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Expediente 2018: Un hombre ante la historia

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez
03 de agosto de 2018

Javier Duarte quiso entrar a la historia como el mejor gobernador de Veracruz. Y terminó en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México.
Pero…, obtuvo, sin embargo, otras preseas, entre ellas las siguientes.
Uno. Un nuevo libro acaba de publicarse sobre su sexenio fatídico. Se llama “Los gobernadores. Caciques del pasado y del presente”, editorial Grijalvo, coordinado por el investigador y reportero, Andrew Paxman.
En su contenido desfilan como en el infierno los ex gobernadores Eruviel Avila, Rafael Moreno Valle, Miguel Ángel Osorio Chong, Ivonne Ortega Pacheco y Andrés Manuel López Obrador.
Dos. El mismo CEN del PRI lo centró en la historia como el político más corrupto en el Peñismo, luego de que el mismo presidente de la república lo ubicara como el prototipo de la nueva generación priista en el poder.
Tres. Su genio financiero le permitió entrar a la historia como el creador de cuatrocientas empresas fantasmas para saquear el erario de Veracruz.
Cuatro. Por vez primera en la historia local favoreció, alentó y protegió la desaparición forzada y que se deriva de la alianza siniestra y sórdida de políticos, jefes policiacos y policías para secuestrar y desaparecer y asesinar a personas inocentes.
Cinco. También ingresó a la inmortalidad como el gobernador que en nombre del erario compró mansiones, edificios, departamentos, terrenos, ranchos, caballos y pinturas tanto en el país como en el extranjero, de tal forma que su imperio y su emporio floreció desde México hasta Estados Unidos y España.
Seis. Es el gobernador que en menos de su sexenio creó las circunstancias para que más de treinta de sus colaboradores terminaran en el penal de Pacho Viejo, acusados del desvío de recursos y desaparición forzada.
Siete. Entró a la historia como el gobernador que aportó cantidades millonarias, con cargo al erario, para la campaña presidencial del priista Enrique Peña Nieto según el imaginario colectivo.

LA PAREJA GUBERNAMENTAL

Ocho. Después de Martha Sahagún con Vicente Fox Quesada, Duarte quedó como el gobernador que más juego y rejuego tuvo para su esposa, Karime Macías, en la política pública, construyendo la figura de la pareja gubernamental.
Nueve. Es el único ex gobernador que en la historia local y nacional expuso a su esposa a una orden de aprehensión, con todo y que ella haya solicitado el asilo en la Gran Bretaña por persecución política.
Diez. Ningún otro gobernador instauró el reino de las Barbies a quienes entronizó en cargos públicos y tráfico de influencias, y de ñapa, hasta nombramientos en las secretarías para las amigas de sus reinis.
Once. Nadie como Duarte utilizó con maestría los símbolos patrios y religiosos. Por ejemplo, en Manhattan desfiló al lado de migrantes cargando el estandarte de la Virgen de Guadalupe. En Roma, el Papa Juan Pablo II lo bendijo a él y a su esposa. En Tlacotalpan, escuchaba misa, confesaba y comulgaba en la feria de La Candelaria. En Córdoba, oyó misa antes de tomar posesión.
Doce. Es el único gobernador que en funciones cambió a ochenta y cinco (85) funcionarios del gabinete legal y ampliado, sin rendir cuentas absolutamente a nadie, consciente y seguro de que ejerció el poder como “el país de un solo hombre” que ya Antonio López de Santa Anna le puso el ejemplo.
Trece. Nadie como Duarte sometió a los poderes Legislativo y Judicial y a parte de la élite eclesiástica y empresarial y sindical y mediática.
Catorce. Nunca, jamás, le valió que Veracruz fue declarado “el peor rincón del mundo para el gremio reporteril” y dejó diecinueve reporteros asesinados y tres desaparecidos, además de un número incalculable de fosas clandestinas y que la Fiscalía de Jorge Wínckler ha ubicado en 55 municipios.

“NO HAY MÁS VOZ QUE LA MÍA”

Por eso, el mayor número de libros publicados sobre el estilo personal de gobernar y ejercer el poder han sido sobre Duarte, el primero de los cuales es del corresponsal de Proceso en Veracruz, Noé Zavaleta.
El historiador y periodista inglés, Andrew Paxman, coordinó el libro “Los gobernadores, caciques del pasado y del presente” tomando como eje central que los cinco de los seis incluidos (menos Javier Duarte) soñaban con la candidatura presidencial.
Y, bueno, Duarte fue considerado porque desbarrancó a todos en los ilícitos, abusos y excesos cometidos y lo que expresa, dice el reportero, “el creciente poder” del sexteto, a tono, digamos, y entre otras cositas, con la frase histórica de Maximino Ávila Camacho cuando gobernaba Puebla y decía: Aquí no hay más voz que la mía”.
Fue, entonces, la voz única de Duarte escuchada durante el sexenio anterior como la voz del oráculo, el gurú, el tlatoani, el jefe máximo, simple y llanamente, la tentación faraónica del poder.
Javier Duarte encarnó el dios terrenal de la política durante 6 años. Ahora, duerme en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.
Y los historiadores y reporteros cada vez descubren más coctel explosivo para describir su tiempo, casi casi “Los doce Césares” de Suetonio, donde cuenta la historia de Calígula quien ordenaba a los vasallos cubrir de monedas de oro su palacio y luego sin zapatos caminaba sobre el dinero para sentir la buena vibra y el mejor karma afiebrado con el poder.

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