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Lunes, 17 de Junio de 2019
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Historias de mujeres acosadas en Xalapa #NiUnaMás #NiUnaMenos

GCS_4615Diputados que quisieron llevar a la cama a sus empleadas; jovencitas que fueron acosadas por gaseros al caminar por calles de Xalapa; empleadas que sus jefes les pedían “más” para mantener el trabajo, son las historias de mujeres xalapeñas que han sido víctimas de acoso sexual.

El acoso sexual que sufren las mujeres xalapeñas, va desde el seguimiento de hombres dando piropos en las calles, hasta la petición de tener relaciones sexuales a cambio de mantener el trabajo.

Paola (chica de 29 años que prefirió no revelar su identidad por temor), trabajaba para un diputado de la LXIV Legislatura en el Congreso del Estado de Veracruz, donde pasó de llevarle la prensa a sufrir acoso de su parte.

El miembro de la bancada legislativa de “Juntos por Veracruz”, comenzó con mandarle mensajes en la madrugada a Paola, “primero dando piropos y después, invitando a salir”, dijo.

“Hasta que me mandaron un foto asquerosa, donde él estaba desnudo, obviamente no denuncias por temor, por no perder el trabajo, porque de alguna manera pues los mismos compañeros te señalan, piensan que seguramente tu provocaste”.

Este acoso según lo describe la agraviada, comenzó con abrazos y mensajes, de jefe a empleada, hasta que ascendió a peticiones.

“Todo empezó con un oye ven a mi oficina y me quiso agarrar la mano, diciendo que no pasaba nada, salí de su oficina y me dejó de hablar por un tiempo”.

EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN TAMBIÉN SE SUFRE DE ACOSO

Sofía, conductora de un medio de comunicación, hace cuatro años fue contratada por una empresa para prestar este servicio, en el cual durante un año sufrió acoso sexual por parte de su propio jefe.

“El acoso era constante, siempre con un que bonita, que primero lo veía como un halago normal pero después la mirada, la forma y el tono en que decía los piropos se convirtieron en otra cosa; ya después me decía que cuando tomábamos algo”.

Sofía rechazó constantemente las invitaciones, por lo que poco a poco su jefe fue poniendo “trabas” a su trabajo con la finalidad de perjudicarla e incluso la lllegó a acusar con el dueño del medio de comunicación por supuestamente no hacer su trabajo.

“Cuando me dijo que ya no quería que estuviera ahí, me dijo: `si tu dieras más y accedieras a más cosas podrías quedarte´, refiriéndose a algo más de trabajo”.

La conductora, aceptó la renuncia, no lo denuncié penalmente por miedo, aunque dijo que sí informó a la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP), para que existiera un precedente.

“Pensó que en el momento de decirme que iba a perder mi trabajo yo iba a aceptar”.

ACOSO EN TODOS LOS NIVELES

Sandra Ortega, acudió a la inauguración de la empresa en donde trabajaba, en la que acudieron personas de México de la oficina central, cuando uno de los asistentes sin temor agarró sus nalgas al tomarse una foto con ella.

“Nos estábamos tomando fotos todos los compañeros, uno de los señores de México se paró a lado mío y puso su mano como normalmente la ponemos en el hombro de la otra persona para la foto; casualmente se le resbaló la mano, la bajó por mi espalada y me agarró el trasero, me quedé como paralizada y él como si nada”.

Ella tomó la decisión en el momento de comentarle a su jefa, la cual  muy molesta le dijo que ya había sucedido lo mismo momentos antes con otras dos chicas y ella:

“Mi jefa reportó el caso a México y otras chicas comenzaron a quejarse de ese señor, que casualmente les rozaba las bubis sin querer o cualquier parte del cuerpo”.

ACOSO EN LAS CALLES

A Alma Bordonave le gustaba ir a correr todas las mañanas al parque del DIF Municipal de Xalapa, ubicado por Ruiz Cortines, donde a su parecer era un sitio seguro pues siempre hay guardias de seguridad.

“Un día fui a correr como a las 8 am, y había un sujeto medio extraño que estaba en una de las esquinas, me dio desconfianza y no lo perdí de vista. El tipo parecía que estaba esperando a alguien, por que miraba para todos lados, pero cada vuelta que yo daba, el tipo cambiaba de lugar.

