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Domingo, 12 de Julio de 2020
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Golpe de tecla: Después de cien días, toca reconstruirse…

Noe Zavaleta  (1 de 1)

Nos ha pasado de todo en Veracruz estos últimos días: Pandemia por el Coronavirus, una masacre en una fiesta en Tierra Blanca, otra más en un hotel en Coatzacoalcos, un terremoto de 7.7 grados que no causó daños, pero que nos puso al borde del infarto. Además, una lluvia torrencial atípica que inundó por completo la capital del estado, aquí ocurrió el día más triste en el sexenio del presidente, durante una protesta de desaparecidos en El Lencero. Y como cereza en el pastel “El Polvo del Sahara” paseándose por la zona conurbada. Cualquier parecido con las siete plagas escritas en la biblia es mera coincidencia.

Pero el viernes pasado, la Secretaría de Salud del Gobierno Federal nos dijo que hemos pasado -benditos algoritmos sanitarios- del Semáforo Rojo, al Semáforo Naranja- tras más de cien días simulando una cuarentena que “cumplimos a medias”, pues se nos ocurrió salir, disparados como “gorda en tobogán” el día del niño, el día de la madre y en menor grado el día del padre. Hoy, el gobierno, organizaciones mundiales de la salud, medios de comunicación y demás “especialistas” -los neoespecialistas y los ya existentes- nos han hablado de una “Nueva Normalidad”.

Esa normalidad que incluye no saludarse de beso, ni de abrazo, evitar los escarceos y acercamientos innecesarios con gente desconocida. Desconfiar de los desconocidos. En conclusión, adiós a la fraternidad y a la cordialidad, tan característica del mexicano, y que habrá de suspenderse, hasta nuevo aviso, sí, hasta que haya una vacuna. Un antídoto al alcance de todos y que nos permita volver a realizar, sí algún día se pudiera, nuestra vida normal.

Mientras tanto habrá que pensar en cosas verdaderamente apremiantes: La reconstrucción de la economía y volver a echar a andar los sectores productivos del país, que parodiando el discurso presidencial, hoy sí, parecen “un elefante reumático”, con tiroides e hipertensión cuya salud, la del elefante y la de la economía es muy agónica.

Durante cien días la sufrieron en serio: los taxistas, los choferes de autobuses, los comerciantes, los tianguistas, los meseros, los vendedores, los que trabajan en plazas comerciales, cines, bares, los prestadores de servicios y todos aquellos que hacen, que en una economía circulante, el ciudadano tenga que moverse y consumir para hacer un circulo perfecto, de lo que se entiende como economía circulante.

Aquellos que reciben salario del gobierno: Municipal, estatal y federal no la padecieron tanto, sus estragos psicológicos y emocionales pasaron más por el hastió y por el encierro; algunos hicieron ejercicio, otros aprendieron un idioma por internet, algunos más, aprendieron que sus mascotas saben comunicarse con ellos. Los menos, decidieron ponerse a estudiar una especialidad o a ponerse a leer.

Quienes tuvieron un salario estable de la iniciativa privada, tiraron bendiciones celestiales, pero también la sufrieron en serio, la “nueva normalidad” los hizo padecer el homme office, sudar las de Caín por no salir y encomendarse al santo patrono de su predilección, plegarías cuando tocaba salir por necesidad, para no contraer el bicho.

La pandemia no ha acabado, se terminó el semáforo rojo, porque el país necesita arrancar. El coronavirus, covid-19, la pandemia del SARS-COV-2 O “nuevo Coronavirus” llegó para quedarse, eso nos han dicho. El semáforo epidemiológico servirá solo para hacer una, como dicen en España “desescalada”, que permita, de forma paulatina arrancar la economía, las instituciones, la impartición de justicia y los sectores productivos; ¿porque no?, también para que la gente vuelva a realizar sus actividades recreativas, escolares, de ejercicio, fisiológicas y hasta sexuales, en aras de evitar terminar vuelto loco y anexado en algún manicomio, en el peor de los casos anexado en Alcohólicos Anónimos.

Pero la economía tardará muchos meses, tal vez un par de años recuperarse, hay de entrada cien días por reponer, he oído de amigos que recurrieron al empeño; de vecinos que hipotecaron el automóvil; de cercanos que empezaron a vender sus bienes más preciados. De deudas adquiridas en la tarjeta de crédito ya con la categoría de impagables. Esa, a partir de ahora será nuestra principal preocupación por atender.

En los daños colaterales, no hay de otra, sí, seguiremos contando casos postivos de Covid-19 hasta alcanzar, de forma optimista, menos de 20 mil casos en Veracruz y sumar -o restar en este caso-, 4 mil fallecimientos.

Contracrónica

La pandemia sí vino como anillo al dedo para algunas dependencias como la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP) quienes hoy sí tendrán todos los pretextos perfectos para justificar porque fue un año de pocas obras y mucha burocracia. Sí el año pasado ejercieron menos de la mitad de su presupuesto, este año, con suerte alcanzaran el 30. El problema, vendrá el año entrante, pues en pleno proceso electoral, el ciudadano no olvida que las elecciones siempre son un plebiscito y una evaluación del gobierno en turno.

Frase de la semana

“Mi intención nunca fue la de callar las voces de mis compañeras y compañeros diputados, sino propiciar que en el Congreso se tengan debates serios, con argumentos sustentados en datos veraces”, el recule de la diputada de Morena, Cristina Alarcón quien justificó así una iniciativa de Ley para prohibir el uso del micrófono al diputado que el pleno considerará “agrediera” a alguna institución o partido político, es decir, en pocas palabras, cancelar el debate.

@zavaleta_noe

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