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Lunes, 10 de Diciembre de 2018
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Expediente 2018: Renuncia anunciada

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

14 de agosto de 2018

 

El viernes 10 de agosto, 40 días después de la trágica derrota del PRI en el país y en Veracruz, Américo Zúñiga Martínez, presidente del CDE, anunció en Xalapa a unos cien regidores rojos que está listo para irse de la dirigencia.

Se ha vencido, dijo, el tiempo de la presidencia. Se ha vencido, dijo, el tiempo del Consejo Político Estatal. Se ha vencido, insistió, el tiempo de los consejos políticos municipales. Se ha vencido, remató, el tiempo de los liderazgos municipales.

El mal fario para el tricolor inició en 1997, cuando Miguel Ángel Yunes Linares era presidente del CDE y perdió 107 presidencias municipales en aquel domingo electoral.

Luego, el karma se recrudeció cuando en el año 2016, con Felipe Amadeo Flores Espinoza, el PRI perdiera la gubernatura.

Y en el año 2017 cuando el tricolor perdiera 170 alcaldías.

Pero el más grave de todos, el peor entre los peores, fue el primero de julio. Perdida la silla embrujada del palacio. Perdida la silla de Los Pinos. Perdido el Congreso local, pues no ganó una sola curul. Perdido las curules federales, pues tampoco ganó una sola. Y perdidas las dos senadurías.

De 50 diputados locales, el tricolor tendrá a partir del 4 de noviembre, LXV Legislatura, sólo tres diputados, quizá cuatro, y los cuatro, ni más ni menos, tamaño descomunal de la derrota, por la vía pluri.

Por eso, cuando el viernes 10 Américo Zúñiga anunció la hora de irse, ningún regidor se sorprendió.

Era una renuncia anunciada y esperada.

Y más, porque el PRI está, pareciera, muerto.

Muerto, sin un centro de gravedad para girar con firmeza.

Muerto, porque desde el año 1929 en que fue creado el partido abuelo del PRI, el PNR, las familias rojas se acostumbraron a hacer política con el billete por delante.

Muerto, porque de las 212 presidencias municipales sólo tienen unas cuarenta. Y el 90 por ciento, alcaldías pobres y jodidas.

Muerto, porque están mirando la tempestad y nadie se hinca, creyendo que viven aún el tiempo de jauja.

 

TIEMPO HURACANADO

 

Está claro: de aquí al año 2021 cuando sea la hora de elegir a los nuevos diputados locales, el tricolor vivirá tiempo huracanado.

A: El nuevo CDE enfrentará una sola tarea, como es administrar la miseria.

B: Acostumbrados a ejercer el poder con un político fuerte (el gobernador en turno, por ejemplo), ahora, y como dicen en el pueblo, “el burro sin dueño”, cada elite mostrando el puño y el músculo.

C: Cerrada la llave en Veracruz con la gubernatura en manos de MORENA, de igual manera en el altiplano con la presidencia de la república en manos de AMLO.

D: En la rebatinga, la ley de la selva.

E: En el Congreso, con tres, cuatro diputados locales pluris, el ridículo. Fantasmas en el pasillo legislativo. Zombies.

F: Una sola diputada federal, Anilú Ingram Vallines, de Veracruz en el Congreso de la Unión con 500 legisladores federales. Otro ridículo. Y más, porque su padrino, gurú y tlatoani, Miguel Ángel Osorio Chong, futuro líder senatorial, ha comprado una combi para moverse allí con sus trece senadores, pobrecito, el escarnio.

G: De 300 regidores que en los mejores tiempos tuvo el PRI en Veracruz, ahora sólo unos 106.

H: Todavía el PRI está sin reponerse de la goliza electoral y el senador Héctor Yunes mueve sus tentáculos para adueñarse del partido porque sueña con la candidatura a gobernador en el año 2024.

Y, bueno, que Dios le de vida y salud. Y bendiciones.

I: Las cúpulas, peleando. En un lado, Héctor Yunes. En otro, otras elites impulsando a Juan Nicolás Callejas Roldán y Clara Luz Pinete Vargas, ambos perdedores. Y en otro, con Renato Alarcón y Adolfo Mota, empujando a los suyos.

 

“AL PRI YA NO LO QUIEREN”

 

Nunca imaginaron los priistas quedar en el tercer lugar de la elección del primero de julio.

En cuatro años como partido político, MORENA, que es AMLO, los derrotó, y de paso, arrasó con el PAN.

En Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez obtuvo un millón 665 mil 824 votos y Miguel Ángel Yunes Márquez un millón 452 mil 574 y el priista Pepe Yunes Zorrilla, apenas, apenitas 528 mil 204.

Y aun cuando, digamos, se trata de una cantidad de sufragios respetada y respetable, al mismo tiempo expresa el tamaño kilométrico de la derrota.

En 1950, Cantinflas filmó la película “El señor diputado”, donde Mario Moreno acuña frase bíblica: “Al PRI ya no lo quieren”.

Y desde entonces, antes de que Gustavo Díaz Ordaz gobernara el país con su movimiento estudiantil del 68, había sonado la hora de enmendar la plana.

Nunca, jamás, nadie, ninguna elite, quiso escuchar.

Y los abusos y excesos del poder llegaron a tanto que el primero de julio se tradujo de manera apocalíptica, el Día del Juicio Final, el Waterloo, el Día D.

Hay quienes, sin embargo, aseguran que ningún caso tiene, por ahora, un aquelarre en contra de Américo Zúñiga para que se vaya.

Lo mismo da hoy que el año entrante, digamos, hacia el 4 de marzo, fecha conmemorativa de la fundación del tricolor, tiempo suficiente para pensar y repensar y madurar una decisión efectiva.

Pero…, Héctor Yunes tiene prisa. Le urge adueñarse del tricolor. Y con lupa, quizá ya lo tenga, busca el relevo de Américo, a su imagen y semejanza.

 

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