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Lunes, 18 de Febrero de 2019
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Experimento francés: dar 500 euros a los jóvenes para que los gasten en cultura

LOUVRE

 

El Gobierno francés experimenta desde esta semana con el “pase cultural” que prometió Emmanuel Macron durante la campaña que le condujo al Elíseo. El proyecto está destinado a los franceses de 18 años: al cumplir la mayoría de edad se beneficiarán de un crédito de 500 euros, concedidos por el Estado, para invertir en productos y actividades culturales. El dispositivo acaba de entrar en un periodo de prueba de seis meses, en el que participarán 13.000 voluntarios de cinco departamentos.

El pase de Macron permitirá comprar libros, DVD y entradas para cine, teatro y conciertos, además de apuntarse a talleres y cursos o suscribirse a las plataformas de streaming. El acceso se hará a partir de una aplicación para móviles y tabletas concebida por el Ministerio de Cultura, que propondrá servicios y actividades geolocalizadas a la proximidad del lugar donde se encuentre el usuario. “A veces bromeamos diciendo que es un Tinder de la cultura”, afirmó su responsable, Éric Garandeau, en junio de 2018.

La iniciativa se enmarca en la voluntad del Gobierno de democratizar aún más el alcance de la oferta cultural. “La transmisión de nuestra cultura es lo que hace que nuestros hijos se conviertan en ciudadanos franceses. El acceso al arte en todas partes y para todo el mundo es la misión primera de mi ministerio”, ha señalado el ministro de Cultura, Franck Riester. Cuando la experimentación concluya, decidirá si generaliza el proyecto a todo el territorio. Si se avanza al ritmo previsto, 200.000 jóvenes podrían beneficiarse del pase cultural a finales de 2020, según Le Monde.

Francia ha apostado por facilitar el trámite a través de un proceso totalmente digital, liderado por una “startup de Estado”, como la define el Ministerio de Cultura, siguiendo la terminología oficial del macronismo, partidaria de la nueva economía.

En realidad, esa aplicación podrá ser usada, a medio plazo, por cualquier ciudadano francés, aunque solo recibirán los 500 euros quienes lleguen a la mayoría de edad. La idea es favorecer la emancipación cultural de los jóvenes, pero también impulsar un nuevo acceso a la oferta de actividades artísticas, en el que todo se pueda hacer en un par de clics desde un dispositivo móvil con GPS integrado. “Es un nuevo servicio universal de la cultura, de envergadura parecida, tal vez, a la invención de la televisión pública”, afirma el ministro Riester.

Esta iniciativa marca un cambio de orientación sin precedentes en la política cultural francesa. Es la primera vez, desde la creación del Ministerio de Cultura en 1959 de la mano de André Malraux, en que se prefiere subvencionar la demanda y no la oferta. El presupuesto para estos seis meses de experimentación es de 34 millones, aunque el Gobierno confía en que la iniciativa privada ponga de su parte, reduciendo sus precios u ofreciendo algunos servicios de manera gratuita. Según la prensa francesa, la partida necesaria para este pase cultural cuando ataña a todos los jóvenes de 18 años será de 400 millones de euros anuales. El Ejecutivo espera no tener que sufragar más del 80%, según Le Parisien.

De momento, el Gobierno tiene cerrada la participación de 900 socios privados para el periodo de prueba. Casi todos son franceses: colaborarán cadenas como Canal Plus, Orange OCS, Arte o France Télévisions, además de la plataforma de música en streaming Deezer o la empresa de videojuegos Ubisoft. En cambio, ni Google ni Apple ni Netflix figuran entre las entidades colaboradoras, pese a haber sido invitados por el ministerio (el primero admitió haberse reunido con los responsables del pase en una fase preliminar). Audible, líder del audiolibro adquirida por Amazon, es una de las pocas empresas extranjeras que han aceptado participar en la experimentación.

El algoritmo de la aplicación francesa funcionará de manera muy distinta al de los gigantes de Internet: propondrá productos y servicios diametralmente opuestos a los que el consumidor haya escogido previamente, en lugar de insistir en otros parecidos. “Convirtiéndose en prescriptoras, las grandes plataformas digitales se arriesgan a mantener a los usuarios en una reproducción mecánica de sus elecciones”, indica el documento que presenta el proyecto. “El pase cultural tiene la ambición de construir un modelo contrario, que acompañe a los usuarios hacia una ampliación de sus preferencias y gustos”.

Por otra parte, para evitar que esas plataformas acaparen la totalidad del cheque entregado a los jóvenes, el ministerio piensa imponer un tope de 200 euros para los gastos en ofertas digitales. Para la compra de bienes materiales, como libros y DVD, cada usuario podrá gastarse otros 200 euros como máximo. En cambio, no habrá límite para las salidas culturales, como el cine, el teatro, los conciertos o los cursos y talleres comprendidos en la oferta.

Críticas

La gestación del pase cultural ha estado marcada por los retrasos, las críticas y el escepticismo. El exministro de Cultura Jack Lang, artífice de la democratización cultural que la izquierda de Mitterrand llevó a cabo en los ochenta, se ha mostrado “poco convencido”. Tampoco en los departamentos implicados las opiniones parecen unánimes. “Para las clases populares, el problema no es solo financiero. Tiene que haber un trabajo de mediación, de preparación a la obra”, expresó el diputado socialista Stéphane Troussel, representante de la circunscripción de Sena-Saint Denis, en la deprimida banlieue parisina, una de las cinco demarcaciones que participan en la prueba piloto.

También existe la sospecha de que el Gobierno prefiera privilegiar la oferta institucional por encima de formas de cultura más populares y menos elitistas. “No es verdad. Los videojuegos o el hip hop están incluidos. Toda oferta que sea legal estará presente”, asegura un portavoz de Cultura, aunque precisa que los servicios y actividades destacados en la aplicación estarán “editorializados”. “Siempre daremos más visibilidad a un filme de arte y ensayo que a un blockbuster”, admite. Casi 30 años después de imponer la noción de excepción cultural, Francia aspira a situarse de nuevo en la vanguardia de la economía del sector. Aunque parece temprano para saber si este ambicioso lanzamiento, una de las puntas de lanza del proyecto presidencial de Macron, será un triunfo o un fracaso más en su tortuosa primera legislatura en el poder.

TOMADO DE EL PAÍS.

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