Después de dar como 5 vueltas corriendo me cansé y empecé a caminar y cuando pasé por una zona donde había muchos coches y árboles, ahí estaba el tipo con el pantalón abajo y trató de acercarse a mí y tocando sus parte; del miedo no pude ni gritar y me arranque a correr, me metí a las oficinas del DIF porque se supone que ahí estaba un guardia.

Cuando llegué con él le conté lo que me acaba de pasar, no podía hablar bien del miedo, pero el guardia ni siquiera salió a buscar al tipo, solo me dijo que para la otra llevara mi celular y le llamará a una patrulla”.

Alma solo logró resguardarse en el sitio por unos minutos; sin embargo, se sintió muy impotente al ver que ni quienes deben guardar la seguridad de las oficinas no hicieron nada.

“Me quedé unos minutos adentro de las oficinas en lo que me tranquilizaba y después me fui corriendo a mí casa. Jamás regresé a correr por ahí, de hecho, dejé de correr por el miedo de salir a la calle y algo así me volviera a pasar”.

EMPRESAS NO HACEN NADA POR EVITAR EL ACOSO DE SUS TRABAJADORES

En el 2017, Laura Patricia Cruz Torres caminaba por las calles ubicadas a unos pasos del cuartel de San José, cuando se topó con una pipa de GAS Xalapa estacionado con dos trabajadores, al pasar uno de ellos le dijo piropos subidos de tono, por lo que decidió voltear y al confrontarlo él le respondió:

“Tú que pendeja, a ti ni quien te esté hablando, ni quien te voltee a ver”, seguido de otros calificativos ofensivos como que era una “puta”.

En ese momento, Laura Patricia dice que hubo gente que estaba en donde ocurrieron los hechos que se acercaron al darse cuenta, por lo que ella decidió amenazarlo de que lo iba a reportar.

“Llamé a la gasera di el numero de pipa y me dijeron que no podían ayudarme porque no les di el nombre del agresor. El tipo se escondió cobardemente en la casa donde dejó el gas, entonces a su compañero le pregunté el nombre del tipo que me agredió y no me lo quería dar, por lo que le pase al encargado al teléfono y en ese momento, lo único que recibo fue una disculpa por teléfono”.

DEPENDENCIAS GUBERNAMENTALES NO SE QUEDAN ATRÁS EN EL ACOSO SEXUAL A EMPLEADAS

“Trabajo en una institución de gobierno, justo tenía un par de semanas de haber ingresado a laborar, cuando en una ocasión mi ex jefa me pidió que la apoyara en una situación de la computadora, me levanté de mi escritorio y fui hacia el de ella, pero como no se levantó de la silla pues naturalmente me vi obligada a inclinarme sobe su escritorio de una manera en la que -según ella- expuse mi trasero”, nos cuenta María Karime.

La nutrióloga, señala que en ese momento comenzó a escuchar al compañero de atrás cómo apresuradamente le llamaba a otro para que volteara a ver un dichoso ‘documento'; se hicieron comentarios como: “No, a mi me encantaría trabajar ese documento”, “Que buena vista del documento tienes ahorita”, “Yo no me había dado cuenta que podían llegar documentos tan interesantes aquí”, “A ese archivo lo califico muy bien, amigo”.

“Ese día hablé con mi jefa ya que ella había estado presente, su respuesta fue: ¡Ay mija! Es que tú también como te paraste así. Estabas exponiéndote”.

La agredida se acercó a la subdirectora en turno, quien mandó a llamar a ambos y frente le dijeron que ellos sólo hablaban en verdad de un documento, pero que si esas palabras “100% alusivas al archivo en cuestión” la habían ofendido le pedían una disculpa.

“Algunos compañeros iban a mi lugar a preguntarme qué había pasado; cuando estos tipos supieron que había gente que sabía del caso; uno de ellos se me acercó de una manera súper intimidante a decirme que él tiene hijas y jamás se portaría mal con una mujer, que dejara de contar esa historia que yo desde un principio había mal interpretado”.

Tras el suceso María Karime fue enviada a un curso de equidad de género y cambiada de oficina, pues por su tipo de contratación sólo la dejan moverme de áreas o direcciones y no correrla.

Estos testimonios buscados por Crónica de Xalapa buscan ilustrar que en la capital del Estado, el sector femenino no está exento de agresiones y vejaciones sexuales por parte de su ámbito laboral, educativo y social. La campaña #NiUnaMenos, promovida por la iniciativa privada busca sensibilizar al gobierno, y a la sociedad en general de este abuso que por décadas ha sido silencioso.

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