que lo necesitaba en el Congreso de la Unión.

Y marcha atrás.

Luego, el empresario metido a político, Ricardo Exsome Zapata, fallido candidato de Morena a presidente municipal de Veracruz, diputado federal electo, trascendió a través de los medios afines que ocuparía la secretaría de Infraestructura y Obra Pública, donde antes lo precediera otro empresario metido a político, Julen Rementería del Puerto.

Entonces, “antes de que el gallo cantara tres veces”, Exsome reculó y dijo que AMLO le había comentado que lo necesitaba en el Congreso de la Unión.

Así, y en un dos por tres, AMLO allanó el camino a Cuitláhuac García para convertirse en el caudillo del Golfo de México en el siglo XXI.

“VAMOS A TABASCO QUE TABASCO ES UN EDÉN”

Según Ronzón, fue el mismo caso de la diputada federal, Senadora electa, ratificada como secretaría de Energía con AMLO, la zacatecana Rocío Nahle.

Luego del primero de julio, entre los trascendidos fue manejado que tendría posiciones en el gabinete legal y ampliado del góber electo.

Incluso, los profetas del futuro inmediato ya miraban a tres, cuatro grupos en el poder sexenal.

Un grupo, Cuitláhuac. Otro grupo, Nahle. Otro grupo, Amado Cruz Malpica. Y otro grupo, el maestro Manuel Huerta Ladrón de Guevara, coordinador estatal de Morena que encumbrara al Movimiento de Renovación Nacional en Veracruz con tantos éxitos rotundos.

Entonces, y desde el búnker en el altiplano de AMLO, llegó el mensaje.

A: Rocío Nahle quedaba ratificada en la secretaría de Energía y tenía ya, ya, ya apostolado definido como, por ejemplo, buscar un terreno en Tabasco para la nueva refinería y otro terreno para construir las oficinas centrales de la secretaría y que será descentralizada.

B: Nahle tomaría posesión de la Senaduría, pero sin calentar la curul porque la profe Gloria Sánchez, gloria y prez de la izquierda en Veracruz desde el PSUM con Heberto Castillo, senadora suplente, asumirá la titularidad.

C: Nahle regresaría a la Cámara de Diputados para retomar sus funciones legislativas.

Y por arte y magia tabasqueña, (“Vamos a Tabasco que Tabasco es un edén”), una vez más el camino quedó allanado por AMLO a Cuitláhuac.

Muchas batallas perdió, sin embargo, Moctezuma II ante Hernán Cortés confundiéndolo con Quetzalcóatl.

A NADIE SE LE HACE SOMBRA…

Entonces, vino el otro ramalazo.

En nombre de la austeridad república, el anuncio de la fusión de las delegaciones federales en los estados en una sola.

Y el nombramiento de Manuel Huerta como el coordinador general.

En Jalisco brotó la inconformidad. Fue con el gobernador electo, Enrique Alfaro. Dijo que significaba un atentado al federalismo. Una real y ultra contra súper fuerza política por encima del jefe del Poder Ejecutivo Estatal.

Manuel Huerta “tiró la espada en prenda” y oxigenó el camino empedrado de cardos y espinas.

Al contrario, dijo, es para una mejor coordinación y eficiencia y eficacia, trabajando siempre al lado de cada gobernador sin hacer sombra a nadie ni a nadie.

Pero en Veracruz, como en otras latitudes del país, hasta crearon figuras imperiales y faraónicas.

La figura poderosa del gobernador.

La figura poderosa de un virrey, el coordinador general de las delegaciones federales.

Incluso, y hasta un capataz miraron en Veracruz con Erick Patrocinio Cisneros Burgos, gente a morir de AMLO, como secretario General de Gobierno, pues significa una posición del virtual presidente.

Una vez más, el manotazo del tabasqueño se atravesó para precisar que cada figura política con su chamba concreta y específica.

Nada, pues, de competencias. Nada de rounds de sombra. Nada de estar mirando “moros con tranchetes”. Nada de pesos y contrapesos.

Por el contrario, el Veracruz de un solo hombre. Cuitláhuac se llama.

El góber electo, pues, como el caudillo de la izquierda en el Golfo de México.

El tótem. El gurú. El tlatoani. El nuevo jefe máximo de la revolución morenista hecha gobierno.

El primer gobernador que será de la izquierda, luego de la hegemonía priista y de los dos años azules.

CUIDAR EL CHANGARRO

Que nadie, entonces, “se haga bolas”. Cada nuevo jefe político de AMLO en Veracruz, a lo suyo. Cada quien en su parcela. Y a cuidar, todos juntos, el changarro.

Y más, cuando, incluso, las intrigas y las envidias están a vapor batiente, por ejemplo, trascendiendo en el carril político que el padre del góber electo está operando los acuerdos de cara al futuro sexenal en tanto Cuitláhuac se encarga del discurso oficial soñando con bailar salsa el fin de semana.

Nadie como AMLO cree en la división del trabajo y ay de quienes sueñen con brincar la barda…

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