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Expediente 2018: Veracruz, “peor que antes”

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez
30 de enero de 2018

En cuatro palabras, Pepe Yunes definió la inseguridad en el Veracruz azul. “Está peor que antes”, dijo.
Peor, por ejemplo, que cuando Javier Duarte.
Peor que cuando Arturo Bermúdez Zurita.
Peor que cuando Felipe Calderón gobernaba el país.
Peor que cuando un cuarteto de carteles reñían por la jugosa plaza Veracruz.
Peor que cuando tiraran los 36 cadáveres en el paso a desnivel de la avenida Ruiz Cortines en Boca del Río.
Peor que cuando parte de los cuerpos policiacos eran aliados de los malandros y Veracruz quedó atrapado en la desaparición forzada, delito de lesa humanidad.
Además, puso en la mesa social y política la verdad bíblica que anda de boca en boca:
“La inseguridad se desbordó con el gobierno del cambio”.
Cambiar, ya lo decía Lampedusa, para seguir igual.
O peor, claro.
Cambiar… para hacer como que cambiamos y se pesca en río revuelto, por ejemplo, con el nepotismo, el nepotismo monárquico, a todo vapor.
El inminente candidato del PRI y PVEM a la gubernatura, agarrando “el toro por los cuernos”, simple y llanamente, exponiendo en el carril la realidad avasallante.
Veracruz está, dijo en Coatzacoalcos, el municipio más sangriento de los 212, “peor que antes” y que son palabras mayores.
REGUERO DE CADÁVERES

Ex senador de la república, ex diputado federal y local, ex presidente del CDE del PRI y ex alcalde de su pueblo, ningún otro tiempo recuerda Pepe Yunes tan violento como hoy.
Lo dijo así:
La inseguridad “pone en riesgo la integridad física de las personas y su patrimonio”.
La tierra jarocha, un reguero de cadáveres por todos lados.
La sangre, borboteando en calles y pueblos y carreteras.
La vida, prendida con alfileres.
Y lo peor, una cosita son los asesinatos y otra, años luz de distancia, pero al mismo tiempo, hermana gemela, la impunidad.
La violencia, dijo, está desbordada.
Es decir, imparable, fuera de control, rebasando el principio de Peter del grupo panista en el poder constitucional, la prueba de fuego para una generación política que catorce meses después ha sido incapaz.
Y que por más y más que la yunicidad siga “lavándose las manos” inculpando a Javier Duarte, y de paso, a su jefe policiaco, Arturo Bermúdez Zurita, “la confrontación política discursiva ha de dejarse atrás para encontrar soluciones”.
Cierto, cierto, cierto, cada ocho días, el gobernador Yunes se reúne con el equipo estelar de seguridad.
Pero…, Veracruz está así:
Crímenes de políticos. Ya van cinco ex y presidentes municipales.
Crímenes de niños.
Crímenes de mujeres.
Crímenes de jóvenes.
Crímenes de personas maduras.
Y aun cuando en la cantaleta oficial juran y perjuran que todos son delincuentes ajustando cuentas entre sí, los menores y las mujeres asesinadas (“Daños colaterales” les llamaba Felipe Calderón copiando a George W. Bush) expresan el dolor y el sufrimiento de los familiares de las víctimas.
En el año 2012, el PAN fue lanzado de Los Pinos por los más de 150 mil muertos de Felipe Calderón Hinojosa, con todo y los soldados y los marinos en las calles combatiendo a los malandros.
Es el gran riesgo de Miguel Ángel Yunes Linares, con todo y que el alcalde Humberto Alonso Morelli, jure y perjure que Boca del Río es un pueblo seguro y, por añadidura, un pueblo feliz, la falacia que desde el panismo venden a la población electoral.

“DESBORDADO EL GOBIERNO DEL CAMBIO”

Días anteriores, y en la precampaña, Pepe Yunes puso “el índice en la llaga purulenta” de otro pendiente social.
Hay recesión en Veracruz, dijo.
Y recesión significa la parálisis de la economía.
“Es un tema dramático”, dijo.
Comercios cerrados. Casas en venta. Población desempleada, subempleada y con salarios de hambre. Éxodo de familias a otras entidades del país. Migración imparable. Trabajo sexual multiplicado. Changarros florecientes. Plantas industriales a la baja.
Etcétera.
Y de postre, la violencia creciente.
Un círculo vicioso reciclándose entre sí mismo.
“El gobierno del cambio”, desbordado, como un río revuelto arrasando con la fe y la esperanza social.
“El PAN me ha decepcionado” dice la mesera de un restaurante local, luego de militar durante seis años en el partido azul.
Y más cuando, con todo, el único objetivo es heredar la silla embrujada del palacio de Xalapa al hijo.
Nadie, claro, niega la posibilidad al primogénito de soñar con un cargo público superior a los dos alcaldías y la curul local desempeñada.
Pero, caray, y más allá de que su padre lo hiciera ganar en las urnas, desde la moral pública, se mira y siente y percibe mal.
Y sin valores ni principios, un político pierde el respeto y la confianza ciudadana, y se termina, igual, o peor, que Javier Duarte, con todo y que al político preso en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México y a Karime Macías y a los duartistas, les valía.

ALLÁ CADA GOBERNADOR Y SUS CARTELES

Se dirá que el país está igual o peor que Veracruz con la inseguridad desbordada.
Incluso, con mucho más cadáveres.
Los 43 normalistas de Ayotzinapa. Los 72 migrantes de San Fernando, Tamaulipas, hasta con el tiro de gracia. El estado de México, en el primer lugar nacional de feminicidios. Un par de ex gobernadores de Tamaulipas, Eugenio Flores Hernández y Tomás Yarrington, aliados, socios y cómplices del narcotráfico. Ciudad Juárez, en el ranking de las ciudades de la muerte, incluso, con películas filmadas ex profeso.
Cierto.
Pero allá cada pueblo con sus carteles y cartelitos, la integridad física de cada habitante de Veracruz, todos y cada uno sin excepción, pobres y ricos, empleados y patrones, urbanos y rurales, priistas, panistas, perredistas y morenistas, etcétera, está en peligro.
“La inseguridad se desbordó con el gobierno del cambio” dice Pepe Yunes.

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