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Expediente 2019: Bebé asesinado

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez

22 de enero de 2019

En el día que Cuitláhuac García Jiménez cumplió 50 días de ejercer el poder (la mitad de los famosos cien días), los malandros lo saludaron de una forma tétrica y horrenda.
El cadáver de un niño de 3 años de edad.
Según la primera versión, victimado a golpes.
Envuelto en un sarape.
Traumatismo de cráneo con exposición de la masa encefálica.
Heridas en el cuerpo.
Su cadáver tirado en el municipio Las Vigas de Ramírez, en la carretera Las Vigas-Perote, a la altura del puente “El manzanar”.
Se llamaba Eidan “N”.
Cerca del lugar de la tragedia, el infierno, el sótano del infierno, una camioneta abandonada, asegurada por la policía como parte, digamos, de la investigación.

Fue el sábado 19, caminando la noche.
Se trata del primer niño, una criatura, asesinada en el Veracruz de la Cuitlamanía.
Antes, la niña de doce años de edad, asesinada en Santa Ana Atzacan, con su familia, que porque el padre era huachicolero.
La vida sórdida y siniestra en el Veracruz que en el siglo pasado era el paraíso terrenal, en víspera de que en unas semanas sean celebrados los 500 años de la fundación del primer Ayuntamiento en tierra firme en el continente fundado por el sifilítico Hernán Cortes.
Un niño de 3 años asesinado en el primer sexenio de la izquierda en Veracruz.
Días sórdidos y siniestros.
El horror y el terror.
Y ni modo de exclamar como el personaje novelístico de Carlos Fuentes “¡aquí nos tocó vivir y qué le vamos a hacer!”, y tengan paciencia, paciencia, paciencia.
Sería indolencia pura de la Cuitlamanía.

DE YUNES A CUITLÁHUAC

A la luz del infierno vivido y padecido, se entiende, nunca se justificará, la matazón entre carteles y cartelitos disputando la jugosa plaza Veracruz.
Los caminos de Veracruz huelen a pólvora con tantos asesinados, dejados sus cadáveres en la vía pública, a orilla de carreteras, tirados en calles y avenidas, flotando en las aguas de los ríos y lagunas y arrojados al fondo de los pozos artesianos de agua dados de baja y en medio de cañaverales.
El boletín oficial diría una vez más como en la yunicidad el secretario de Seguridad Pública que los feminicidios (van 28 en los 50 días del sexenio de izquierda) se debe a la violencia intrafamiliar, y ni hablar, que sigan.
Alguien por ahí justificaría la emboscada a los migrantes de América Central con una mujer guatemalteca asesinada en los límites de Isla y Rodríguez Clara, diciendo que ellos se lo buscaron por soñar con la tierra prometida en Estados Unidos.
Pero de ahí a que un niño como Eidan “N”, de 3 años, sea asesinado y abandonado su cuerpo en la carretera Las Vigas-Perote, caray, son palabras mayores.
Ha, entonces, de citarse la tesis universal:
Entre menos seguridad pública, más crímenes.
Y entre menos procuración de justicia, más asesinatos.
Cierto, pero al mismo tiempo, la manifiesta incapacidad del Estado para garantizar la seguridad en la vida sobre todo de los niños.
Recuerda, por ejemplo, cuando en la yunicidad cuatro niños fueran asesinados en una colonia popular de Coatzacoalcos, según el boletín oficial que porque era el padre era malandro.
Y un niño asesinado con su maestra en Tantoyuca.
Y dos niñas asesinadas en Córdoba, una de ellas, en una plaza comercial, que porque el padre era maloso, ajá.
Y las dos niñas asesinadas en Río Blanco en un fuego cruzado, porque las dos eran narcas y una de ellas, amante del jefe de la narcoplaza.

TIEMPO DEL MENOSPRECIO Y EL DESDÉN

Se viven los peores días de la vida pública.
Y desde la seguridad pública, entre el duartazgo y la yunicidad, ninguna diferencia con la Cuitlamanía.
Tiempo aquel, por ejemplo, cuando un padre de familia que perdió a su hijo, Carlos Saldaña Grajales, llegó a invocar al diablo a las 12 de la noche y hasta volverse adorador (temporal) de la Santa Muerte… para ver si encontraba a sus hijos. (“Los buscadores”, libro de Noé Zavaleta en autoría con seis reporteros más, la geografía del horror en el país)
Tiempo cuando “la mayoría de procuradores, secretarios de Seguridad, así como policías ministeriales y federales se han burlado, se han reído de la búsqueda de mis hijos”.
Tiempo cuando “todos los funcionarios nos han hablado bonito, pero nunca nos han dado resultados”.
Tiempo cuando el exfiscal Luis Ángel Bravo Contreras se pitorreara de los familiares de los desaparecidos y asesinados y dijera que “sus peritos ministeriales habían hecho diligencias” sobre una fosa clandestina y solo habían encontrado “el esqueleto de un perro”.
Tiempo cuando los padres de los 5 chicos de Playa Vicente desaparecidos en Tierra Blanca “ofrecieron entregarse al CJNG a cambio de que sus hijos regresaran con vida”.
Tiempo cuando el vocero de la Fiscalía duartista, Omar Zúñiga Adán, dijera que en la enorme narcofosa de Alvarado, en la localidad de Los Almendros, “solo encontraron caca de vaca”.
El asesinato del niño de Las Vigas y su cadáver tirado en la carretera evoca y convoca los días fatídicos de los últimos ocho años en Veracruz.

LA ZONA OSCURA DE VERACRUZ

Unos historiadores dicen que la historia nunca se repite, pero sin embargo, enseña.
Enseña los errores del pasado para evitar, hasta donde es posible, se repitan.
Octavio Paz decía que la historia “es una caja de sorpresas”.
Federico Engels aseguraba, por el contrario, que la historia siempre se repite, en tanto Carlos Marx refería que en efecto, se repite unas veces como una tragedia y otras como comedia.
Por ejemplo:
El niño asesinado en Las Vegas, a un ladito de Xalapa, la capital, resulta indicativo en un Veracruz repleto de fosas, señal inobjetable de que la amenaza está viva.
Y, por añadidura, “los grandes errores del pasado” (Jan Martín Ahrens) “forman parte del monstruo insomne que ha alcanzado” a Cuitláhuac García, el político más poderoso de Veracruz, de cara al Golfo de México.
Los últimos ocho años significaron en la tierra jarocha a la que tanto cantaran Pepe Guízar, Agustín Lara, Chabela Vargas y Yuri, la parte más oscura de principios del siglo XXI.
Y así como el karma, y más los signos negros del karma, se revierte, Veracruz sigue atrapado y sin salida en el Estado Delincuencial y el Estado de Sitio y el Estado de Terror y Horror.

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