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Expediente 2020: Góber exonerado

LUIS_VELAZQUEZ

Luis Velázquez

17 de abril de 2020

Los narcos en Veracruz, como en el país, ocupan uno de los capítulos más oscuros de la vida pública y más turbulentos de la vida privada. Pero como los gobernadores en turno siempre argumentan que se trata de un delito federal, digamos que “tiran la piedra y esconden la mano” y de igual manera que Poncio Pilatos, piden una palangana con agua y jabón para purificarse.

Es, sería el caso, del góber jarocho de Amove, anexos y conexos.

Inverosímil, por ejemplo, la matanza de 4 mujeres y un niño en Papantla el viernes 3 de abril, allí mismo donde el 30 de marzo fue asesinada la reportera María Elena Ferral, treinta años en el frente de batalla. Pero por eso mismo, indicativo el silencio del góber, los secretarios General de Gobierno y Seguridad Pública y de la Fiscal.

Y la matanza de dos niños más en poblado de Tierra Blanca, límites con Oaxaca.

Inverosímil que el miércoles 8 de abril, un par de sicarios entraran al hospital civil de Martínez de la Torre y remataran a un par de heridos.

Inverosímil el miércoles 8 de abril con el asesinato del activista ambiental, Adán Vez, en Actopan, allí mismo donde fue asesinado el primer reportero del sexenio guinda y marrón, Jorge Celestino.

Con todo, la dinastía de MORENA en el palacio de Xalapa queda exonerada.

Los carteles y cartelitos, sicarios y pistoleros, malandros y malosos, son incumbencia del altiplano.

Y por eso mismo, caray, está aquí la Guarida Nacional, en tanto la Fuerza Civil local solo es, digamos, una coadyuvante.

Algunos teóricos y prácticos dirán, por ejemplo, que dejar la pelota en la cancha federal es una “mera pantalla para distraer la atención” (Jan Martínez Ahrens), pero al mismo tiempo, para blindar al gobierno de Veracruz, de cara, digamos, a la elección intermedia de alcaldes y diputados locales y federales a mediados del año entrante.

Quizá.

Pero en tanto, están o estarían exculpados.

Javier Duarte también decía que el narcotráfico y secuelas y estragos era asunto federal.

Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto enviando a militares y soldados a combatirlos, dejando unos cuatrocientos mil muertos.

“LA VIOLENCIA INEVITABLE”

Está claro el espaldarazo de Amlove a su góber fifí y sabadaba, cuya más alta virtud, dice el presidente tabasqueño, es la lealtad. Lealtad, claro, que para nada significa eficacia y eficiencia.

Pero, bueno, si hay un tiradero de cadáveres se debe a los carteles y es asunto federal.

Si Veracruz ocupa el primer lugar nacional en feminicidios los malandros y los machos jarochos son los culpables.

Si Veracruz se mantiene en el primer lugar nacional de secuestros, la mano de los malosos está atrás.

Y más, y como decía Renato Sales, el Comisionado de Seguridad Nacional en el Peñismo, en Veracruz “operan casi todos los carteles”.

Por eso, y si la sangre continúa chorreando de norte a sur y de este a oeste, ni modo, decía Agustín Acosta Lagunes, “la violencia es inevitable”.

Y más, porque Veracruz no es una ínsula aislada del resto nacional.

Y como los carteles suelen caminar de un extremo a otro, desde cuando hace veintisiete años descubrieron aquí tierra fértil (Patricio Chirinos Calero y José Albino Quintero Meraz, convicto en el penal de Almoloya y liberado, vecino de Miguel Alemán Velasco en el Frac. Costa de Oro, de Boca del Río), ni modo, “¡la vida es así y qué le vamos a hacer!”.

Pero porfis, el góber guinda y marrón bien puede lavarse las manos y seguir bailando salsa en los sabadabas porque la verdad cae por su propio peso.

Hay carteles y cartelitos en la tierra jarocha… por culpa de los ex presidentes de la república que dejaron hacer y dejaron pasar y dejaron crecer al peor jinete del Apocalipsis, el peor mal de la caja de Pandora.

VIVIR AL DÍA

El góber está pendiente.

Todos los días, antes de la mañanera en Palacio Nacional, Amlove preside la Comisión por la Paz y la Pacificación, y también, su góber jarocho, puntual, puntualito…

Todos los días un reporte sobre las últimas 24 horas con el tiradero de cadáveres y luego luego, enviado a Palacio Nacional.

Digamos, el trámite burocrático. El vivir al día. Pero entendidos todos que la cruz a cuestas camino al Gólgota la carga seguirá en el gobierno federal.

Y si no pueden en otras latitudes geográficas del país (Sinaloa, Tamaulipas, Jalisco y Chihuahua, por ejemplo) tampoco en Veracruz.

Fardo encima de la espalda de Amlove y su equipo de seguridad nacional, Alfonso Durazo, el secretario soñando con la gubernatura de Sonora, y quien renunciara a la secretaría particular de Vicente Fox en una extensa, larga, kilométrica carta.

Fernando Gutiérrez Barrios, el góber de dos años en el sexenio de Miguel de la Madrid, pensaba de otra manera.

“El Hombre-Leyenda”, el policía político, el político policía, pacificó Veracruz en los primeros cuarenta días enfrentando a “La Sonora Matancera” florecida con su antecesor, los carteles de entonces.

Además, sin extender la mano al gobierno federal pidiendo ayuda.

Él solito, con su impresionante equipo de seguridad pública.

Pero los tiempos han cambiado. Una cosita, por ejemplo, fueron los gobiernos priistas, el centro, y los panistas, la derecha, y otra, mil años luz de distancia, la izquierda.

Amlove, el papá de los pollitos, su mano extendida a los carteles para la amnistía, pero sin que en Veracruz, plaza jugosa, se la acepten.

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