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Martes, 14 de Agosto de 2018
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Héroes de la vida

936B6B86-A6EC-4485-8064-01415C051D86Mientras cientos de chicos hacían examen de ingreso para la Universidad Veracruzana, sus padres aguardaban nerviosos, dejando atrás días de sacrificios, privaciones, para llegar a este momento de orgullo. Detrás de un joven con ánimos de salir adelante, siempre hay un ángel de la guardia que apoya, empuja e impulsa

Paulino Hernández Arnaba sostiene un periódico a las afueras del campus de la Universidad Veracruzana en Coatzacoalcos.
Oriundo del ejido Popotla, de Moloacán, ha pasado una hora desde que su hija, aspirante a ingresar a la máxima casa de estudios, entró a un salón para presentar el examen de admisión.
Paulino, al igual que docenas de padres y madres, aguarda a las afueras del campus para regresar a casa con su hija, la menor de tres, y a los tres les dio escuela de nivel superior.
El hombre está hecho un manojo de nervios. Esta escena la ha pasado al menos dos ocasiones y sus hijos siempre le cuentan lo duro que es hacer este tipo de pruebas.
De humilde vestimenta, zapatos gastados por el andar en el campo, las manos curtidas por el trabajo duro, relata que a sus 71 años está en el último jalón que debe dar en este ciclo llamado vida.
Y cuando su hija más chica le dijo que quería estudiar en la UV, no dudó en hacer lo necesario para asegurarle la mejor preparación, pagarle cursos y lo necesario para que llegara el día en que aspirara a ingresar a la universidad.
Cuenta que incluso tuvo que echar mano de unos becerros para comerciarlos y tener dinero para las vueltas a que la chica se preparara y sacara la ficha para venir desde el ejido a Coatza a intentar la oportunidad más preciada de un joven que aspira a superarse, si se considera que serán cientos los convocados pero muy pocos quienes logren ocupar un espacio.
Así lo hizo con los dos primeros hijos, quienes ya cursaron estudios superiores, y ahora cuentan con una vida independiente.
Uno, dice, le ayuda con su gasto familiar gracias al empleo que agarró en una empresa que labora en el complejo Pajaritos.
“Por eso mandé a mi hija para acá, a Coatza, a que tome buenos estudios y pueda hacer la carrera”, expuso.
“Soy campesino, tengo mi parcela, también unas vacas, tuve que vender unos becerros para invertir para los estudios, eso es lo más importante en la vida”, explica.
Si su hija queda en la UV, proyecta, va tener que viajar a diario de Coatza a Moloacán.
Pensar en una pensión, con alimentos y recursos para su estancia fuera del hogar, es más caro.
Él, relata, a su avanzada edad, seguirá firme en su tarea de proveer a su hija hasta el último semestre si ingresa a la UV, de lo contrario, buscar alternativas para que no pierda tiempo y siga con su formación.
Paulino Hernández Arnaba es uno de los padres de chicos que intentan cursar carrera en la UV. Se estima que para este ciclo, 41 mil 900 aspirantes presentaron prueba este fin de semana para el curso 2018, sin embargo, únicamente hay 16 mil 396 espacios.
La Universidad Veracruzana, como la mayoría de las instituciones públicas, enfrenta crisis por la falta de espacios y recursos para ampliar su capacidad. Aún así, cada año son más los padres que en distintos puntos del estado, le apuestan al proyecto de la educación superior.

 

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