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Viernes, 14 de Diciembre de 2018
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Expediente 2018: UPAV, campo de batalla

LUIS_VELAZQUEZEl descrédito académico, moral, ético, social y político de la UPAV se calibra de la siguiente manera:

En Internet, mercado libre y redes sociales, el Tepito jarocho, circulan avisos económicos con la siguiente leyenda:

“Certificados de Bachilleres UPAV. Venta de certificados para buscar trabajo sólo con CURP, foto y nombre. En media ora (ora, sin hache) está listo”.

Así, entre otras cositas, terminó, ha terminado, está terminando la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, la mayor obra educativa, digamos, de Javier Duarte, con su asesor estrella, José Murat Casab, quien le sugiriera tamaña odisea y osadía.

Por eso, ahora cuando el grupo de “Los Lenin” (Lenin Torres, el máximo activista, presidente, ajá, de la Asociación Académica y Docente de la UPAV) se plantará el martes 28 de agosto del año que corre en Xalapa clamando y reclamando (una vez más) reforma a la ley 276 de la Educación para volver autónoma a la dichosa universidad, solo busca crear “su mundo color de rosa”.

De entrada, dice el politólogo Ramón Benítez, presionar al gobernador electo, Cuitláhuac García Jiménez, para ver si así, con las marchitas (las marchitas que han sido la característica social y política de la izquierda, la izquierda delirante de Morena, por ejemplo) se encumbra en su reino.

El reino de la UPAV, su obsesión.

 

ARCHIPIÉLAGO DE FELICIDAD

 

En su marcha del martes 28 de agosto, los Lenin gritaron al mundo que la UPAV fue creada como “un botín político”.

Pero resulta que, desde su fundación, Los Lenin fueron maestros y jefes máximos.

Al principio de la yunicidad vivieron días adversos cuando la primera Rectora, Maribel Sánchez Lara, deseó purificar el sistema educativo, proveniente como llegó de una universidad privada.

Pero en el camino, ella “pisó varios callos” y fue lanzada.

Y fue lanzada cuando Los Lenin encabezaron marchas en Xalapa, Córdoba y Veracruz, y como la orden universal del secretario de Educación, Enrique Pérez Rodríguez, era llevar una SEV en paz, sin ningún problemilla político ni social, entonces, con todo y sus méritos, Maribel Sánchez fue lanzada del barco azul y Los Lenin hallaron su archipiélago de felicidad.

Incluso, según las versiones, Enrique Pérez, famoso en el país por la primera fuga de Joaquín “El chapo” Guzmán del penal de alta seguridad de Jalisco, los convirtió en sus aliados, reproduciendo la filosofía porfirista de que los intelectuales han de “maicearse” y otorgar cargos públicos, canonjías y prebendas por arriba y debajo de la mesa.

Entonces, llegó a la UPAV Carlos Raúl Velázquez considerado una figura decorativa, pues quienes manejan la universidad son la gente de Pérez, a saber, Aldo Santillán, titular de Finanzas, y Ángel Aguirre, director de Educación Superior, y Esperanza Reyes, al frente de Educación Media Superior.

Y, bueno, al lado del anuncio de la venta de certificados en el mercado libre del Internet, anexos y conexos, la versión es que si un particular desea abrir un nuevo plantel de la UPAV cuesta 25 mil pesos, así sea en Veracruz y/o en alguna entidad federativa.

Es decir, la UPAV igual, igualita que en el tiempo duartiano.

Negocio floreciente.

 

“UNA MANO MECE LA CUNA”

 

¡Ah!, pero según las versiones en el pasillo, digamos, académico de la UPAV es que Enrique Pérez utilizó a Los Lenin para golpear a Maribel Sánchez Lara, con todo y que en el PRI aseguran que Lenin Torres estuvo al servicio de Héctor Yunes Landa, fallido candidato tricolor a gobernador en el año 2016 y fallido aspirante a la nominación priista en el año 2018 a la silla embrujada del palacio.

Incluso, hay quienes aseguran que Los Lenin forman parte del grupo de choque del titular de la SEV para “mover el piso” a Cuitláhuac.

Por ejemplo, una llamada Asociación Académica Estudiantil de la UPAV publicó el 25 de junio de este año un desplegado sobre la política educativa de los próximos 6 años en Veracruz, además de rueda de prensa en Xalapa con la presencia de número connotado de los medios y que solo puede entenderse por “una mano que está meciendo la cuna”.

Según el politólogo Ramón Benítez, el objetivo del desplegado fue triple:

Uno. Convulsionar a la UPAV en el tiempo de la transición gubernamental del PAN a Morena.

Dos. “Dejar la víbora chillando” a Cuitláhuac García para ver si se adueñan de la UPAV.

Y tres. Sopesar la posibilidad de imponer al rector, ahora cuando en la pasarela mediática los pronunciamientos sobre la UPAV se han multiplicado, incluso, como ningún otro grupo, horda, tribu política, social y económica.

El pretexto es y ha sido el mismo de siempre como es una autonomía de verdad… ahora, caray, cuando la mitad de la población del país y la otra mitad ha sentido resucitar su gran vocación

democrática como parte, digamos, de la república amorosa, pues el amor, claro, dice la biblia, es incluyente y de paso, todo suele perdonar.

 

“HONESTIDAD VALIENTE”

 

Pero más allá del idealismo y la utopía y la resurrección de Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, y más allá del Tepito jarocho de la UPAV, Los Lenin luchan por ganar un espacio como los nuevos apóstoles de “la honestidad valiente” y quedarse con el huesito académico.

Y es que como se recordará, la Universidad Popular tuvo su momento de gloria y esplendor cuando en el sexenio anterior hacían negocios por todos los frentes, por ejemplo, la venta de títulos, alumnos que se inscribían al comienzo del ciclo escolar y solo regresaban por el diplomita, maestros barcos, campus en los garajes y las recámaras de los concesionarios de una sucursal o filial, y las franquicias en otras latitudes del país y hasta del mundo.

Tiempo aquel cuando los próceres educativos de la UPAV alardeaban de tener más alumnos y más posgrados y hasta más estudiantes del extranjero que la UV, pisando los talones a la UNAM.

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