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Sabado, 26 de Mayo de 2018
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Histórico desfile conjunto de las dos Coreas da inicio a Juegos de la Paz

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La muestra de unidad entre los atletas de la República de Corea y de la República Popular Democrática de Corea fue el tema principal en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno, en la que el presidente del Comité Olímpico destacó el poder único del deporte.

Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano Kim Jong Un y segunda al mando de ese país, cumplió la histórica visita a Corea del Sur, la primera de un jerarca norcoreano desde 1953, y estrechó la mano del presidente sudcoreano Moon Jae-in. Ambos presenciaron un espec-táculo de luces, sonido y danza que comenzó con una exhibición de taekwondo por parte de equipos de las dos Coreas.

Minutos después llegó un momento asombroso por sus implicaciones. Fue posible apreciar al vicepresidente estadunidense Mike Pence, sentado una fila delante de la hermana de Kim en el mismo palco y mirando la apertura de los juegos invernales, cuyo legado principal podría ser el acercamiento entre las dos Coreas que técnicamente se mantienen en guerra.

Bajo una misma bandera

Los deportistas norcoreanos y sudcoreanos desfilaron juntos, agitando banderas que sólo mostraban el territorio de esta península sobre un fondo blanco. En su fantasía unificadora reflejaron el sueño que han tenido muchos coreanos.

Los deportistas de las dos Coreas trabajarán juntos por la victoria, y ello tendrá resonancia y se recordará en los corazones de la gente de todo el mundo como una señal de paz, dijo Moon durante una recepción previa a la ceremonia.

En esa reunión, Moon había saludado al jefe de Estado honorífico de Corea del Norte, Kim Yong Nam, que dirige oficialmente la delegación diplomática norcoreana. En el encuentro, Pence le dio la mano a varios líderes, incluyendo al primer ministro japonés, Shinzo Abe, pero no a Kim Yong Nam.

En la ceremonia, Moon subió al podio que le cedió Thomas Bach para hacer solamente la declaratoria oficial de los Juegos que se desarrollarán hasta el 25 de febrero. Alrededor de 35 mil espectadores llenaron el Estadio Olímpico, construido especialmente para la ceremonia en la región nororiental de Pyeongchang, una de las más pobres y frías de Corea del Sur.

Con una temperatura de tres grados bajo cero, la ceremonia incluyó referencias a la historia y la cultura de Corea, en un fragmento que llevaba el título de La Tierra de la Paz.

Tras un año de amenazas de guerra nuclear y de ensayos atómicos por parte de Corea del Norte, la colaboración entre las dos naciones marca un acercamiento inesperado.

Corea del Norte ha enviado casi 500 personas a Pyeongchang, entre funcionarios, deportistas, artistas y animadores, y en ocasión de estos Juegos acordó con el Sur una serie de gestos reconciliatorios. Bach elogió el desfile conjunto de las Coreas, y agradeció el mensaje poderoso que envían al mundo. Nos ha conmovido este gesto maravilloso. Todos estamos unidos y los apoyamos en su mensaje de paz.

2 mil 900 atletas de 92 países

A Pyeongchang acuden más de 2 mil 900 deportistas de 92 naciones, una de las mayores cifras registradas en la historia de la justa invernal. Es parte del movimiento olímpico, que promueve la inclusión a países sin nieve y sin tradición en estos deportes, que en ocasiones son representados por naturalizados de otros países. En esta edición, 178 atletas defienden banderas ajenas.

México, representado por cuatro esquiadores, tiene entre sus filas a Sarah Schleper, casada con un mexicano, quien compitió los tres olímpicos anteriores por Estados Unidos; Robert Franco, estadunidense de padre mexicano; Rodolfo Dickson, nacido en Puerto Vallarta y adoptado por una pareja canadiense a los tres años, y Germán Madrazo, el único mexicano, quien consiguió la calificación olímpica a los 43 años en el deporte que empezó a practicar hacía poco más de un año.

Madrazo portó la bandera en el desfile en el que su amigo y compañero de aventuras, Pita Taufatoufa, abanderado de Tonga, volvió a asombrar, tal como lo hizo en los Juegos de verano de 2016 en Río de Janeiro, al vestir solamente una falda polinesia mostrando su musculatura con el torso desnudo, ahora a temperaturas gélidas, un desplante que causó un grito de asombro entre el público.

En el clímax de la ceremonia, la campeona olímpica de patinaje artístico Yuna Kim encendió el pebetero. Y un espectáculo pirotécnico cerró una noche en que las dos Coreas fueron una sola.

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