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Miércoles, 26 de Setiembre de 2018
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Expediente 2018: Nuevo líder priista

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez
15 de agosto de 2018

La candidatura de José Antonio Benítez Lucho a la presidencia del CDE del PRI se está abriendo espacio.
Incluso, de acuerdo con las versiones, otros aspirantes y suspirantes habrían declinado, entre ellos, Juan Nicolás Callejas Roldán (le rogaron mucho para que fuera candidato al Senado), Clara Luz Pinette, Tomás Carrillo Sánchez y los protegidos de Adolfo Mota y Renato Alarcón.
De ser así, las elites priistas apuntalarían a un candidato de unidad, quien, y como describe uno de sus biógrafos, tiene buen karma, se lleva bien con todos los grupos y tribus y con nadie está peleado.
Simple y llanamente, en estas horas adversas y turbulentas, Benítez Lucho, amigo entrañable de Fidel Herrera Beltrán y Pepe Yunes Zorrilla, suma y suma bien.
Su biografía política es amplia y sólida. Paso a paso.
Delegado federal del IMSS y del ISSSTE, diputado federal, secretario particular de un gobernador, vocal ejecutivo de la Comisión Municipal, es un político sereno y ecuánime, frío y calculador, y al mismo tiempo, en rara y extraña paradoja, leal a sus amigos, como lo ha demostrado en tiempos difíciles y ríspidos.
Fue el caso, por ejemplo, en la jornada electoral por la gubernatura el primero de julio de este año cuando se la jugó con todo y por todo con Pepe Yunes, a tal grado que fue despedido (sin razones) del Seguro Social y de una manera grosera, altisonante, prepotente y con rudeza innecesaria.
Y no obstante, institucional como es “aguantó vara” y siguió mirando para adelante, sin escuchar el cántico engañoso de las sirenas.

UN POLÍTICO LIBRE

Hay en el PRI varias corrientes políticas como en todos los partidos.
Pero también hay grupos que apenas, apenitas miran el barco hundirse se tiran al agua, sin calcular los riesgos, como fue el caso, por ejemplo, de los caciques y diputados locales, Felipe Amadeo Flores Espinoza, Ricardo García Guzmán, Renato Tronco Gómez, Basilio Picazo, Regina Vázquez Saut y Fernando Arteaga Aponte, quienes migraron al PAN y MORENA, y en la mayor parte de los casos, quedaron (escrito sea con todo respeto) “como el perro de las dos tortas”.
Otros más, como Ranulfo Márquez Hernández, ex de todo menos de gobernador, se la jugaron, según las versiones, por MORENA, Cuitláhuac García y AMLO, porque trae en las bolsas del pantalón
una copia de la denuncia penal en su contra acusado del presunto desvío de 260 millones de pesos en la SEDESOL y un amparo federal.
Benítez Lucho nunca se arrugó ante las insinuaciones, amenazas y demandas y con lo que mostró su entereza moral, pues luego de más de treinta, cuarenta años quizá de andar en política, nunca lo han acusado de desvío de recursos ni de traficar influencias con interés patrimonialista ni de la creación de empresas fantasmas, vaya, ni siquiera, de favorecer con cargos públicos y casitas regaladas a las barbies habituales de la política.
En su biografía, entonces, se conjugan una hoja limpia de servicio público, una honestidad “a prueba de bomba” y el ejercicio independiente y autónomo de su libertad.
Jamás un político, un jefe, un patrón, lo ha arrodillado por hambre ni por necesidad laboral.
Además, pocos, excepcionales políticos de Veracruz conocen al detalle el estado de Veracruz con sus pendientes sociales y sus grupos políticos y sus líderes locales y regionales y sus filias y fobias, odios y rencores.

LEALTAD AL PARTIDO, LEALTAD A LA FAMILIA

La moneda priista está girando.
Las partes confrontan sus pasiones y mientras unos vislumbran la posibilidad de un cambio lo más pronto posible, y más luego del anuncio del presidente del CDE, Américo Zúñiga Martínez, de que se irá (y se irá sin el análisis frío de la derrota electoral), otros, claman y proclaman que la renovación de la dirigencia ha de proceder hasta el mes de marzo cuando sea celebrada la fundación.
Y, no obstante, la candidatura de Benítez Lucho continúa solita abriéndose paso y empujando la carreta.
Ahora falta saber ver si el ex delegado federal del IMSS y ex diputado federal aceptaría la designación, porque en todo caso se trata de resucitar a un moribundo, conscientes y seguros todos, como dice Jorge Uscanga Escobar, que en política no hay muertos, ni hombres ni partidos.
Pero…, bueno, y de ser así, faltaría determinar las prioridades en la vida política, partidista y particular de Benítez Lucho, pues nadie como él es tan dueño de su destino.
Y en todo caso, y más en el tiempo nublado de hoy, una cosita es la lealtad al partido y otra, mil años luz de distancia, el compromiso familiar para sobrevivir.
Y más, cuando el tricolor tendrá cerradas todas las llaves desde en Veracruz hasta el altiplano, pues el 1 de julio perdieron la gubernatura y la presidencia de la república y de rebote, el Congreso local, la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores.
Peor tantito si se considera que sólo en el relato bíblico los apóstoles y los profetas tenían la facultad sobrenatural de resucitar a los muertos.
Claro, nadie dudaría de que Benítez Lucho es como su cuaderno de doble raya, Fidel Herrera Beltrán, quien nunca en su vida política perdió ni un volado, menos, mucho menos, una elección.

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