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Lunes, 14 de Octubre de 2019
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La crónica de hoy

ALEJANDRO HERNÁNDEZ

La lucha contra la obesidad, simulada

 

México ocupa el nada honroso primer lugar en obesidad y en consumo de refrescos, con 163 litros per cápita en promedio. Los refrescos están relacionados con el aumento de peso y son un factor de riesgo para padecer obesidad y diabetes. Es decir, somos un país de gordos que siguen comiendo como gordos y cuyo gobierno no hace todo lo que debería para evitarlo.

Si bien es cierto que el impuesto sobre las bebidas azucaradas bajó un poco el consumo de éstas, también es verdad que existen muchísimos otros productos, altos en grasas y azucares, que se venden sin una debida advertencia nutricional y que se consumen en demasía gracias a una engañosa publicidad que, en muchas ocasiones, los hace parecer, ante el consumidor desinformado o con poco criterio, como lo son los niños, como productos nutritivos y no dañinos.

Existe una verdadera malicia dentro de la industria alimentaria, que le pone azúcar hasta a los alimentos salados, esto en forma de fructuosa para mejorarles el sabor y crear adicción, pero sin hacérselo saber a los consumidores, los cuales comerán el producto prácticamente engañados.

En 2013 la Organización Mundial de la Salud emitió una recomendación para que en México se gravaran las bebidas azucaradas con el 20 por ciento, lo cual generaría, además de una disminución drástica en su consumo, recursos suficientes para atender a la población vulnerable que, irónicamente, se encuentra en la más terrible de las pobrezas, la pobreza alimentaria; es decir, mientras millones de mexicanos enferman y mueren por problemas asociados al sobrepeso, millones más lo hacen por problemas de desnutrición. Al final el gravamen apenas fue de un peso por litro de refresco.

En Ecuador el gobierno ha obligado a la industria alimentaria a imprimir un semáforo nutricional en todas las etiquetas de los alimentos procesados, en donde se advierte claramente las cantidades de grasa, azúcar y sal, que estos contienen. Así, un punto rojo significa muy alto en esas substancias, un amarillo medianamente alto y un verde, bajo. Además se especifica con claridad la cantidad en gramos de esas substancias por mililitros de producto, lo que no se hace en México porque las etiquetas son confusas al manejarse en porcentajes de consumo recomendado. Ese semáforo, que ha sido un golpe fatal para la industria de la comida chatarra en ese país, fue duramente cuestionado en ámbitos internacionales por, ¿quiénes creen ustedes, estimados lectores?, ¡exacto!, por nuestras autoridades mexicanas, las cuales expusieron ante la OMS su desacuerdo por el etiquetado ecuatoriano. Se entiende, entonces, que el gobierno mexicano mantiene un doble discurso, porque mientras aquí dicen proteger la salud de los mexicanos, y promete endurecer los controles sobre la comida chatarra, en los ámbitos internacionales hace todo lo contrario, lo cual sólo demuestra que existe una clara presión en contra, quizá traducida en cohechos subterráneos a los funcionarios encargados del ramo, de las medidas que contribuirían a detener esta pandemia de sobrepeso y obesidad que estamos padeciendo.

El sistema de Salud en México está colapsando por los tratamientos a las enfermedades asociadas con estos problemas, sin embargo, el Gobierno, ya se ve, que hace muy poco por solucionar las cosas.

Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com

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