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Expediente 2019 : “Siervos de la nación”

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

21 de mayo de 2019

“Los siervos de la nación” tendrán una devoción religiosa, como Santiago el apóstol más joven de Jesús, a AMLO, pues con todo y ganar 4 mil 800 pesos mensuales (dice el politólogo Carlos Ronzón Verónica) profesan una fe inquebrantable, “a prueba de bomba” al obradorismo.

Incluso, y de ser necesario, asegura el profesor, darían su vida por él. Más, mucho más, que Elena Poniatowska hablando a su señora madre, ya fallecida, diciendo que aun cuando está en el cielo ha de saber que el país está en el paraíso terrenal gracias al presidente tabasqueño.

Es, sería, la misma devoción religiosa con que los indígenas y campesinos siguieron a Miguel Hidalgo aquel domingo, a las 6 de la mañana, del 16 de septiembre de 810 cuando replicara las campanas de la iglesia llamando a misa.

Y en misa, les dijo, que la conspiración contra el virreinato español había sido descubierta y era la hora de lanzarse a la revolución por la independencia.

Entonces, solo lo siguieron 60 indígenas y campesinos, los únicos en misa. A los 6 días eran 23 mil. Al mes, 60 mil. Y cuando llegaron a las goteras de la ciudad de México, instalados en el “Monte de las Cruces” eran 80 mil.

Claro, en la primera batalla que enfrentaron contra los realistas, Félix María Callejas al frente como general, dos mil indígenas y campesinos, llenos de entusiasmo pero desarmados, murieron en el combate, en tanto 40 mil huyeron despavoridos dejando a un Hidalgo atónito y sorprendido cargando en la mano izquierda el estandarte de la Virgen de Guadalupe, la morenita del Tepeyac.

La devoción religiosa de “Los siervos de la nación” es la misma de “Los descamisados” de Evita Perón, en Argentina, pues desde entonces, “por el bien de todos primero los pobres”.

“LAS CAMISAS ROJAS”

Es la misma devoción religiosa, por ejemplo, que “Las Camisas Rojas”, del gobernador come-curas de Tabasco, Tomás Garrido Canabal, uno de los héroes de AMLO, quien en el tiempo de Plutarco Elías Calles las formara como grupo de choque para todo, desde intimidar y azuzar a los sacerdotes hasta reventar marchas de protesta en su contra.

Incluso, y cuando el general Lázaro Cárdenas nombrara a Garrido Canabal secretario de Agricultura, se llevó a “Las Camisas Rojas”, todos muchachos, a la Ciudad de México para reventar, incluso, huelgas obreras, más todavía, para lanzarse contra los feligreses del movimiento cristero en el centro de la república.

Todos, devotos de Garrido Canabal y de quien el escritor Graham Greene escribió su libro de crónicas y reportajes “Caminos sin ley”.

Todavía más:

La devoción religiosa de “Los siervos de la nación” es la misma, por ejemplo, que la de “Los halcones” de Luis Echeverría Álvarez, aquellos chicos entrenados en campo de guerra para lanzarse contra los estudiantes sublevados de la UNAM y el Politécnico.

Serían, digamos, el equivalente a “Los caifanes”, la película estelar de Oscar Chávez, Julissa, Enrique Álvarez Félix, Sergio Jiménez y el jarocho Ernesto Gómez Cruz, y aun cuando ellos gozaban la vida efímera, “Los siervos de la nación”, oh José María Morelos, ejercen el apostolado místico de soñar con la Cuarta Transformación del país, luego de la Independencia, la guerra de Reforma y la revolución maderista.

También, claro, la misma devoción religiosa la ejercen a plenitud los llamados “chairos”, el ejército de guerrilleros cibernéticos del obradorismo para lanzarse “como estampida de búfalos” contra los críticos, los disidentes, los inconformes, con el jefe máximo de la revolución morenista hecha gobierno.

Incluso, el mismo AMLO ha cacareado en la conferencia de prensa mañanera la suerte de los críticos con su ejército tuitero poniendo a cada quien en su lugar…

DEVOCIÓN RELIGIOSA POR UN SANTO LAICO

Entonces, lo importante es tener fe, devoción religiosa por alguien.

Víctor Frankl dice en su libro estelar “El sentido de la vida” que los seres humanos viven con intensidad por tres razones:

Una, la razón de un ideal social… para transformar el mundo al lado de un héroe terrenal, un político por ejemplo, un funcionario público en quien se cree a ciegas, un líder sindical.

Dos, una razón religiosa… cuando todos los días se lucha por un Ser Superior, un dios, pues.

Y tres, por una razón familiar… cuando la parentela está por encima de todo.

En el caso, resulta inédita, asombrosa, fuera de serie, la devoción religiosa de “Los siervos de la nación”, “Los chairos”, y los Morenistas, por AMLO, el político que ganó el Palacio Federal al tercer intento, luego de más de doce años de arar en el surco social y abanderando una lucha feroz y atroz en contra de los políticos pillos, ladrones y corruptos.

Pero además, otorgando todas las bendiciones a los pobres y “a los pobres entre los pobres”, entre ellos, el ejército incalculable de “Los siervos de la nación”, tipo Miguel Hidalgo con sus ochenta mil soldados desarmados, armados quizá con palos y piedras, para combatir los cañones y los rifles de los realistas.

Y más, y como asegura el politólogo Carlos Ronzón, cuando les pagan 4 mil 800 pesos mensuales.

Ni siquiera, vaya, la devoción religiosa de los indígenas de Chiapas al subcomandante Marcos, ahora Galeano, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Los campesinos de Morelos siguieron a Emiliano Zapata atrás del legítimo sueño de un pedazo de tierra y encontraron la muerte, además de que “El caudillo del sur” fue emboscado y asesinado por Jesús Guajardo, el coronel que fingió su amistad.

Así es la fe. La devoción religiosa. El misticismo. Tanto que, por ejemplo, el cura José Alejandro Solalinde, primero, descubrió que AMLO “tiene mucho parecido a Dios”, y luego, de plano, tuvo una revelación mística (Moisés subiendo a la montaña por “Los diez mandamientos”, san Pablo camino a Damasco) y descubrió que el nuevo Niño Dios del siglo XXI tiene la carita infantil de AMLO.

Bien dice el viejito del pueblo, “la fe mueve montañas”.

Bienaventurados quienes creen, así sean crucificados y ganan 4 mil 800 pesos mensuales…, por cierto, más que los 3 mil pesos mensuales del salario de TV Más a los corresponsales.

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