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Expediente 2018: La toma del Congreso

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez
31 de octubre de 2018
La noche/madrugada del 30 de octubre, los diputados locales en funciones y electos de MORENA tomaron el Palacio Legislativo. El madruguete, digamos, como una reacción a una agenda impuesta por la bancada panista para regalar bienes materiales a los ediles azules.
La toma del Congreso se explica, entre otras cositas, porque el viernes 26, los legisladores del PAN, PRD y PRI perdonaron a un montón de ediles y funcionarios públicos de la yunicidad por desvíos de recursos oficiales, en tanto otros fueron convocados a esclarecer cuentas, y otros perdonados que porque devolvieron el dinero público sustraído, como si así la mancha quedara desmanchada.
Con todo, la toma del Congreso por los morenistas corresponde al ADN de la izquierda delirante.
Por ejemplo, tienen mayoría en el Congreso federal y a cada rato toman la tribuna y levantan el dedo flamígero y muestran cartulinas furibundas, cuando, caray, con sólo votar una iniciativa de ley, un acuerdo, una inquietud, resulta suficiente.
Es el mismo caso en Veracruz, aun cuando aquí se trataba de la última sesión de la LXIV Legislatura donde MORENA es minoría.
Pero, bueno, si la sesión hubiera procedido con tales prebendas, más fácil sería que a partir del 5 de noviembre, en que los Morenos ascenderán al Poder Legislativo local tumbarían los acuerdos de última hora.
A primera vista, la toma del Congreso, dice el politólogo Carlos Ronzón Verónica, parece una defensa social, pero en el fondo se trata de un autoritarismo puro.
Y más, considerando que nadie puede tomar por la fuerza una decisión superior en contra de los demás.
En el último año de Javier Duarte, la historia se repitió con su bancada priista que cayó en el agandalle, pues hasta los aviones deseaban vender para nada dejar al gobernador Yunes.
Ahora, los diputados yunistas también en el agandalle.
Y como respuesta, MORENA tomando el Palacio Legislativo.
Recuerda, sin embargo, cuando en el último tramo de Duarte, los presidentes municipales del PAN y PRD tomaron el palacio de gobierno y durante varias semanas, que parecieron eternas, durmieron ahí y hasta cocinaban para todos.
La historia, decía Octavio Paz, es una caja de sorpresas, pero también, en la tónica de Federico Engels, se repite, y en la mirada de Carlos Marx, se repite como tragedia y comedia.
Antes, la comedia del PRI. Luego, la comedia del PAN. Ahora, la comedia (y el tiempo) de MORENA. Y, además, durante seis largos y extensos años.
Seis años en que los Morenos seguirán fieles a su ADN con la arenga pública, el reality show en la tribuna, la toma de carreteras, las marchas de protesta, el escándalo social.

RADICALISMO POLÍTICO

El profe egresado de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense exalta el radicalismo político cuando cada grupo, tribu, horda partidista en el poder impone su ley.
Una república bananera, dice, donde quien gana en las urnas hace y deshace en la tarea de gobernar y ejercer el poder, al grado que, por ejemplo, el sacerdote José Alejandro Solalinde dice que AMLO, el presidente electo, “se parece mucho a Dios”, en tanto la ex senadora de la república, Layda Sansores, se inclina ante el tabasqueño, le toma la mano y se la besa, de igual manera como el ritual con los padres de la iglesia católica.
En su momento, por ejemplo, Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes Linares y los suyos impusieron su ley, reproduciendo “el país, el Veracruz, de un solo hombre”.
Ahora, el turno corresponde a los diputados morenistas y quienes, dice Ronzón, así vivirán los próximos seis años en el agandalle y el abuso.
Habría de referir, por ejemplo, el peor agandalle de la yunicidad cuando, por un lado, el góber electo, Cuitláhuac García Jiménez, anunció que cerraría la caseta de La Antigua, concesionada a la familia Ruiz Anitúa, y por el otro, Yunes Linares amplió la concesión a 55 años más.
En el bienio azul que terminará el 30 de noviembre, el PAN y PRD se aliaron, pero en el camino, también parte de las elites priistas.
Ahora, en el sexenio de Cuitláhuac García, nada fácil será que el PRI y el PVEM con sus cuatro diputados (Juan Carlos Molina, Érika Ayala, Jorge Moreno y Andrea Yunes) terminen como una comparsa de MORENA y Cuitláhuac.
Y más, considerando que el diputado federal, Héctor Yunes Landa, “se ha tirado al piso” de Cuitláhuac y AMLO, el presidente electo.

VEDETISMO POLÍTICO

Por lo pronto, todos han de recordar el pasado inmediato:
En el ADN de MORENA están la protesta, la inconformidad, la sublevación, la arenga pública, la toma de palacios, el bloqueo de carreteras, el griterío y la euforia social, como cuando AMLO
encabezaba las marchas de indígenas y campesinos de Villahermosa a la Ciudad de México en contra de Petróleos Mexicanos.
Y cuando tomó con sus huestes la avenida Reforma de la Ciudad de México luego de su derrota ante Felipe Calderón Hinojosa.
Y aun cuando de igual manera en la LXV Legislatura tengan mayoría simple, igual que en el Congreso federal, de cualquier manera seguirán fieles a sí mismo con su insubordinación política y social en todos los casos.
El vedetismo político se impone, sin entender ni comprender que ya son gobierno y mayoría en diecisiete Congresos del país y que basta con someter una iniciativa de ley para ganar y de calle.
Un día, dice el profe Ronzón, nos hartaremos del lenguaje progresista de la izquierda con los temas del aborto, la boda gay, la adopción de niños, las drogas, las consultas populares y el perdón a los malandros, y entonces, ni modo, perdida la oportunidad de ser, la derecha, como en Brasil, regresará al poder en México y Veracruz.
Y más, cuando Cuitláhuac García solo repite como lorito lo que AMLO anuncia desde el altiplano.

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