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Expediente 2018: Lucecita en el túnel

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez
31 de agosto de 2018

La profe Gloria Sánchez es un símbolo político y moral de Veracruz. Pronto, lo será del país, senadora suplente electa llamada a la titularidad cuando Rocío Nahle parta al gabinete de AMLO como secretaría de Energía.
En medio del lodazal de la corrupción pública acumulado de un sexenio a otro, primer lugar en América Latina, uno de los primeros lugares en el mundo, la maestra encarna la izquierda tan soñada como el paraíso terrenal, donde, entre otras cositas, la desigualdad social y económica llegaría a su fin.
Claro, pocas, excepcionales ocasiones “una golondrina anuncia el verano”, como en el caso de Jesucristo crucificado en el Gólgota y Emiliano Zapata ajusticiado en una emboscada por un general, Jesús Guajardo, que se decía su amigo, y Pancho Villa, también emboscado por otros políticos, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, que proclamaban su respeto al “Centauro del Norte”.
Pero, bueno, millón de veces preferible tener fe y esperanza en una mujer como la maestra, una lucecita grande y gigantesca en el largo y extenso túnel del desencanto social.
Contemporánea de Heberto Castillo con su lucha histórica en el PSUM, maestra egresada de la Escuela Normal, su dirigente sindical, la primera candidata de la izquierda a gobernadora de Veracruz, la profe Gloria Sánchez lo dice así:
Con la llegada de AMLO al palacio nacional, “no se trata de ocupar cargos públicos para enriquecerse”.
Ya se verá si la utopía de la honestidad se cumple los próximos 6 años, pero en el caso de la maestra, los ciudadanos que conocen su trayectoria y biografía saben, están seguros, ciertos, de que es una mujer honrada, leal a sí mismo, congruente con sus principios y valores, sin ninguna duda ni sospecha.
Incluso, ella debió haber sido la candidata de AMLO y MORENA a gobernadora.

LA MODA DE LA HONESTIDAD

En el discurso oficial, los morenistas encumbrados hablan de una lucha frontal contra la corrupción, y de paso, “se curan en salud”, inmolándose en la plaza pública como políticos impolutos, ángeles de la pureza, elegidos para gobernar la tierra azteca los próximos seis años.
Es la moda.
Por decreto, todos ellos han de cacarear la honestidad de ellos mismos y el combate a la corrupción.
Un día después de ganar la elección presidencial, decía AMLO, el país quedará purificado.
Está por verse.
Nadie duda de la honestidad de AMLO, menos, mucho menos, de la integridad de la profe Gloria Sánchez, por un solo eje rector, como es la limpieza de su vida pública.
Pero luego de tantos sexenios de corrupción resulta inverosímil que en 6 años sea extinguida y desaparecida, digamos, para siempre.
Basta recordar que cada 6 años en el caso de la presidencia de la república y las gubernaturas y cada 4 años de los alcaldes, la historia demuestra que han aparecido nuevos ricos y mejores fortunas familiares.
Y lo peor, la mayoría de los casos en la impunidad.
Pero, bueno, con tanto estercolero, la voz solitaria y aislada de la maestra significa un aliento, y al mismo tiempo, y en rara y extraña conjunción, un acto básico de inocencia.
Por ejemplo, tarea descomunal, fuera de cualquier posibilidad, “cortar las manos” a los políticos pillos y ladrones.
Milagro sería que los policías, los agentes de Tránsito y los burócratas que han caído y están “hasta el tuétano” en la corrupción, de pronto, por decreto, se vuelvan honestos, así, incluso, les aumenten el salario.
Ultra contra súper milagro será que el gabinete legal y ampliado de Cuitláhuac García Jiménez como gobernador sea honesto “a prueba de bomba”.
“La burra, dice el viejito del pueblo, no era arisca. Los guamazos la volvieron así”.

EL VERANO DE UNA GOLONDRINA

En su entrevista con Notiver, la profe alcanza la ternura subliminal.
Será Senadora de la República, y ahora cuando la bancada de MORENA (el expriista Ricardo Monreal) anuncia que también achicarán los salarios en un 30 por ciento, ella revela que sólo desea que el sueldo “sea suficiente para pagar la renta (de un departamento, digamos, una casita, en la Ciudad de México) y visitar de manera periódica a su familia”.
Ella vive en Xalapa y se entiende, y luego de los treinta años (o más) como profesora en Veracruz, esté jubilada y viva de su pensión.
Pero viajar a la metrópoli más grande del mundo y permanecer allá por la tarea legislativa le significará gastos adicionales.
Además, claro, de la alimentación.
Y por eso desea cumplir “al pie de la letra” con la máxima juarista de “vivir con la medianía de su salario”.
La profe tiene una autoridad moral para ganar cualquier batalla en el campo de la guerra política.
Y se le cree, a ciegas, pues su pasado la avala y garantiza.
Es una mujer, y una mujer política, excepcionalmente honesta a quien se le puede aplicar la frase célebre de que “es una gigante”, igual que los hombres de la Reforma, aquellos que creyeron en Benito Juárez y cuando se reeligió una y otra y otra vez hasta cumplir quince años en el poder, lo dejaron solo, y vaya ironía de la vida, algunos se fueron con Porfirio Díaz Mori.
Por eso cuando dice que ojalá su salario como Senadora le alcance para “pagar una renta y visitar a su familia periódicamente”, caray, el corazón ciudadano se llena de ternura.
La profe Gloria Sánchez honrará al Congreso de la Unión y enaltecerá al presidente de la república electa.
Lástima que sea “una golondrina anunciando el verano”.

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