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Miércoles, 17 de Julio de 2019
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Expediente 2019: “La fiesta de las balas”

LUIS_VELAZQUEZ
Luis Velázquez

25 de marzo de 2019

Nadie puede “tapar el sol con un dedo”. Ni tampoco protegerse de un torrencial con un paraguas. Ni menos mentir siempre sin que lo descubran a uno. Tampoco, claro, los políticos ganan si ocultan la realidad real, la que existe en la calle, como por ejemplo, el terror y el horror en Veracruz.
El fin de semana, en Cosoleacaque, los malandros asesinaron a tres jóvenes chambelanes de una quinceañera.
Además, los ejecutaron cuando ensayaban los últimos detalles para el vals que bailarían esa tarde.
Serían chambelanes de una chica en la colonia Carlos Salinas de Gortari.
Uno de los muertos se llamaba Alfredo Baxin Morales y tenía once años de edad.
Otro, Said Santiago Marcial Quino, 16 años.
Y el tercero, Juventino Colorado Domínguez, de 22 años.
Los tres, asesinados con “alevosía, ventaja y premeditación”.
“A sangre fría” como se intitula el libro del gran reportaje de Truman Capote.
Además, eran pobres.
“Pobres entre los pobres”.
Juventino, de 22 años, por ejemplo, vestía huaraches de correa, su vestimenta, cuando fue abatido por el rafagueo, “la fiesta de las balas”, las balas impunes, las balas “crecidas al castigo”, las balas dominando el Estado Delincuencial frente al debilitado Estado de Derecho.
Y, sin embargo, el gobierno de Veracruz lo cacarea:
“Todo está bien”.
“Vendrán tiempos bonitos. Muy bonitos. Lo bonito entre lo bonito”.
Y de postre, el secretario de Seguridad Nacional lo alardea así:
“En Veracruz, todo está bajo control”.
Bajo control, claro, pero de los carteles y cartelitos, los sicarios y los pistoleros y los malandros, los malosos y los halcones.
La vida social, en el fondo del infierno, allí donde Luzbel se esconde como en su búnker.

“LA MUERTE TIENE PERMISO”

El trío sería chambelán de una prima de los dos menores de edad. Uno, de 11 años. Y el otro, de 16.
Ellos ensayaban en la casa ubicada en la calle Porfirio Díaz Mori, esquina Adolfo López Mateos.
Entonces, de pronto, ¡zas!, apareció la muerte.
Los pistoleros llegaron en cuatro vehículos.
Descendieron de las unidades.
Y lanzaron disparos a diestra y siniestra, sin ton ni son.
La quinceañera estaba allí, con sus otros amigos, y libraron el rafagueo.
“La muerte tiene permiso” en Veracruz diría el novelista Edmundo Valadés en su cuento imborrable.

ASESINADOS 30 NIÑOS

Fue la quinta masacre en los últimos meses en Cosoleacaque.
La semana anterior, en la colonia Fernando Gutiérrez Barrios, el gobernador que pacificó Veracruz en 40 días encarcelando a los caciques y pistoleros, fueron asesinados tres adultos y un menor de edad.
Al momento, 109 días después del primero de diciembre del año 2018, 502 asesinatos, entre ellos, 52 feminicidios y 7 políticos y líderes sindicales.
¡Ah!, pero nuevo datos aportado por el cronista Ignacio Carvajal García, van ya treinta menores de edad asesinados.
Los últimos dos, el fin de semana en Cosoleacaque.
Nadie, pues, ninguno de los 8 millones de habitantes de Veracruz, tiene la vida garantizada.
Nadie puede festinar que ya la libró… así tenga escoltas a sus órdenes día y noche.
La vida cotidiana, en el infierno.
Un infierno llamado Veracruz.

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