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Miércoles, 19 de Diciembre de 2018
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Expediente 2018: Vidas deshechas

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

04 de septiembre de 2018

 

Todos en Veracruz hablan de los feminicidios, pero nadie de los niños huérfanos y los padres ancianos.

Todos hablan de los hombres asesinados, pero nadie de la tragedia humanitaria con viudas, huérfanos y padres ancianos.

Todos hablan de los ajustes de cuentas entre malandros y malandros y sicarios y policías, pero nadie de las vidas segadas y deshechas.

Todos hablan de los asesinos físicos, pero nadie de los homicidas intelectuales.

Pelean Fiscalías por el número de desaparecidos (3,500 según Jorge Wínckler, 4,200 según Eduardo Coronel junior, 30 mil según el Solecito, 15 mil según la diputada local, Marijose Gamboa), pero los desaparecidos siguen.

Llevan las ONG listas de mujeres ejecutadas, pero nadie, y menos la Fiscalía, se detiene en la vida de cada día, el día con día, de los niños huérfanos, la comida, la ropa, la escuela, los útiles escolares, el uniforme y la medicina si enferman.

Los padres buscan a los hijos y de su dolor y sufrimiento nadie se ocupa, una tragedia humanitaria, digamos, postergada, quizá arrumbada, condenada a la intimidad en el silencio sombrío de la recámara con la familia y en familia.

Todos llevan flores y veladoras y rezos a sus muertos en el panteón, pero los padres con hijos desaparecidos ningún espacio tienen para confortar el dolor.

Seis años de Javier Duarte y casi dos del gobernador Yunes no son muchos, pero en la historia de cada vida frustrada constituye una eternidad multiplicada al infinito por la impunidad.

Es el otro Veracruz. El Veracruz sangriento, adolorido, flagelado, vejado, humillado, menospreciado, desdeñado.

 

ASESINATO DESDE EL PODER

 

La Fiscalía se la pasa expidiendo boletines “para curarse en salud” mientras los padres de los muertos y desaparecidos continúan buscando a los suyos en los terrenos, lotes, ranchos, pozos artesianos, cañaverales y fosas clandestinas financiadas con sus propios recursos.

Y lo peor, todos satanizados por la Fiscalía, pues la Suprema e Impoluta Autoridad los trata como enemigos.

Los padres, perdiendo el miedo a la Fiscalía, al gobernador en turno, al secretario de Seguridad Pública, a los policías, a los narcos y a los sicarios.

En otros países del continente, la muerte encarnada en las dictaduras con su guerra sucia, policías, militares, marinos.

El asesinato colectivo desde el poder.

Aquí, en Veracruz, como en el resto del país, la alianza de políticos y carteles, jefes policiacos y jefes malandros, cometiendo el delito de desaparición forzada, el delito que nunca prescribe.

Y, no obstante, seguir luchando cada día para vivir pues en todo caso significa el precio de la libertad y cada día es un nuevo comienzo y en cada amanecer se empieza de cero.

 

EL TIGRE ESTÁ SUELTO…

 

Derrocado, Porfirio Díaz Miró huyó al exilio dorado en el barco Ypiranga, partiendo de Veracruz. Trepado en el barco, pronunció su frase bíblica:

“Francisco Madero, dijo, soltó al tigre”.

Pero el tigre y el jaguar y el león y la hiena, etcétera, continúan sueltos en la tierra del “Tilingo Lingo” y de “La bamba”.

Hay tigres, claro, que se vuelven gatos apapachados en casa, unos dulces.

Pero el tigre de la violencia y la muerte y los desaparecidos es insaciable y con nada sacian el hambre.

Y todos los días hay ciudadanos de Veracruz jugando a domar el tigre, mejor dicho, a librar su tigre encarnado en el vandalismo, tierra sin ley como un oleaje violento del Golfo de México, un zarpazo fuera de control y en donde por lo regular cada uno queda sin estribos y riendas con el caballo sin freno, desbocado, vientos huracanados soplando desde el año 2010 con Javier Duarte trepado en el poder.

En Veracruz se vive todos los días con el tigre acechando y los caballos desbocados y los vientos torrenciales luchando con fuerzas superiores, más grandes y poderosas que todos, de tal forma que ni siquiera la autoridad ha podido, en ningún momento, digamos con esperanza, como dice el escritor Ricardo Ravelo Galo, porque cada presidente y cada gobernador tiene su cartel preferido.

La muerte y la impunidad han dejado en la tierra jarocha almas solitarias, la soledad que para un artista y una pareja al amanecer, por ejemplo, constituye una bendición de Dios, pero para las víctimas es un martirio.

Entre ellas, los familiares de la mujer que la mañana del jueves 30 de agosto del año que corre apareció flotando en las aguas del río Sedeño, a la altura de “La ermita”, en la colonia Rafael

Hernández Villalpando, en Xalapa, y cuya única identidad es que tendría entre 30 a 35 años, un tatuaje de media luna en el cuerpo.

 

VIVIR SOBRESALTADOS

 

Durante los seis años de Duarte y los casi dos de Yunes hemos vivido en el sobresalto. Todos atemorizados de que un día un sicario llame a la puerta en el día, en la tarde, en la noche, en la madrugada.

Y a pesar del río de sangre y el valle de la muerte en que está convertido Veracruz, la calidad de la vida cotidiana ha empeorado a partir del momento en que cada día, cada mes, cada año, se ha recrudecido, y todo pareciera que los carteles siguen ganando la batalla.

La vida, una pesadilla.

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