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Sabado, 19 de Enero de 2019
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Expediente 2019: Cuitláhuac está envejeciendo

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez

10 de enero de 2019

El gobernador inspira ternura. En las fotos, por ejemplo, se le mira, ya tan pronto, envejecido. El rostro, incluso, sombrío. Lleno de arrugas. Pero la ternura en ningún momento es porque, digamos, solterón de 50 años, los años se le hayan venido encima en el breve tiempo en el poder. Se debe, entre otras cositas, a la desesperación y a la angustia con que en el altiplano, en las Audiencias Públicas sobre la Guardia Nacional, celebrado en el palacio de San Lázaro, solicitó, pidió, rogó, mendigó que Veracruz “necesita el apoyo de las fuerzas federales para combatir el crimen organizado”.
De hecho, confesó su debilidad institucional:
“No tenemos capacidad. Por eso recurrimos a quienes si tienen la capacidad de combatir, disuadir e inhibir a los grupos delictivos. En Veracruz, estado de paso de la droga, operan seis cárteles. Todos con un poderío que espera a la policía”.
Desde luego, elegido en las urnas con un millón 665 mil 824 votos, significa todo el poder democrático del mundo para exigir, pues desde 500 años antes de Cristo, la población sabe que ningún Estado del país tiene la estrategia necesaria y suficiente para enfrentar a los malandros.
Y más cuando entre ellos, hay carteles operando en todos los rincones del planeta.
Y aun cuando en su comparecencia en el Palacio de San Lázaro (ese sí, el palacio del pueblo como quiere rebautizar a su palacio de Xalapa), omitió el nombre de los 6 cárteles operando en Veracruz, su identidad puede encontrarse en la Procuraduría General de Justicia de la República, PGR, que los ha enlistado, a saber:
Cartel Jalisco Nueva Generación, los Zetas, Sangre Nueva Zeta, Grupo Sombra, Cartel del Golfo y las organizaciones huachicoleras independientes. (Noé Zavaleta, corresponsal de Proceso)

ACTUAR COMO LO QUE ES, UN GOBERNADOR

Antes, mucho antes, el gobernador alardeaba que Veracruz estaba a salvo gracias a Papá AMLO.
Y más, decía, porque el primer presidente de la república tabasqueño es un veracruzano más, pues de acuerdo con la Constitución Política local, el hijo de un padre nacido en la tierra jarocha en automático es jarocho.
Incluso, la señora madre de AMLO falleció en un hospital de Isla.
Y algunos de sus hermanos han vivido o viven hacia la Cuenca del Papaloapan y Xalapa.
Y más porque el dos de diciembre, un día después de su toma de posesión, AMLO aterrizó en Xalapa y anunció el regreso del paraíso terrenal.
En vez de la exposición lastimera, Cuitláhuac García Jiménez debió actuar en las Audiencias Públicas sobre la Guardia Nacional como lo que es, como gobernador, jefe del Poder Ejecutivo Estatal, enarbolando el estado caótico y sangriento que se vive y padece con el resultado fatídico por todos conocidos en los primeros cuarenta días del sexenio.
Claro, en ningún momento se trata de pelearse con la Federación porque significa tanto como pelearse con la cocinera.
Pero revestido de un ejercicio democrático en las urnas le asiste la fuerza política suficiente para abogar con dignidad por los 8 millones de paisanos.

RESBALÓN PARA LOS NARCOS

Mala señal, peor karma, mal fario, la confesión de parte del gobernador cuando aceptara ante los diputados federales que en Veracruz “no tenemos la capacidad operativa para combatir el narcotráfico”.
De entrada, están probados los ocho años de fallida estrategia oficial.
Y es que su confesión envía un mensaje de debilidad a los carteles y cartelitos reiterándoles que si con el duartazgo los políticos, los jefes policiacos y los policías se aliaron con todos ellos para instaurar un régimen de terror y horror y de miedo y “de miedo al miedo”, ahora, en la Cuitlamanía, de hecho y derecho, están indefensos ante el inmenso poderío de la delincuencia organizada, y como van las cosas, de la delincuencia común.
Y más con el pésimo mensaje de abrir las puertas del penal de Pacho Viejo para la libertad condicionada del ex secretario de Seguridad Pública.
Además, ningún descubrimiento hizo el góber en el altiplano diciendo que “la realidad es que somos zona de trasiego de droga”.
Lo anterior, por ejemplo, fue confirmado desde que Patricio Chirinos Calero gobernara Veracruz y el capo José Albino Quintero Meraz era dueño de la autopista de sur a norte con el trasiego de drogas teniendo su feudo en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, con doce casas de residencia, entre otros lugares, en el fraccionamiento Costa de Oro de Boca del Río, y en donde era vecinito del gobernador Miguel Alemán Velasco.
Desde entonces, los carteles en mayor y menor proporción y con bajo y alto perfil, como ahora, han creado y recreado un Estado Delincuencial en Veracruz.
Y si el gobernador reconoce su debilidad institucional ante los carteles (“Todos con un poderío que supera a la policía”, Noé Zavaleta, corresponsal de Proceso), entonces, que el Dios de cada quien cuide a todos.

NI COSQUILLAS HARÁN A LOS CARTELES

Peor aún:
El góber confesó que la capacidad económica y operativa de la secretaría de Seguridad Pública está basada en 4 mil 700 elementos policiacos.
Caray, si en Veracruz 6 carteles disputan la plaza, entre todos han de sumar miles de sicarios y pistoleros y halcones, mucho mejor armados, con armas de uso exclusivo del Ejército y hasta con equipo para derrumbar helicópteros en pleno vuelo como ha quedado demostrado en otros tiempos y en otras entidades federativas.
Incluso, con submarinos para trasladar la droga desde los más alejados rincones del planeta.
Con todo, el secretario General de Gobierno reveló que a Veracruz llegarán unos dos mil elementos de la Guardia Nacional y de los cuales, parece, ya están aquí (Coatzacoalcos, Puerto de Veracruz y el norte del estado) unos seiscientos.
600 elementos de la Guardia Nacional y la ola de violencia está desbordada, fuera de control.
Y con dos mil elementos, ni cosquillas harán a los carteles.
Además, durante los 6 años de Felipe Calderón Hinojosa y los seis años de Enrique Peña Nieto fue demostrado que la estrategia de seguridad sustentada en soldados y marinos fue rebasada por los carteles y sólo dejaron más de trescientos mil muertos.
Sólo queda, entonces, cambiar los hábitos de la vida cotidiana.
De entrada, vivir en un Estado de Sitio.
Y luego enseguida, evitar exponerse en el día y en la noche.
Y evitar comidas en restaurantes y taquerías, pues las están asaltando.
Y dejar de asistir a la iglesia, pues también están asaltando a los feligreses.
Y dejar de frecuentar los moteles, porque también los están atracando.
Y dejar de hacer ejercicio en parques deportivos porque están secuestrando.
Así, cuando menos, y digamos, se reduciría la posibilidad de un secuestro, una bala perdida, un susto.
Ahora, si al lector le encanta la vida loca, fifí y salsera, ni hablar, que su Dios lo cuide.

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