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Jueves, 17 de Enero de 2019
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Expediente 2018: Veracruz, hecho pedacitos

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

20 de diciembre de 2018

El rostro de la muerte en la era Cuitláhuac García Jiménez es el siguiente:

Día 17: 83 muertos.

Día 16: 80 muertos.

Día 15: 73 muertos.

Día 14: 65 muertos.

Día 13: 60 muertos.

Día 12: 51 muertos.

Día 11: 48 muertos.

Entre ellos, quince feminicidios.

Y más peor: niños asesinados, la última, en Santa Ana Atzacan, de 12 años de edad.

Ejecutados por todos lados. Tiroteos. Cercenados. Embolsados. Tirados en la vía pública.

Osamentas arrojadas en la calle. Cadáveres flotando en los ríos y lagunas.

Decapitados. Hecho pedacitos.

Ataques armados. Y a migrantes. Una mujer de Guatemala asesinada. Cuatro heridos más en los límites de Rodríguez Clara e Isla. Entre ellos, un niño.

Y con claros indicios de una alianza sórdida y siniestra entre la delincuencia organizada y los policías.

Fueron policías de Isla dijo el secretario General de Gobierno 48 horas después.

Fueron polleros gritoneó el alcalde de Isla, Fernando Molina Landa.

Mis policías municipales no fueron dijo el alcalde de Isla. Fueron grupos de polleros.

Y varios días después, el silencio. Ningún resultado. La emboscada a migrantes, en la opacidad, en la penumbra, en el limbo.

Ya nadie se acuerda. Ni siquiera, vaya, los diputados locales de la Comisión de Atención a Migrantes.

Claro, un crimen y otro y otro hace olvidar el anterior y el anterior y así los días se van ensortijando y la memoria compañera del olvido causa estragos creando y recreando el Veracruz de la impunidad.

Y en las alturas del poder, un secretario de Seguridad Pública pidiendo disculpas por llegar pistola al cincho a un acto público, parece, en una escuela de Coatzacoalcos, y un Fiscal atrincherado en su palacio para evitar el despido, encima ya, el juicio político para su destitución que camina en los días huracanados.

EL ROSTRO DE LA INCAPACIDAD OFICIAL

Es la cara de la muerte. Sórdida y siniestra. Igual, igualitos fueron los dos años de la yunicidad. Y los seis años del duartazgo.

Y en la cumbre del poder, un gobernador famoso en las redes sociales por su vocación fifí y su sabadaza y su baile salsero.

Y un secretario General de Gobierno, jefe político y policiaco del gabinete, feliz, realizado, con su exposición de caricaturas en su pueblo, el pueblo del Cristo negro de Otatitlán.

Y el secretario de Seguridad Pública, apenas, apenitas, conociendo la geografía de Veracruz con un curso por correspondencia, pues, y como en el caso de la secretaría de Protección Civil, desconoce el mapa local.

Y el Fiscal, multiplicando la impunidad, pues desde hace ratito sólo vive apoltronado en la silla embrujada de su palacio.

Hay, ciertos, muchos pendientes sociales.

El desempleo, el subempleo y los salarios de hambre. Y la baja calidad educativa. La peor calidad del sistema de salud.

Pero por encima de todo está la seguridad y la certidumbre en el diario vivir.

La vida cotidiana de los 8 millones de habitantes de Veracruz expuestos a los malandros para un secuestro, un rescate millonario incapaz de pagarse como el caso de la chica asesinada en Tancoco.

Los días y noches de la era Cuitláhuac han pasado y pronto se cumplirá el primer mes y la ineficiencia e incapacidad es manifiesta.

Los malandros siguen ganando la batalla e imponiendo la agenda pública sin un plan oficial, sin una estrategia, cuando, caray, del primero de julio, día exitoso de las urnas para MORENA, a la toma de posesión el primero de diciembre, 5 meses después, existió tiempo de sobra para armar una estrategia.

Por el contrario, se la pasaron en la luna de miel y en comiditas debajo de los árboles puebleando, metidos en su sabadaba como un estilo personal de ejercer el poder y gobernar, y el resultado social ahí está con el número de muertos, entre ellos, feminicidos e infanticidios.

Son los hechos y el único aval de un ser humano, cualesquiera sea su naturaleza y trabajo, en la vida misma, son los hechos.

Incluso, lo evidencia Chomsky, hay veces cuando el ciudadano común y sencillo duda hasta de los mismos hechos, pues en todo caso, pueden manipularse como por ejemplo, “los acarreados” de los Colectivos para sitiar la Fiscalía de Xalapa y acosar más, mucho más, al indeseable Jorge Wínckler Ortiz.

LA MUERTE ESTÁ DESCARRERADA

La yunicidad perdió la gubernatura, primero, porque la violencia los rebasó por completo, y segundo, por la obsesiva obsesión del nepotismo.

El duartazgo descarriló por completo al PRI, primero, por la violencia multiplicada y que llegara a fosas clandestinas como nunca antes en la historia local, y segundo, por la corrupción desorbitada, fuera de control, ambición burda.

Ahora, luego de la primera quincena de la era Cuitláhuac, la era MORENA, la era AMLO en Veracruz, la incertidumbre y la zozobra en el diario vivir continúa soplando con vientos huracanados, sin ninguna medida ni respuesta concreta y específica.

Cierto, en todo cambio de gobierno (sea simple y burda alternancia o transición), los carteles y cartelitos y la delincuencia organizada y común muestran el puño y el músculo, primero, para medir fuerza entre ellos mismos, y segundo, para medir fuerza con el nuevo presidente municipal, el nuevo gobernador, el nuevo presidente de la república.

Pero, al mismo tiempo, y por más y más que una generación política vaya llegando al poder público como el caso de MORENA, la izquierda, en Veracruz, nada justifica el tsunami descarreado de la muerte.

En un principio, los malandros se mataban entre sí para adueñarse de la jugosa plaza local.

Ahora, y como en la yunicidad y el duartazgo, asesinando a mujeres y niños.

Es el Veracruz que todos, sin excepción, seguimos padeciendo, pues nadie puede cantar victoria de que ya la libró cuando a la vuelta de la esquina bien pueden secuestrar a un familiar o a uno mismo.

Y si careces de dinero para cubrir el rescate, el asesinato, aun cuando, claro, con todo y pagarlo, con frecuencia de cualquier manera te matan como sucediera en el bienio azul y en el sexenio priista.

Lo peor de todo es la incapacidad manifiesta de la autoridad en turno, pues los carteles siguen ganando la batalla.

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