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Expediente: 2018El Presidente invisible

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

28 de agosto de 2018

 

Todo dio Enrique Peña Nieto a su grupo. Cargos públicos, dinero, poder, confianza, trayectoria, currículo. Y se engolosinaron. Y perdieron la elección presidencial.

Entonces, y antes de que los Peñistas (José Antonio Meade, Luis Videgaray Caso, Aurelio Nuño Mayer, José Antonio González Fernández, etcétera) que solitos se desplomaron, todo indica que el presidente de la república pactó con el sucesor, AMLO.

Y pactó, por ejemplo, lo más sencillo en la vida democrática. Las manos, fuera de la elección. No, a la elección de Estado.

Por eso, ahora, una parte de las elites priistas culpan de la derrota a Peña Nieto.

Y de ñapa, aseguran que Peña Nieto ya se entregó a AMLO, aun cuando el presidente lo rechace y desmienta.

Incluso, aseguran que desde el 2 de julio, un día después del domingo electoral sangriento, Peña Nieto es un presidente invisible.

AMLO con su activismo dueño de la agenda pública se lo habría tragado.

Al grado de que ahora, hasta Donald Trump dice que con AMLO ha descubierto el paraíso porque entre ambos hay buena química, mejor karma, vasos comunicantes.

 

TODOS LES DIO PEÑA NIETO

 

Peña Nieto permitió que Luis Videgaray, fallido aspirante y suspirante a la candidatura presidencial, el genio sexenal, destapara a su cuate José Antonio Meade como el candidato.

Peña Nieto favoreció que Videgaray nombrara a Aurelio Nuño, su discípulo preferido, como el coordinador de la campaña de Meade.

Peña Nieto nombró a José Antonio González Fernández, gente de Videgaray, secretario de Hacienda y Crédito Público.

Peña Nieto designó presidente del CEN del PRI a Enrique Ochoa Reza, gente de Videgaray.

Todo le dio.

Cargos públicos y cargos públicos en lugares donde el erario puede manejarse sin ton ni son en una campaña electoral.

Y si en los años 2000 y 2006, el PRI perdió la elección presidencial, el primero de julio del año que corre, el tricolor perdió todo, absolutamente todo en un solo día.

A: La presidencia de la república por tercera ocasión.

B: La derrota sangrienta con las candidaturas a diputados federales y Senadores, a tal grado que el PRI sólo ganó una, una sola, de las senadurías, en Yucatán, con Jorge Carlos Ramírez Marín, y quien, por cierto, debió haber sido, por tales méritos, el coordinador de la minibancada en el Senado, pero impusieron por dedazo a Miguel Ángel Osorio Chong.

C: Y con tal derrota, el PRI únicamente tendrá 13 de los 128 senadores y quienes caben apretaditos en una combi y 44 de los 500 diputados federales, todos, por la vía pluri.

C: El PRI perdió siete gubernaturas.

D: El tricolor perdió, además, los Congresos locales.

Los Peñistas tuvieron todo para ganar. Pero nunca aprendieron las lecciones de los años 2000 y 2006.

Ahora, les resulta fácil culpar a Peña Nieto.

 

EL PRESIDENTE FRÍO Y CALCULADOR

 

Nada les regateó Peña Nieto a los suyos.

Meade nunca fue priista, ni menos será ahora luego de la derrota, y no obstante, lo lanzaron de candidato.

Aurelio Nuño nunca tampoco ha sido priista.

Enrique Ochoa Reza era, es, líder de taxistas en la Ciudad de México y Monterrey. Y lo peor, sin trayectoria pública.

Ricardo Anaya amenazando con encarcelar a Peña Nieto “a tiro por viaje”, sin que ningún Peñista lo defendiera de manera contundente.

Todo se comieron Videgaray y Meade.

Y cuando el presidente vio, miró, sintió, vislumbró el descalabro fue como un político hijo del grupo Atlacomulco del estado de México, frío y calculador.

Y los Peñistas se hundieron, con todo y los genios Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, quienes, claro, impusieron a sus hijos en las curules, aplicando la vieja sentencia bíblica de “¡Sálvese quien pueda”!

Por eso, y entre otras cositas, un Peña Nieto soñando entrar a la historia como un demócrata, igual que Ernesto Zedillo con Vicente Fox en el año 2000 y Felipe Calderón con Peña Nieto en el año 2012.

 

EL ARCA BÍBLICA DE PEÑA NIETO

 

Los Peñistas enfrentaron el hartazgo social.

La irritación de un pueblo en la miseria, pobre, jodido, desempleado, subempleado, con salarios mezquinos, migrante en Estados Unidos, y en donde uno de cada tres jefes de familia lleva el itacate a casa del changarro de fritangas en la vía pública.

Y en donde las universidades públicas y privadas están convertidas en una gigantesca fábrica de desempleados.

Y con todo y posgrados en el extranjero y méritos académicos y amistades con el yerno de Donald Trump y carreras políticas meteóricas en la administración pública, el primero de julio, AMLO, quien nunca estudió en el exterior ni habla inglés y sólo fue jefe de Gobierno en la Ciudad de México, los derrotó en las urnas con la más grande victoria en la historia nacional.

Peña Nieto les dio todo.

Y si ellos crecieron, digamos, en el currículo, el “Efecto AMLO” fue su Waterloo, su Día D, su Apocalipsis, su Fin del Mundo.

Y Peña Nieto, como Noé, construyó su arca para salvarse.

Por eso se volvió invisible y el primer tabasqueño que será presidente de la república lo halaga y alaba.

 

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