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Expediente 2018: Genocidio en Veracruz

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez/Y 4
06 de abril de 2018

Hay un genocidio que nace en América Central, pasa por Veracruz y camina a Estados Unidos.
Es la terrible y espantosa tragedia humanitaria de los migrantes, como la semana anterior en que unos 150 ilegales fueron hallados en un tráiler, casi ahogados.
De Honduras, Salvador, Guatemala y Nicaragua, salen huyendo de la miseria, la pobreza, la jodidez, el desempleo, el subempleo, los salarios de hambre y de la violencia.
Y al internarse en México, Veracruz es, como ha dicho el sacerdote José Alejandro Solalinde Guerra, director fundador del albergue “Los hermanos en el camino”, “el peor infierno del país”.
Luego, otro calvario para pasar de México al país vecino.
Y en EU, la xenofobia, la segregación y el racismo, y más ahora cuando, y por ejemplo, Donald Trump ha ordenado detener a los niños para separarlos de sus padres, además de que los 800 mil dreamers tras las cuerdas, amenazados con la repatriación, 600 mil son originarios de México, una parte de ellos, originarios de Veracruz.
No son, como dicen, asesinos, ni tampoco las mujeres trabajadoras sexuales.
Son seres humanos, urgidos como todos, de un empleo digno que ninguna necesidad habría de exponer la vida si lo tuviera en sus naciones.

UN INFIERNO LLAMADO VERACRUZ

Desde sus pueblos a EU, los centroamericanos caminan sobre el fuego.
En el caso de Veracruz, expuestos a los excesos y abusos del poder encarnado en las policías estatales y municipales, y en la policía migratoria, y en los polleros, y ni se diga en los carteles y cartelitos.
Los barones de la droga, por ejemplo, han ampliado el negocio con los migrantes y los cercan.
Los lugares más peligrosos, el centro neurálgico del infierno, están ubicados en Coatzacoalcos, Acayucan, Medias Aguas y Tierra Blanca.
Y no obstante que el gobierno tiene ubicado el centro del infierno, pareciera que la indiferencia y la negligencia se imponen.
La secretaría General de Gobierno, a cargo del perredista Rogelio Franco Castán, es la titular de la política migratoria, pero igual, como si el apóstol les hablara.
Y más, porque en Estados Unidos hay un millón de paisanos que también huyeron de Veracruz acosados por el hambre, la miseria, la jodidez y la precariedad.
Y la penúltima vez que les “tomaron el pelo” fue en el Fidelato con aquel programita mesiánico y populista de “Los juarochos” en que se los trajeron de Ciudad Juárez con la promesa del paraíso terrenal y se toparon con un infierno peor.

EL PARAÍSO PASA POR EL INFIERNO

Los migrantes de América Central suelen llegar a Ixtepec, el albergue de Solalinde, y en donde esperan la llegada del tren ferroviario conocido como “La Bestia” para viajar a Veracruz trepados en el lomo de los vagones, expuestos a que, de entrada, “Los Maras” les cobren la primera cuota, y luego enseguida, y conforme caminan, van apareciendo los otros jinetes del Apocalipsis, encarnados todos en la muerte.
Un hondureño dijo a la reportera Diana Manzo, de La Jornada:
“Ante la falta de empleo, mi mayor ilusión es llegar a Estados Unidos”.
Pero para alcanzar el sueño han de bajar al infierno, conscientes y seguros todos ellos, y como lo expresaron en una cartulina durante la Procesión del Silencio en Coatzacoalcos, de que “los sueños no tendrán fronteras”.
Tampoco muro Donald Trump.
Por eso, Solalinde ha advertido que con todo y muro, los migrantes seguirán intentando entrar al país vecino, pues “el hambre suele dar muchas cornadas” como intituló Luis Spota en el siglo pasado a una de sus novelas.
Es un drama universal. Y en el caso de México, por ejemplo, inició desde Porfirio Díaz Mori, 33 años en la dictadura, cuando la construcción del sistema ferroviario en la frontera norte y que luego los obreros, indígenas y campesinos habilitados, se fueron a EU a la misma tarea.

FRACASÓ POLÍTICA ECONÓMICA

La indolencia del secretario de Gobierno de Veracruz puede calibrarse de la siguiente manera:
Las remesas de los paisanos en EU se han convertido en el sostén de la economía jarocha por encima de los ingresos derivados de la caña de azúcar, el café, los cítricos y del changarro, considerando que uno de cada tres habitantes económicamente activos vive del puesto callejero de picadas, gordas, tortas, pollos rostizados, café y refrescos de cola en la vía pública.
Y en contraparte, ahora cuando la crisis humanitaria de los migrantes en el otro lado, algunos gobernadores viajaron para reunirse con sus paisanos y llevar una palabrita y un abracito de
consuelo, en tanto Franco Castán soñando con imponer a su esposa en alguna candidatura a la curul local.
Lo peor es, claro, que el millón de paisanos siga en EU porque simple y llanamente, la política económica de la yunicidad, igual que la duartista, han fracasado para ofertar empleos dignos, pagados con justicia laboral, estables y con las prestaciones sociales, económicas y de salud establecidas en la Ley Federal del Trabajo.

EXTERMINIO DE MIGRANTES

La yunicidad llamó tragedia humanitaria a la patraña duartiana de las medicinas para niños con cáncer.
También tragedia humanitaria fue la desaparición forzada de personas en la alianza sórdida y siniestra de políticos, jefes policiacos, policías y narco para secuestrar personas… hasta en los retenes y en los rondines nocturnos.
Pero el caso de los migrantes también es un genocidio que sin necesidad de campos de concentración (José Stalin) ni cámaras de gases (Adolf Hitler) significan el exterminio lento y callado de los indocumentados.

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