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Lunes, 26 de Junio de 2017
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Expediente 2017: Políticos cínicos

LUIS_VELAZQUEZ

La profecía de José López Portillo de que el país se convertiría en una nación de cínicos se está cumpliendo en Veracruz. Pero también en otras latitudes de la república. César Duarte denunciando en la Comisión de Derechos Humanos que Javier Corral ha desatado una persecución en su contra. Lo mismo, lo mismito que antes dijera Javier Duarte de Miguel Ángel Yunes Linares. Lo mismito, incluso, argumentado ahora por los duartistas y los priistas (que todavía le son fieles) de que la Fiscalía parece más bien la Gestapo de Adolf Hitler. Una Gestapo jarocha, claro, cuyo único objetivo es cazar cabezas… de políticos. Políticos pillos y ladrones, por cierto.

Mi honor, dijo César Duarte, se está vulnerando. Mi buen nombre se está manchando. Mi honorabilidad se está ensuciando. Mi derecho a la privacidad se está ultrajando. Caray, César y Javier Duarte parecieran hermanitos putativos, almas gemelas, víctimas en todo caso. Uno y otro han olvidado la sentencia bíblica: los carniceros de hoy serán las reses del mañana.

Lo mismo podría decirse de López Portillo. En los primeros dos años de su sexenio, y con la guillotina filosa de su secretario de Gobernación, el tuxpeño Jesús Reyes Heroles, encarceló a cuatro echeverristas. Uno, el jarocho Eugenio Méndez Docurro, de la SCT. Otro, el jarocho Félix Barra García, de la SRA. Otro más, Fausto Cantú Peña, del INMECAFÉ. Otro más, Alfredo Ríos Camarena, del fideicomiso Bahía de Banderas.

Pero, bueno, volviendo al presente, los políticos cínicos están creciendo como hierba mala. De soberbios que fueron a declararse ángeles de la pureza. De pitorrearse de la población civil a “curarse en salud”. Del enriquecimiento ilícito en que cayeron a decir que ya basta de tanta persecución política con los apenas, apenitas cuatro ex duartistas presos en el penal de Pacho Viejo.

 

INSACIABLES Y CÍNICOS

 

Ellos, y como siempre dijo Gerardo Buganza Salmerón, “ordeñaron la vaca”. Y “metieron las dos manos al cajón”. Y desviaron recursos públicos. Y se volvieron insaciables. Y de ñapa, cínicos. Totalmente cínicos.

Antonio Gómez Pelegrín, de SEFIPLAN: “Yo le decía a Duarte que estaba mal desviar recursos, pero no me hacía caso”. Y sin embargo, siguió pegado a la ubre.

Flavino Ríos Alvarado: “Era era era mi amigo, pero nos engañó a todos”. Y lo engañó a él, tanto que fue su secretario de Educación y su secretario General de Gobierno y hasta cabildeó para que la LXIII Legislatura lo nombrara gobernador interino por 48 días.

Arturo Bermúdez Zurita: “Tengo las manos limpias y la frente en alto”, decía. Ahora, está preso, acusado, entre otras cositas, de enriquecimiento ilícito y desaparición forzada. Este último, un delito que consiste en que los policías a sus órdenes secuestraban y desaparecían a la población civil.

Ricardo García Guzmán: “Es mi amigo y una vez a la semana, cada semana, desayuno o como con él”. Así, incluso, sus hijos fueron alcaldes y diputados locales y desempeñaron cargos públicos en la SEFIPLAN de Gómez Pelegrín. Y él mismo fue Contralor.

Antonio Lorenzo Portilla, de ORFIS: “Yo nunca me di cuenta de irregularidades”. Cuando, caray, la Auditoría Superior de la Federación los tenía bien detectados.

María Georgina Domínguez Colío: “Yo doy la vida por Javier Duarte”. Ahora, con una denuncia penal en la Fiscalía interpuesta por el vocero azul, Elías Assad Danini.

Cínicos que fueron la mayoría. Por ejemplo, sus cuatro guardias pretorianos (Érick Lagos, Alberto Silva Ramos, Adolfo Mota y Jorge Carvallo Delfín), quienes nunca, jamás, jamás, jamás, dejaban pasar el aire a su lado y ay de quienes se acercaran, porque los custodios lo bloqueaban.

