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Sabado, 24 de Agosto de 2019
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Expediente 2019: Hijos pródigos

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez

16 de julio de 2019

En el CDE del PRI Veracruz viven de sueños y de ensueños. Ahora, predican en la cancha partidista el perdón… para los desertores. ¡Vuelvan, como el hijo pródigo del relato bíblico!, les dicen.
Pero si los hijos pródigos que ya se fueron regresaran a casa en automático ellos mismos se deshonrarían. Deshonrarían su palabra, sus decisiones, su filosofía de vida, su sentido político, su congruencia ideológica, y una vez que ellos mismos perdieran su dignidad que los respeten… en sus hogares.
De pronto, en el camino al Gólgota del año electoral 2018, como la fama pública de algunas trabajadoras domésticas, se quitaron el delantal, renunciaron al tricolor y se fueron atrás del espejismo.
Perdieron. El PAN perdió con la candidatura del primogénito a gobernador.
Y ahora, como si se tratara de una sociedad de alumnos de la escuela secundaria, en todo caso, la política vista como el confesionario en que todos los pecados son perdonados a cambio de una penitencia, la presidencia del CDE les dice:
–Vuelvan. Aquí serán perdonados. Borrón y cuenta nueva. Otra vez como entonces, hermanos.
Ojalá que así algunos ganaran indulgencias.
El peor traidor, dice la historia, es aquel que se traiciona a sí mismo.

PRIISTAS QUE SE FUERON…

Algunos de quienes desertaron del tricolor el año anterior fueron los siguientes:
Las hermanas Regina y Fabiola Vázquez Saut, cacicas de Acayucan, dueñas del día y de la noche y de todos los cargos públicos y que, incluso, ellas mismas se han alternado. Tan pudientes que, por ejemplo, quisieron comprar el club Tiburones Rojos al priista Fidel Kuri Grajales.
El cacique de Papantla, Basilio Picazo, cuya familia ha pasado en cinco ocasiones por la presidencia municipal de su pueblo.
El cacique de Pánuco, Ricardo García Guzmán, y sus dos hijos, quienes han usufructuado la presidencia municipal, las diputaciones locales y federales y la Contraloría, además de estar considerados “señores de horca y cuchillo”.
Felipe Amadeo Flores Espinoza, ex de todo menos de gobernador, y su fiel escudero, Mario Tejeda Tejeda, el líder en funciones de “Los viagras”, que muchos años asociación política ahora, de pronto, la quieren convertir en partido político y que Miguel Ángel Yunes Linares les había garantizado, pero el tiempo electoral fue insuficiente.
Fernando Arteaga Aponte, quien luego de pasar varios años encaramado en una dirección general de la secretaría de Educación, y cuando el PRI le cerró las puertas, desertó para refugiarse en MORENA, creyendo que lo encumbrarían luego de su derrota a la diputación local.
Ranulfo Márquez Hernández, ex de todo menos de gobernador, quien se cobijara en MORENA y operara en materia electoral el año anterior, pero cuando los Morenistas se treparan a la ola del poder lo excluyeron, y ahora se ignora si sería acaso el primer hijo pródigo del tricolor.
Si la política partidista es un jueguito de berrinches infantiles y lleno de misericordia para el perdón el PRI quiere aceptar de nuevo a los irredentos demasiado jodido estará.

UN PAÍS DE POLÍTICOS CÍNICOS

Ningún otro partido político anda tan desacreditado como el tricolor.
Trepadas en el poder sexenal, las elites políticas, los elegidos del Señor, los bienamados, cometieron abusos y excesos en el ejercicio del poder y ahora pagan las consecuencias cuando la población electoral en las urnas los rechazó.
En Veracruz, ya se sabe, un ex gobernador, Javier Duarte, además de hundir y casi casi sepultar a su partido (de donde fue expulsado), fue puesto como modelo nacional de la corrupción política en una orden expedida por el mismo presidente de la república a su presidente del CEN, Enrique Ochoa Reza.
Y aun cuando Duarte se cure en salud está condenado a 9 años de cárcel y su pasado sigue estrangulando la posibilidad de que el tricolor resucite.
Incluso, los mismos priistas aseguran que si el gobernador de MORENA y AMLO sigue cometiendo errores garrafales, el único partido beneficiado será el PAN, nunca, dicen, el tricolor.
Por eso, además, resulta inverosímil, insólito, que las cúpulas políticas que desertaron pudieran regresar, a menos, claro, de que la profecía de José López Portillo siga cumpliéndose de que “este país se volverá un país de políticos cínicos”.
Y políticos cínicos que cambian de ropaje ideológico y partidista como mudar de ropa interior.
Durante 80 años, el tricolor fue dueño del día y de la noche. Y de sexenio en sexenio, la corrupción prevaleció mientras el país empobrecía.
Bastaría referir que 6 de los 8 millones de habitantes de Veracruz están en la miseria y la pobreza según datos oficiales del INEGI y el CONEVAL.
Los rojos ya tuvieron su oportunidad histórica. Y volver a creer en ellos significa el peor error en la vida de un ciudadano.

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