Todos ellos se pitorreaban del mundo. Hacían escarnio del dolor y el sufrimiento ajeno. Se creían dueños del día y de la noche. Se mofaban, creyendo que serían eternos, sin imaginar que el PRI sería derrotado en dos ocasiones el mismo día. La gubernatura y el Congreso.

 

LOS YUNISTAS, IGUAL QUE LOS DUARTISTAS

 

Grave el desvío de recursos. Peor los negocios ilícitos. Más peor, el enriquecimiento. Más terrible, el atropello a los derechos humanos y las garantías constitucionales. Pero catastrófico, imperdonable, la soberbia con que los duartistas ejercieron el poder durante casi seis años. Empezando por Javier Duarte.

Dueños que se creyeron del día y de la noche. Y dueños del destino común y de las vidas ajenas. Groseros, abusivos, petulantes, engreídos (y a reserva de encontrar mejores adjetivos calificativos).

Por eso cuando ahora claman olvidar el pasado así nomás se antoja inverosímil. Y lástima que en el Código Penal excluyan el pecado de la soberbia porque entonces serían condenados a cadena perpetua. Y en algunos casos hasta necesidad habría de la silla eléctrica. La cicuta de Sócrates. Colgarse del árbol o tirarse a un pozo de agua dado de baja como Judas. O pegarse un tiro como Adolfo Hitler.

Y si es cierto, como se afirma, que de la historia ha de aprenderse, entonces sólo resta esperar para ver si los yunistas aprendieron la lección y ejercen el poder con serenidad, prudencia y tolerancia, sin desdenes ni injurias, con un profundo, inalterable, respeto a los derechos humanos y a los derechos cívicos, de los demás.

Sería imperdonable que estén gobernando igual que los duartistas. Como por ejemplo, aquella frasecita de que “yo no respondo a babosadas y tonterías”. Y más, porque desde el poder (y también en la vida cotidiana), la prudencia y la tolerancia es la virtud máxima en un hombre público. El Fiscal, pitorreándose de los Solecitos por twitter. El secretario de Educación, enervado, amenazando con despedir a funcionarios. El director del IPE, acusando de corrupto al Consejo de Administración. El líder panista del Congreso, He-Man, bailando en su cumpleaños en fiesta pública con su sonora musical. El titular de la SIOP, utilizando el helicóptero oficial para faena electoral. La titular de la SEDESOL, regalando sarapitos a los indígenas, luego de juntitas con los alcaldes. Los policías, madreando a los indígenas de Soledad Atzompa frente al palacio de Xalapa. El góber, bravuconeando que “yo sí pantalones e iré por los carteles”. El jefe máximo de la SEGOB, vendiendo esperanzas a los familiares de los desaparecidos. El Congreso, entregando la medallita “Ruiz Cortines” a los Colectivos, pero sin la justicia reclamada. El secretario del CDE del PAN anunciando que la gubernatura 2018 es de ellos. El Contralor petulante (como siempre ha sido) revelando que investigan a 65 duartistas y sus constructoras preferidas. Tula y su Audi. El góber y su relojito de un millón de pesos. El director del IPE y sus barbies. El Fiscal publicando en redes que compren pizzas en su negocio en Boca del Río. La estafa de los descuentos al transporte público de pasajeros, aun cuando los diputados del PAN y PRI eliminaron las tarifas preferenciales. La denuncia del ex panista y empresario Alejandro Cossío en contra del secretario de Salud y a quien el góber azul apapachó en un evento como respuesta subliminal. La mirada terrorífica de Yunes que por sí sola alimenta el horror.

Juegos pirotécnicos del poder. Patrañas en la tarea de gobernar. “Tomaduras de pelo”. Seguir apostando a la esperanza. La palabra incumplida. La estafa. La mentira. Los mesiánicos tropicales. Todo junto… sinónimos de la soberbia. La soberbia política. La embriaguez del poder. Por eso, el poeta y activista, Javier Sicilia, intituló a uno de sus libros “¡Estamos hasta la madre!”. Y lo peor, igual que los priistas son los panistas. Y los perredistas. Y quizá las demás elites partidistas cuando se encaramen al poder. “El poder… corrompe. Y el poder absoluto… corrompe de manera absoluta”.

 

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